Autor: Perinat, Santiago. 
   Organización, clave de la defensa     
 
 Diario 16.    26/05/1979.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

´Día de las Fuerzas Armadas´

Organización, clave de la defensa

Santiago Perinat (Comandante de ingenieros)

En 1940, los aliados occidentales intentaron contener la conquista de Noruega por las tropas de Hitler,

mediante diversos desembarcos en diferentes fiordos, con tropas abigarradas, apresuradamente reunidas.

E1 fracaso fue estrepitoso. Pero cuatro años más tarde, casi las mismas tropas desembarcaron en jas

playas de Normandía, frente a un enemigo aún mejor fortificado, triunfando en una de las operaciones

más brillantes de la historia del arte de la guerra.

Entre ambas - batallas había transcurrido no sólo un tiempo real, limitado, sino más bien el paso de una

época a otra. No fue el valor persona), ni Ja audacia de los combatientes de Normandía, la verdadera

clavé de su triunfo, sino su superior organización respecto a ¡a aventura de 1940.

Una gran organización

Porque las guerras actuales son, como tantos otros campos, un asunto de organización. «Nacemos en

organizaciones; nos educamos en organizaciones; y empleamos la mayor parte de nuestro tiempo dentro

de organizaciones; sea de trabajo, sea de diversiones. Incluso, la mayoría de nosotros muere dentro de

organizaciones; y llegaron del momento del entierro, la mayor organización de todas, el Estado, es quien

debe autorizar tal acto» (A. Etzioni).

Las Fuerzas Armadas constituyen una empresa-gigantesca. La mayor de un país, después (o dentro) del

Estado mismo. En España dependen de las FAS alrededor de 700.000 personas, aunque la mitad sólo por

el tiempo de duración de la «mili». El resto son profesionales, incluidos guardias civiles y policías, y

retirados.

Sólo unos pocos combatientes

Así, ía última situación conflictiva por la que atravesó el país, la crisis del Sahara de 1975, no absorbió a

más de 25 ó 35.000 militares de los tres Ejércitos. Y aun de éstos, a la «marcha verde» la afrontaron «ta

mitad de la mitad». Una situación delicada y de trascendencia histórica, Pero dimensionálmente reducida

si se compara con la puesta en marcha de una.organización como el ISFAS, que intenta proyectar en todo

ei estamento militar (y de Orden Público) los beneficios del «Welfare State».

Lamentablemente, el peso dé la inercia, en instituciones de tan considerable tamaño, suele ser decisorio.

Y es más contradictorio en una rama de actividades que puede presumir, con razón, de ser impulsora de

nuevas tecnologías de vanguardia, y que tiene la obligación de adaptarse a múltiples e inesperadas nuevas

situaciones. El conservadurismo inherente a la profesión militar resalta, aún más, esta especie de

dialéctica.

Cambio continuo

En búsqueda de soluciones, la tradición europea y occidental ha sido situar como ministro de Defensa a

un político del partido gobernante; tal como finalmente ha sucedido en España, rompiendo la anterior

anomalía. Entre las misiones características :del ministro, los teóricos del «management» militar le

asignan la de «asegurar el continuo cambia y adaptación de las FAS, reexaminando permanentemente su

capacidad operativa, con más (argos horizontes que los propios de los mandos militares directos»

(brigadier Downey, «Management in the Armed For-ces»).

No es la única misión característica: asesorar ai Gobierno en asuntos de Defensa, estructurar el

presupuesto militar formular planes defensivos, adquirir armas y equipos para las FAS, etcétera, son

algunas de sus otras misiones.

Pero quizá la más novedosa sea la primera de las mencionadas. Y especial--mente en España. En otros

países, singularmente en los anglosajones, la costumbre de acudir a comités de asesores y científicos

civiles (con inclusión de algunos expertos militares) para ta dirección general de ios asuntos defensivos

tiene ya cierta solera.

Pero en España (no exclusivamente) se cumplen de forma deterninante esas condiciones que están

estudiando amplia y críticamente algunos sociólogos: «El sistema militar es un caso extraordinario de

fusión entre profesión e institución, io que mantiene un circulo cerrado que perpetúa sus propios fines, a

la ve¿ que se resiste a toda idea venida del exterior» (G. Harries Jenkins, «Pro-fessionais in,

Organisatións»).

Romper las barreras de ese «ghetto» profesional, insuflando nuevas ideas y nuevos métodos, aires

renovadores en suma, puede ser la gran misión de los ministros de Defensa civiles de la España

democrática.

 

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