Autor: Álvarez Puga, Eduardo. 
   Franco era de izquierdas     
 
 Mundo Diario.    29/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Franco era de izquierdas

por Eduardo ALVAREZ PUGA

Para mí —es una opinión estrictamente personal no existe la menor duda: Francisco Franco

era ideológicamente de izquierdas. De otra manera no se explican muchas y fundamentales

cosas que han sucedido últimamente. Más de una vez se ha puesto de relieve la astucia

gallega del «Caudillo». No es de extrañar, pues, que aunque fuese de izquierda supiera

disimularlo muy bien. También se proclamó siempre como enemigo declarado de la masonería

y un semanario español reveló recientemente que había intentado ingresar en dos ocasiones

en dicha secta. Y se apoyó para llevar a cabo el alzamiento en la oficialidad «africanista» que

era en la zona militar donde mayor extensión tenía la masonería.

Si Franco no fuera de izquierdas —al hombre lo conoceréis por sus frutos— no podía

producirse el fenómeno que ha protagonizado las últimas elecciones en que la mayoría del

país, tras cuarenta años de censura, represión y propaganda unilateral optó claramente por las

fuerzas políticas de izquierda.

Creo que no hubo mayor propaganda en contra un régimen dictatorial de derechas que el

mostrar a todo el mundo unas Cortes capaces de de decir «sí» a todo cuando le echaba el

poder, unos políticos preocupados obsesivamente por perseguir a unos masones que no

aparecían por parte alguna y unos economistas que fueron capaces de derrochar unas divisas

que les regalaba el turismo y los emigrantes condenados a ganarse el pan nuestro de cada día

en suelos extraños.

La estrategia para propagar por las cuatro esquinas del país las ideas izquierdistas llegó a

extremos realmente insospechados y dignos de una astucia realmente maquiavélica. Cuando

un ministro se mostraba excesivamente incompetente en el cargo lo trasladaba a una empresa

pública o semipública para demostrar que su desconocimiento e incapacidad se extendía

también al ámbito empresarial.

Y como traca propagandística final la marea de corrupción que amenazaba con envolvernos a

todos. Nadie tiene la menor duda que del gran iceberg sólo asomó una parte al conocimiento

de la opinión pública, pero fue suficiente. La corrupción, en nuestro país, tiene nombres y

apellidos. De este desprestigio, naturalmente, salieron inmaculados los hombres de izquierdas,

condenados a barrer los patios de nuestras cárceles o a procurarse medios para substituirse

dignamente en el exilio. Contra esta labor constante y eficaz de Franco en favor de la izquierda

no pudo, como es lógico, todo el dinero derrochado por los continuistas

dictatoriales para sacar algo de tajada en las pasadas elecciones.

¿Hay alguien que dude que Franco era de izquierdas?

 

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