Autor: Fuentes Gómez, Eduardo. 
 Defensa y Democracia. Fomentar la lectura en las unidades. 
 La prensa en los cuarteles     
 
 Diario 16.    13/01/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

VIII

defensa y democracia

13-enero-79/Diario16

Fomentar la lectura en las unidades

La prensa en los cuarteles

Eduardo Fuentes Gómez

El artículo 20 apartado de la Constitución española reconoce y protege el derecho á recibir libremente

información veraz pot cualquier medio de difusión.

Las Reales Ordenanzas para las FAS en su artículo 180 asegura a sus componentes el derecho a la

posesión y utilización de medios de comunicación social dentro de los recintos militares, siempre que no

hayan sido prohibidos por la autoridad militar. Este derecho se delimita implícitamente en el artículo 183

al prohibir la tolerancia de la divulgación de opciones concretas de partidos o sindicatos

En las Academias Militares

En nuestra opinión, en las Academias Militares se lee muy poco la prensa por dos razones principales.

Una puramente objetiva: el apretado horario de clases, instrucción y estudios con un solo descanso largo

de alrededor de una hora diaria, excepto los sábados y domingos. Hay cierta honrada presunción de «no

quedar tiempo ni para :ver la televisión».

La otra razón es de naturaleza subjetiva: nos referimos al ambiente de «seguridad» que crea la perfecta

regularidad de la vida académica así como el alejamiento de ésta de las actividades de la sociedad. Esto

produce cierto anqúilosarniento de las propias inquietudes hacia otros aspectos de la vida, inclusa de la

vida nacional, cuyo latir diario recogen, con mejor o peor acierto, los periódicos.

Creemos, en fin, que existe otra razón fundamental. Nos referimos a la recientísirna introducción en la

carrera militar de los estudios humanísticos. De no haber estado éstos ausentes, se habría conseguido una

más idónea identificación entre el pueblo y la Institución militar y se habría podido evitar «que muchos

militares se equivocaran en sus juicios sobre la situación y el futuro de España», como señalaba cierto

comentarista militar.

Pues bien, la prensa tiene derecho a formar parte del amplio concepto de las humanidades, ya que son las

primeras «Letras humanas» que se enfrentan a los hechos, recogiéndolos apenas nacidos, cuando todavía

no son historia. No en vano la consideraba Ortega como´«la única fuerza espiritual que por oficio se

ocupa de la actualidad», aunque haciéndola ocupar el último rango en la jerarquía de las realidades

espirituales.

En los cuarteles

Él horario de actividades en un cuartel es menos apretado que el de los actos académicos. El soldado

cuenta, generalmente, con tres o cuatro horas dianas para su solaz. De ahí el interés de los mandos en

proporcionarle los medios necesarios o posibles para que esas horas le resulten atractivas o prácticas,

evitándole caer en un ocio aburrido, inútil o, tal vez, pernicioso. Campos de deportes, bibliotecas, hogares

del soldado, etc., están encaminados a ese fin.

La prensa periódica, creemos, podría ser uno de los medios más eficaces para que el soldado se distrajera

instruyéndose. Muchos soldados río lectores de libros se atreverían, en cambio, con la breve extensión

impresa del periódico. El cual tiene para el lector principiante otra incomparable ventaja sobre el libro:

La de no hablarle de cosas o hechos distantes, sino de lo que está sucediendo, de lo que aún está vivo.

La prensa local le cuenta lo que sucede en la guarnición donde presta su servicio; de lo que pasa en su

pueblo de origen se entera por el periódico regional; de lo que ocurre en todas partes, gracias al diario de

ámbito nacional e internacional.

Por los periódicos sabrá el soldado de la actuación de sus gobernantes y de sus representantes políticos y

sindicales, lo que le permitirá formar, perfeccionar o rectificar su propia opinión sobre cuestiones

trascendentales para su vida. Y, quizá, más adelante sea el propio periódico el que le ayude a dar el salto

definitivo hacia el libro: Se habrá rescatado una víctima del valle de lágrimas de la ignorancia, en el que

pace la bestia negra de la intolerancia.

Los militares profesionales blasonamos con frecuencia de que devolvemos a la sociedad hechos hombres

a los jóvenes inmaduros que aquélla nos entrega. Pues bien, mucho más hombres serán si logramos

aficionarlos a la lectura convirtiéndolos, al menos, en asiduos lectores dé periódicos. Al mismo tiempo se

daría un gran paso en pro de la solidaridad y de la convivencia democrática entre nuestros jóvenes.

No existe el periódico imparcial. Todo periódico tiene alguna determinada tendencia. En última instancia

la tendencia será advertida mediante una lectura comparada. De ahí que no afectaría a la prohibición el

matiz del diario o revista. Sin embargo, sí es conveniente no permitir la entrada en los cuarteles dé

aquellos periódicos editados por los partidos políticos o que ostenten en su cabecera la pertenencia a

colectivos Tácticamente politizados.

Con mayor derecho que los anteriores también debe prohibirse toda clase de prensa que de Una manera

constante, desvergonzada o parcial realice, campañas contra el régimen político, la Constitución, los

Estatutos de autonomía una vez sean aprobados, e| Rey, el Gobierno o las instituciones" nacionales. Y, en

general, la que ataque sistemáticamente todo aquello que las FAS deban obedecer o respetar. Lo contrario

podría dar lugar a la incubación de un estado de indisciplina en los cuarteles.

En cuanto a la persona facultada para dar la orden de prohibición, parece ser la más idónea el ministro de

Defensa por su propia iniciativa o a petición de otras autoridades militares. De esta forma la medida

quedaría reducida al ámbito político, aun en el supuesto de que la prohibición fuese recurrida o debatida

públicamente.

La prohibición arbitraria está fuera de lugar. Prohibir a alguien la lectura o posesión de un periódico por

el simple motivo de no corresponder a las propias ideas es una de las más graves ofensas que pueden

cometerse contra´ la dignidad de la persona.

 

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