Autor: Perinat, Santiago. 
   Ejército- Orden Público- Policía /2     
 
 El País.    04/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIBUNA LIBRE

Ejército-orden público-policía/2

Los países más democráticos y los más represivos coinciden en emplear tropas regulares para el control

de disturbios, en razón de que sólo una institución bien disciplinada y jerarquizada puede hacer frente a

una multitud.

En Estados Unidos se han realizado estudios e investigaciones de importancia sobre esta materia. Hasta el

puntó que el Congreso de Copenhague de 1976, del Comité de Investigación sobre Fuerzas Armadas y

Sociedad, estuvo dedicado al tema de la intervención de los militares eri función de antidisturbios.

Diferencias claras

Existen, sin embargo, notorias diferencias, de «forma y fondo», entre la actuación de una fuerza de orden

público y el combate de un ejército. De acuerdo con Mandeville, Loubet de Bayle y Picard (Defense

Naüonale, julio 1977), éstas son:

SANTIAGO PERINAT Comandante de Ingenieras

Elite, de ánimo sereno. La actuación dé todos estos últimos, siempre rigurosamente controlada por el jefe

de la fuerza. (Según algunas opiniones emitidas estos días, debe proscribirse el uso de la pistola, arma

insidiosa y ruin, de uso demasiado fácil.)

Los CRS

La proximidad física y social de Francia hace que las experiencias de este país sean particularmente

interesantes para su estudio. Hay paralelismo evidente entre la evolución social y política francesa y entre

el desarrollo de sus fuerzas de orden público y el caso español.

El ejército francés fue un importante grupo de presión bastas 1945. A él le fue encomendado el orden

público. Y para ello creó, en 1830, un cuerpo, la gendarmería móvil.

Ejército

— Ataques frontales y envolventes. Dar al enemigo la impresión de que está acorralado.

— Destrucción del enemigo, de sus medios, de sus acantonamientos, sus abrigos, etcétera.

— Persecución siempre que sea posible.

— Actuación sorpresiva.

— Formaciones dispersas, abiertas, amparándose en el terreno.

— Camuflaje.

— Iniciativa individual de cada combatiente.

— Utilización de toda clase de armas indiscriminadamente.

— Tiro a priori (de armas de fuego)-

Orden público

—.. Dejar amplias posibilidades de huida a los manifestantes. Nunca envolverlos. Nunca empujarlos a

actitudes desesperadas.

— Dispersión de los manifestantes y respeto total a propiedades, domicilios, eícéterS.

— Jamás perseguir a una multitud.

— Actuación ostensible, manifestando el máximo de potencia desde el primer momento.

— Formaciones compactas, codo con codo.

— Ostentación.

— Acción colectiva en el cuadro rígido de la ley.

— Utilización de armas incruentas.

— Tiro sólo en casos muy concretos.

El soldado o policía antidisturbios se ha de asemejar al guerrero antiguo, protegido por casco, escudo y

coraza (chaleco parabalas o ropa guanteada similar a la de los jugadores dé rugby.ámericanos´ para paliar

los golpes recibidos), armados de porras o bastones, avanzando codo a codo, como pudieran. hacerlo los

antiguos castellanos o navarros n la batalla de las Navas de Tolosa.

Esta «mesnada» es complementada y protegida por equipos de tiradores con pelotas de goma, granadas

lacrimógenas, etcétera. En casos extremos, por tiradores de que presenta similitudes con la Guardia Civil:

es un «arma» del ejército, al igual que la infantería o la artillería, y tiene misiones policiales, una de las

cuales es el control de disturbios.

Pero en 1941 el Gobierno de Vichy, limitados sus efectivos por el armisticio impuesto por Hitler,

organizó los GMR (Grupos Móviles de Reserva), unidades policiales civiles encargadas de mantener el

orden público. Después de la liberación, los GMR se transformaron´ en CRS (Compañías Republicanas de

Seguridad), funcionarios civiles con dependencia de la Dirección General de Policía, dentro del

Ministerio del Interior.

Así, pues, el orden público está guardado en Francia por dos instituciones paralelas: una militar, la

gendarmería móvil, y otra civil, los CRS. Con el tiempo, y al requerir la legislación francesa que el

prefecto (o autoridad civil) recabé de la autoridad militar el uso de la gendarmería, las CRS han ido

monopolizando esta función. Y en una relación causa-efecto-causa, de hecho, en la actualidad sería

extraordinario el recurso a la gendarmería. Los CRS, organizados militarmente, pero con estatuto de

funcionarios civiles, y entrenamiento específico antidisturbios, son los nuevos profesionales del orden

público.

Nuevos profesionales

Y es significativo que esta profe-sionalización coincida con las conclusiones dé los sociólogos

americanos en el citado Congreso de Copenhague. En éste, Charles Moskos introducía una metodología

(Peacekeeping: The quest for Professionalism) para definir qué los guardianes de orden público han de

constituir una nueva profesión, distinta de la militar y distinta de la policial.

Serían distintivos de la nueva profesión:

— Una misión específica, que se ha de servir de técnicas también específicas.

— Una instrucción y adiestramiento especial, que en Francia, para los CRS, supone seis a doce meses de

estudios.

— Una ética o sistema de valores diferente del militar, en que el respeto a la legalidad, el autocontrol y la

disciplina del cuerpo ocupen la cúspide.

— Una influencia cada vez más creciente. Mandeville, Loubet y Picard dan cuenta, en demostración de-

esta tesis, que los más aventajados alumnos de Saint-Cyr (academia militar francesa) escogen la

gendarmería como cuerpo.

Conclusiones finales

La lucha contra la subversión es una lucha por la población, nunca contra ella, dice el Manual de

subversión y contrasubversión del Ejército. Y añade que no es competencia exclusiva de las FAS, sino,

más bien éstas son una pequeña parte del esfuerzo total.

Se reconoce, por tanto, a nivel oficial, que el Ejército no debe monopolizar la lucha contra la´ subversión,

de la que es parte el control de disturbios. Sin embargo, las dos instituciones encargadas de ello, la

Guardia Civil y la Policía Armada, son cuerpos militares.

La solución del tipo de la de Francia aparece como la más encomendable en países que se han alejado de

la «militocracia», pero no han alcanzado el equilibrio de las sociedades anglosajonas. Así, parece haber

sido recogido en el ~ proyecto de ley de Policía, que se está debatiendo estos días. Con una tendencia a

que los hoy denominados policías armados, a no muy largo plazo, se conviertan en funcionarios civiles

del Ministerio del Interior* destinando un núcleo importante de ellos, específica y permanentemente, tras

el entrena- . miento adecuado, al mantenimiento del orden público, por ejemplo. En cualquier caso, no

sería malo que los propios policías interesados participaran en las reformas siquiera por la vía de la

encuesta, manifestando sus preferencias, entre otros puntos, sobre su futuro status: civil (funcionario) o

militar (soldado raso).

 

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