Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El fascismo rojo     
 
 ABC.    17/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC.

APUNTE POLÍTICO

EL FASCISMO ROJO

Por José María RUIZ GALLARDON

Acabo de leer un impresionante artículo publicado en «Le Monde» con la firma de Mauricio Duverger.

Duyerger, no hay que recordarlo, es un eminente escritor, tratadista de Derecho Público, excelente

columnista y un serio y convencido militante de izquierdas.

Pues bien, ese fino espíritu, hijo legítimo del mejor pensamiento izquierdista francés, ha lanzado una

terrible diatriba, una acusación implacable contra todos los terroristas que, aquí y allá, siembran el odio y

el desasosiego vital en los hombres que constituimos la sociedad contemporánea. Su artículo se titula «El

fascismo rojo». Y en verdad que es acertado. Permítanme mis lectores que, por una vez, haga mías las

consideraciones del profesor francés.

«Comprender y explicar las motivaciones de los terroristas no debe dispensarnos de comprender y

explicar las reacciones que provocan en una sociedad que les rechaza...» «En las democracias pluralistas,

los terroristas no son la vanguardia, en ligazón con las masas, que pueden movilizar tras ellos. Son un

puñado de marginados sin ninguna posibilidad de ser recogidos por un pueblo cuya inmensa mayoría les

rechaza. Su aislamiento crece a medida que crece su violencia. Su objetivo no es provocar una revolución

inmediata. La quieren crear indirectamente, al final de una larga evolución, cuya primera fase consiste en

derribar el régimen liberal...» «Ninguna sociedad desarrollada puede tolerar la extensión de violencias

parecidas a las utilizadas por los terroristas alemanes o italianos.» (¿Y los terroristas españoles,

preguntaría yo?)

Lo cierto es que el panorama que anticipa Duverger no puede ser más macabro. «Predigo —añade— que

un día se resucitará, con fórmulas nuevas, las terribles decisiones de la Convención que permitían, a los

declarados fuera de la ley, ser ejecutados inmediatamente, con el simple requisito de la comprobación de

su identidad. Cuando los terroristas multipliquen los secuestros para obtener la libertad de sus

compañeros encarcelados, nos veremos abocados a ejecutar a cualquier terrorista en el momento de su

detención para romper la cadena...» Y termina: «Quien quiera que acepte anegar a una sociedad en tan

larga y terrible servidumbre, bajo el pretexto de la libertad, no es solamente un cómplice objetivo del

fascismo. Es él mismo un fascista por ese su desprecio del hombre... Y la izquierda debe denunciar el

fascismo de izquierdas con idéntico rigor con que denuncia el fascismo de derechas...» «Los terroristas de

extrema derecha tienen, al menos, la excusa de actuar según su doctrina. Los terroristas de izquierda, no.»

¿A qué esperan —pregunto— aquéllos de nuestros políticos izquierdistas que cierran piadosamente los

ojos ante tanto atentado, tanta sangre vertida, tanta extorsión consumada de que son autores quienes

alardean de inspirarse en el marxismo-leninismo? Esos son, hoy por hoy, los fascistas. Casi diría: los

únicos fascistas.

J. M. R. G.

 

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