Autor: Tusell, Javier. 
   Llamamiento a los demócratas cristianos     
 
 Ya.    24/09/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

LLAMAMIENTO A LOS DEMÓCRATAS CRISTIANOS

EN los últimos días de la presente semana se decide, por quienes son miembros de los grupos políticos

democristianos que gozan de la homologación internacional, cuál va a ser su estrategia y su destino

futuros. Se trata, sin duda, de un acontecimiento importante en la. política española, sobre todo, para

quienes, como el que esto escribe, militaron un día en este sector político.

EL autor de estas lineas siempre se ha definido a ai mismo como demócrata de inspiración cristiana. Si se

me permite la pequeña pedantería de hablar de uno mismo, diré que durante bastante tiempo milité en el

grupo que, hasta su retirada parcial de !a vida política, presidia don José María Gil Robles. Antes que el

señor Suárez llegara al poder (o, mejor dicho, anteg de que, con su actuación, empezara a demostrar que

SUR deseos de transformación del sistema político iban a convertirse en realidad y no en una contradanza

de tolerancia y represión, como en el caso del Gobierno anterior), yo pensaba que era necesario, desde

aquella opción, ofrecer al pueblo español una alternativa a la vez netamente democrática y no menos

diferente de la que apadrinaban los sectores marxistas. Para que la democracia se instaurara en España en

condiciones mínimas de estabilidad era necesario un partido popular, intercíasista y que hiciera de los

principios en que se basa aquélla el verdadero eje de su pensamiento y su actuación. Esa podría haber sido

su misión y no los izquierdismos excesivos o los testimonialismos estériles, contradictorios con la

potencial base electoral de Ja democracia cristiana. Pero para que así fuera resultaba un requisito

imprescindible que se llegara a una unión de todos los sectores que decían inspirarse en un pensamiento

común. Esta unidad era tanto más necesaria cuanto que, a diferencia de lo que sucedió en otros países en

el tránsito de la dictadura a la democracia, en la España de 1977 se estaba haciendo sin traumas y con la

colaboración activa (y aún decisiva) de los demócratas cristianos "colaboracionistas". Este propósito

unitario por desgracia fracasó y la culpa probablemente habría que distribuirla entre todos. En todo caso

la misma incapacidad para la unión imponía la participación en una amplia alianza electoral como la que

formaba el Centro Democrático. Cuando el equipo de la Democracia Cristiana decidio, aun por minoría,

marginarse voluntariamente del Centro, no sólo se suicidó, sino que prestó un flaco servicio a los propios

ideales al dividir un caudal de voto bastante muy parecido, y al atacar, sin utilidad para nadie, a un Centro

que tampoco estuvo muy brillante a la hora da elaborar sus candidaturas, El autor de este artículo pidió

entonces la baja en el partido del señor Gil Robles para ingresar en el que preside don Fernando Alvarez

de Miranda.

Javier TUSELL

* *

(Continúa en pág. si^te.)

Demócratas cristianos

(Viene de la pág. anterior)

AHORA se llega al momento en que los demócratas cristianos se ven abocados a decisión sobre su

futuro. Según parece, las opciones que se presentan son tres: lar primera de ellas consistiría en la

formación de un partido netamente izquierdista, aunque no mar1xista, pero tampoco ya demócrata

cristiano; la segunda sé basaría en mantener la .actual identificación democristiana, estando dispuesta a

pactar eventualmente con el Centro Democrático en el caso de que éste evolucionara en ese sentido y, en

fin, la tercera supondría ei ingreso en el Centro Democrático, para colaborar desde su interior en su

conversión en verdadero partido y, al mismo tiempo, dotarle, en el grado máximo que posible sea, de un

contenido inspirado en el humanismo cristiano.

LA primera de estas opciones de alguna manera ha estado presente ya en la actuación de algunos sectores

pertenecientes al equipo en cuanto que recalcaban en exceso el testimonialismo de una postura, uno de

cuyos objetivos esenciales parecía ser no llegar, en ningún caso, a gobernar. Ahora, después de la derrota

electoral, se pretende solventar todos los problemas por el procedimiento de agravar las causas que la

produjeron. Cuando Santiago Carrillo dijo, después de los comicios, que la DC había sido vencida por su

tono derechista, daba un pésimo consejo indirecto que ahora parece ser seguido por quienes participan de

esta postura. La verdad es que crear una especie de grupúsculo, estilo MAPU, en la política española es,

ante todo, un acontecimiento irre1evante, porque eso no puede significar sino un porcentaje minúsculo

del electorado. Ese grupúsculo estaría, además, destinado a ser un satélite de la izquierda marxista, y más

del PCE que del PSOE. Véase, en consecuencia, cómo el mal consejo de Carrillo para los democristianos

viene a resultar, en cambio, bueno para él mismo.

LA segunda posibilidad parece no tener en cuenta la realidad política del país después de las elecciones

del 15 de junio. Ya, antes de aquella fecha parecía bastante obvia la necesidad de integración en el

Centro; conocidos los resultadog lo parece más aún. Las elecciones inaugurales de un periodo

democrático con figuran casi siempre un sistema de partidos muy difícilmente alterable, por lo que las

expectativas de una democracia cristiana tienden a disminuir. Además, esperar, desde fuera, que una

fuerza política que ha obtenido el 35 por 100 de los votos "se convierta" a lo que significa otra con el 2

pur 100 requiere, cuando menos, una paciencia matusalénica. Uno se pregunta si. entonces, lo que se

perseguirá con esta postura no será sino esperar la catástrofe del Centro: hay quienes como siempre

pensaron que el franquismo se derrumbaría con estrépito consideran inevitable, por muy desmentido que

haya sido por la voluntad del pueblo español, que acabe por producirse un cataclismo. No se dan cuenta

de que si éste se produce en el Centro, beneficiará, a lo sumo, a los socialistas y aun probablemente no

beneficiará a nadie, perjudicando, en cambio, a la democracia. En fin, mantenerse en la misma postura

conduce a la esterilidad en la acción política, a tan sólo ocupar un decreciente número de centímetros

cuadrados en los periódicos y, por supuesto, no recibir, cuando llegue la ocasión, ni siquiera los pocos

votos que el 15 de junio se depositaron en favor de esa versión de la democracia cristiana.

AUNQUE sólo fuera por exclusión la única solución posible parece ser la incorporación al Centro

Democrático, para reforzar en él su compo7 nente democristiano. Pero no • existe sólo este motivo; la

realidad eg que el Centro necesita de estas incorporaciones para, mediante ellas, acabar por ser lo que el

electorado que le ha votado le ha pedido que sea: una opción de democracia, cordura e innovación

plasmada en una organización partidista de • masas y con democracia interna. De esta manera es muy

posible que un dia triunfen esos ideales que, con generosidad y entrega, han defendido los militantes del

antiguo equipo. Hay que ser conscientes que el Centro Democrático no se va a convertir, ni rápidamente

ni sin esfuerzo, en un grupo democristiano; por eso, en mi opinión, no tiene sentido plantear ahora la

cuestión de su homologación internacional. Pero probabelmente es inevitable que con el tiempo se

produzca en el sentido deseado por quienes nos decimos demócrata cristianos, porque asi parecen

indicarlo tanto los que son los miembros de la UCD como lo que significan en Europa, la Internacional

Liberal y la democristiana.

Javier TUSELL

 

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