Autor: Calvo, Lisardo. 
 Empresarios púbilicos. 
 Incompatibilidades y profesionalización     
 
 Informaciones.    29/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Empresarios públicos

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Incompatibilidades y profesionalización

Por Lisardo CALVO

OBJETIVAMENTE hablando, cualquier comentario sobre la declaración del Gobierno, del día 11 de

julio, sobre todo cuando se refiera a posibles lagunas en la misma, no debe perder de vista que el propio

Gobierno, al final de aquélla, se cura razonablemente en salud, advirtiendo que la ausencia de temas,

consecuencia de las obligadas limitaciones de una declaración, no significa que los mismos estén fuera de

sus preocupaciones.

Admitiendo la lógica de la explicación, no está de más. sin embargo, ir ya comentando algunos de ios

grandes temas aumentes en la declaración programática gubernamental, que en el futuro, con urgenria a

veces, habrá que abordar, especialmente si, además, figuran expuestos eon mayor concreción en rí

programa económico de la U. C. D.. que en gran medida, ba hecho suro el Gobierno.

Este es el caso, por ejemplo, del propósito enunciado escuetamente y de pasada en la declaración de

«alcanzar una delimitación nítida entre los sectores público y privado», que en el punto XII del programa

de la U. C. D. tiene un desarrollo más concreto y clarificado al propugnar «unas normas muy estrictas

sobre incompatibilidades, con el fin de evitar Ja confusión actual entre intereses privados y públicos...»

«...profesionalizar ia administración de las empresas públicas...» «...reforma profunda del I. N. I. que

resuelva los grandes problemas que tiene. planteados debido en gran parte a su politización...».

Nos parece que este es un tema de suma importancia, aunque reconocemos que de no fácil solución, por

los intereses personales que están en juego. Precisamente por ello, hay qup afrontarlo pronto y con

valentía.

Las interferencias, el confusionismo e incluso el choque de interés que en la práctica presentan las

empresas públicas y privadas, no son únicamente consecuencia de la circunstancia objeíira de una falta de

delimitación de campos de actuación entre unas y otras, sino que, muchas veces, tienen su origen en la

circunstancia subjetiva de que el estatuto juridico-personal de los hombres que presiden las empresas

públicas, léase incompatibilidades, no está clarificado o. en el mejor de los .casos. esta "líberalmente"

interpretado.

En nuestra opinión, el hombre que dirige una emprpsa pública, en su más amplia acepción, hay que

imponerle unas incompatibilidades rigurosas. De fondo y de tiempo.

De fondo, porque no es admisible dirigir, por ejemplo, un ente publico y al propio tiempo ser consejero de

un Banco, o de una sociedad privada, situaciones que. antes o después, directa o indirectamente,

voluntaria o involuntariamente, producirán colisiones entre intereses privados y públicos, casi siempre en

perjuicio de estos últimos.

Entendemos por incompatibilidad de tiempo, la exigencia de una aplena dedicación» a la empresa

pública, sí es que vocacional o interesadamente. ,v aceptando todas sus consecuencias, positivas o

negativas, se ha elegido el camino de trabajar en ella. La realidad demuestra que no pocos dirigentes de

empresas públicas hacen compatibles sus actividades en las mismas con otras muy diversas.

El «pluriempleo» de los empresarios públicos, sobre todo tratándose de directivos, es todavía más

perjudicial que el de los propios empleados, pues éstos, at menos y por regla general, no sustraen horas a

su jornada laboral. Con ello, la comunidad sufre las consecuencias de una situación dudosamente ética y a

todas luces injusta.

Este problema está relacionado muy estrechamente con el de la profesión alización de las propias

empresas públicas (llámense Campsa, Tabacalera, Telefónica. Bancos estatales, empresas del I. N. I., y un

largo capitulo de etcéteras), cuya leva de puestos ejecutivos ya ´Va siendo hora de que se «despoliticen

plenamente.

Este vivero de "arrecogidos" ex ministros, es subsecretarios y otros altos cargos, debe acabar, si es que los

hombres de la Unión de Centro Democrático son consecuentes con su programa electoral y desean

sinceramente hacer honor a Jas promesas que hicieron a sus electores. La planificación de la U. C. D.

debe ser completa y clara, con objeto de evitar ofrecer al país una imagen victoriosa y encubierta de

muchos políticos derrotados en las últimas elecciones. Si el Centro, en su afán de equilibrar "posiciones,

les sigue manteniendo en funciones público-empresariales, al margen de lo que se ha prometido y han

sancionado las urnas, el peligro de la reacción inmediata, aprovechando incluso las próximas elecciones

municipales, es evidente.

Porque un presidente ejecutivo o cargo similar, surgido del vivero de ex altos cargos políticos, tiene todos

los inconvenientes para el desarrollo de una buena gestión público-empresarial y ninguna ventaja

positiva. La auténtica actividad empresarial exige «riesgo» y «decision», que. por otra parte, constituye

precisamente la justificación de! beneficio y de la posición del empresario en un sistema de economía de

mercado, incluso socializante.

El empresario político, o a! menos el que por inercia lógicamente continúa adoptando modos políticos de

prudencia y contemporización, frecuentemente impone en sus decisiones un estilo timorato, incompatible

con la dinámica y rentabilidad empresarial. Esta clase de «seudoempresarios» no suele tomar resoluciones

rápidas, si previamente no obtienen seguridades de que las mismas no les van a crear complicaciones,

sobrc todo, si éstas pueden poner en peligro su cómoda situación personal.

Por otra parte, el político es hombre «transitorio» en la empresa, porque en su fuero interno continúa

manteniendo los gusanillos del poder y la política, si es que además no sigue dedicándose a ésta para

agravar más las cosas, lo cual le sitúa, además, ante la «incompatibilidad de tiempo» a que antes nos

referíamos; sus meses de rodaje hasta que se pone al día en los asuntos, impone a éstos un parón, o, al

menos, un desajuste o ralentización en las actividades empresariales; sus deseos de profesionalizarse en

poco tiempo —insistimos que se trata de cargos que normalmente se configuran como ejecutivos—, crea

el natural recelo y desánimo entre los verdaderos expertos del equipo dirigente que probablemente han

necesitado muchos años dentro del organismo o la empresa para especializarse, tienen mucha más

experiencia que el ejecutivo de signo político recién llegado y, por tal razón, difícilmente aceptan y

congenian con esta clase íe «Supermen», a quienes ninguna actividad empresarial se les resiste, sea el

petróleo, la Banca, la minería, la agricultura, el transporte, el turismo, por "citar sólo algún ejemplo: y. en

fin. —y esto no es menos grave—, ante la gran dificultad que supone para el hombre de vocación política

hacerse el «harakiri» de su despolilización, puede ocurrir que en las grandes decisiones empresariales se

enfrenten en ocasiones los criterios políticos, mantenidos por el alto cargo político-ejecutivo (difícil de

sustraerse a la tentación que en él ha constituido durante mucho tiempo su natural medio ambiente), con

Jos criterios operativos y técnicos de los auténticos hombres de empresa, que profesionalmente sienten la

misma como cosa propia.

Todo ello, además de desmoralizar, o al menos testar estímulos al resto del personal, desde el vértice a la

base, es notoriamente perjudicial para lograr la gestión eficaz de unos intereses que, por ser

eminentemente públicos, afectan a toda la sociedad, en nuestro caso a 35 millones de españoles.

En conclusión, si el Gobierno desea hacer buenas sus promesas, tiene que terminar, de una vez por todas,

con la configuración de la empresa pública como asilo de políticos «relevados». Los empresarios públicos

tienen que ser auténticos profesionales.

 

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