Autor: Piris Laespada, Alberto. 
   Reflexiones en torno al día de las fuerzas armadas     
 
 Informaciones.    03/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

REFLEXIONES EN TORNO AL DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

Por Alberto P1RIS (Comandante de Artillería)

CONCLUIDA apenas la primera celebración del Día de las Fuerzas Armadas, puede decirse que se abre

el plazo válido para aportar ideas aplicables a su próxima celebración en 1979.

El decreto publicado el pasado mes de mayo, que estableció el Día de las Fuerzas Armadas, a celebrar el

domingo más próximo al 30 de mayo, festividad de San Femando, indica en su preámbulo: «Los actos

que constituyan su celebración han de contribuir a una cálida y verdadera integración del pueblo español

con sus Ejércitos.»

Estos actos consisten esencialmente en un desfile militar, que cada año se llevará a cabo en una Capitanía

General distinta, así como un acto de homenaje a la Bandera de España, al cual se confiere carácter de

«máxima solemnidad». En las restantes poblaciones se efectuarán actos de carácter cívico-militar en los

días inmediatos, «que coadyuven a un mayor conocimiento de las fuerzas armadas por parte del pueblo».

Todo desfile es tradicionalmente un acto popular que atrae siempre a muchas personas. Para conseguir

esa cálida y verdadera integración aludida en el decreto, es preciso que la mayor parte del trayecto oficial

de las fuerzas cue desfilan, antes de alcanzar el punto de dislocación, sea libremente accesible para la

población. Habría que lograr que todos los que quisiesen presenciar el desfile pudiesen hacerlo con cierta

comodidad, sin aperturas ni largas esperas para conservar el puesto tempranamente ocupado y sin correr

riesgos innecesarios en difíciles equilibrios casi circenses.

En la capital española donde en 1979 se organice el desfile conmemorativo, debería calcularse

generosamente su recorrido y reducir al mínimo imprescindible, exigido por el protocolo inevitable, las

tribunas reservadas a los poseedores de invitación, por fácil que fuese conseguir una. La Prensa de la

mañana podría incluir un informe detallado sobre las unidades que desfilan, con lo que además de cumplir

su tradicional misión de preservar del sol, transformados en gorros de papel, los periódicos locales

servirían de programa de mano al público, siempre curioso por conocer pormenores relativos a todo lo

que pasa ante sus ojos.

No parece conveniente desplazar el homenaje a la Bandera a planos remotos, en un esfuerzo por

conseguir máxima solemnidad, dejando al cuidado exclusivo de la transmisión televisiva el obtener la

«cálida y verdadera integración» del pueblo con sus FF. AA. y sus banderas. La solemnidad no es

siempre incompatible con audiencias multitudinarias y las banderas, arropadas al calor del pueblo al que

pertenecen, no escucharían quizá los exha-bruptos producidos por viscerales, y, al parecer, inevitables,

resentimientos de índole política, más propios a florecer en un ambiente restringido y unilateralmente

elitista que en el olor de la multitud que voluntariamente asiste a una ceremonia por la simple razón de

que ésta le gusta en sí misma y no porque piensa aprovecharla para otros fines

Por último, para «coadyuvar a un mayor conocimiento de tos hienas armailna par parte del pueblo», ¿hay

algo mejor que abrir por naos días nuestros cuarteles? Organicemos en los patios de armas exposiciones

de material militar, dejemos que los muchachos penetren en los carros de combate y otros vehículos, que

hagan girar la manivela que mueve un poderoso cañón, que observen con atención las complejas

herramientas de un taller de campaña, que se sienten en la cabina de un reactor fascinados por su panel de

mandos... ¡Pero sí estaremos además fomentando posibles vocaciones militares! Y no sólo hay que pensar

en la Gente joven, aparentemente más susceptible de sentir el hechizo de lo militar, sino en todos los

ciudadanos, que tienen derecho a conocer los pormenores de nuestras actividades multares; todo eso

puede completarse con exhibiciones en vivo, evoluciones de hombres y material, demostración de sus

posibilidades... todo, en fin, lo que contribuya a lograr un mayor conocimiento de las FF. AA. por parte

del pueblo, incluyendo proyecciones de películas o diapositivas en las salas de proyección de los

cuarteles, abiertas por esos días al público, charlas orientativas con coloquios y cuanto la imaginación

pueda aportar en este sentido .

Todo lo anterior no es nada nuevo en muchos otros países. La política de conocimiento mutuo entre

pueblo y FF. AA. no es únicamente un estrechamiento de lazos con los representantes parlamentarios; ha

de llegar con eficacia, a través de los ctaturones suburbiales, hasta los pueblos más alejados e ignorados,

pues tanto de unos como de otros proceden también los soldados de España»

 

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