Autor: PUBLIUS. 
   No manipular al Ejército     
 
 ABC.    24/11/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VIERNES. 24 DE NOVIEMBRE DE 1978. PAG. 3.

NO MANIPULAR AL EJERCITO

LA democracia es cuestión de termas. Su virtualidad principal reside, precisamente, en ser un conjunto de

formas para la renovación de los gobernantes mediante la acción pacífica del voto. Por ello, si algo no

puede conculcarse sin desnaturalizar el propio sistema democrático, ese algo son las formas. Y, en este

orden de cosas, la práctica democrática de Occidente ha d e p u rado unos cuantos elementos que

conviene tener presentes. El primero de ellos, y quizá el más importante, es que los ciudadanos de una

democracia no deben Invocar otra pretensión de orden político que la del ejercicio del derecho de voto

para otorgar, o retirar, su confianza a los representantes parlamentarios, o en consultas de lipo directo.

Los protagonistas de la cosa pública deben ser en una democracia, antes que nadie, los ciudadanos, pero

utilizando las "formas» propias de aquélla.

Segundo elemento formal importante en una democracia es que cada institución desarrolle el papel que le

corresponde y ningún otro. Asi, el Parlamento tiene una función legisladora y de control sobre el

Gobierna, pero, en ningún caso tiene, ni debe tener, una función de participación en el Ejecutivo.

Cuando ello ocurre, los tratadistas hablan de «dictadura parlamentarla» en razón, precisamente, de que un

aspecto importante de las «formas democráticas» ha quedado roto. La función genuina del Parlamento se

oscurece, en consecuencia, lanío con coaliciones Gobierno-oposición para compartir la responsabilidad

del Ejecutivo, como participando los parlamentarios de la oposición en órganos de competencia

gubernamental.

La poca experiencia democrática-existente en este país, llamado desde hace siglos España, oscurece la

apreciación de ambos requisitos del buen funcionamiento democrático. Y en esta confusión, las

intenciones antidemocráticas de unos pocos logran confundir a minorías de pacíficos ciudadanos de buena

fe y llevarlos a posiciones invocadoras de las Instituciones para funciones que les son ajenas.

Los incidentes de los últimos días, afortunadamente poco significativos a nivel nacional, en forma de

manifestaciones, «sanjurfadi´lla» y alguna extemporánea declaración, no son síntoma de realidades

graves, pero si de graves carencias de conocimiento de lo que es una democracia.

La Constitución española que se somete a referéndum el día 6 de diciembre asigna unas misiones muy

claras a las Fuerzas Armadas, perfectamente equiparables con las que caracterizan a otros eficientes

Ejércitos del mundo occidental: «Garantizar la soberanía e independencia de España, defender su

integridad territorial y el ordenamiento constitucional.» Y esas misiones son las que las Fuerza* Armadas

de España han asumido de manera impecable durante el- tránsito político que estamos viviendo, siempre

bajo la suprema autoridad de su capitán general y la dirección del ministro de Defensa. Por eso, Publíus

hoy se suma al aplauso cerrado que brindaron al teniente general Gutiérrez Mellado, militar ejemplar, la

mayoría de los oficiales presentes en el «incidente Atares» de Cartagena y la casi totalidad de los

diputados en la sesión del Congreso del último miércoles. Manuel Gutiérrez Mellado es, precisamente,

todo un símbolo de ese correcto actuar del Ejército, un hombre que, desde un Gobierno de partido, hace

una política militar que no es de partido, en defensa de los auténticos intereses generales de la Patria.

Esas altas misiones que establece la Constitución para nuestras Fuerzas Armadas, las dejan, al fin,

limpiamente al abrigo de las cambiantes situaciones políticas y (as dotan de una permanencia institucional

que es garantía de que nuestro país seguirá siendo España y de que no habrá alteraciones revolucionarías

en los órganos del Estado.

Por eso, es ya hora de dejar de manipular, desde un lado o desde otro, a tan importante institución.

Del Ejército debemos hablar todos los españoles, para ver cómo podemos conseguir tener el mejor y más

eficiente que puede alcanzar un país como el nuestro. Las Fuerzas Armadas deben estar en los periódicos,

con sus problemas y posibilidades, para conseguir la respuesta positiva de los contribuyentes a los

requerimientos de recursos que ha de implicar esa eficiencia. Pero el Ejército nunca debe estar en el

debate para equivocadas esperanzas de unos, ni a m e d r e atamientos interesados de otros.

PUBLIUS.

 

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