Autor: García, Prudencio. 
   Ordenanzas Militares y entorno social     
 
 Informaciones.    10/06/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

10 de junio de 1978

Ordenanzas Militares y entorno social

Por Prudencio GARCÍA (Comandante ingeniero de Armamento y Construcción.)

NOS referíamos en anterior artículo a la primera de las objeciones que en su día pareció suscitar en algún

sector la idea de una revisión y actualización de las Reales Ordenanzas Militares de Carlos III: la de que

una pieza tan valiosa del espíritu castrense y la tradición militar española no debía ser modificada jamás.

Objeción que, a, nuestro juicio, quedó suficientemente refutada desde una perspectiva histórica serena y

desapasionada. Hoy nos proponemos hacerlo desde una perspectiva sociológica, respondiendo a otra de

las objeciones que en su momento se ,apuntaron ante dicha reforma: la de una presunta obsesión del

cambio por el cambio, que, desbordando el marco del cambio político, se hiciera extensiva también,

injustificadamente, a esta famosa y apreciada norma militar.

Pensamos que, en cuanto a esta segunda objeción, la respuesta resulta igualmente obvia desde un punto

de vista sociológico y funcional. Tengamos en cuenta, en primer lugar, que los Ejércitos de mediados del

siglo XVIII, para los que fueron redactadas aquellas Ordenanzas, estaban formados, a nivel de tropa, por

un alto porcentaje de aventureros sin. oficio ni beneficio, entre los que no escaseaban los truhanes,

maleantes y vagabundos, procedentes de levas forzadas.

El nivel de cultura de la tropa era mínimo, cuando no nulo, mientras que, para la oficialidad, el origen

ilustre y la nobleza de sangre desempeñaban un importante papel. Nada de esto es aplicable a los

Ejércitos de nuestro tiempo, cuya tropa acude a filas dotada de un. apreciable y cada vez más alto nivel de

instrucción, y cuya oficialidad se nutre de elementos de la más variada extracción social, dato este —el

origen social— que queda absolutamente diluido frente a otro requerimiento infinitamente más exigente e

ineludible:

El alto grado de formación humana, preparación científica y capacidad técnica que precisa el militar

profesional de hoy.

Como no podía menos de suceder, y ante la presión d.e esta incontestable realidad, nuestras autoridades

militares venían experimentando, ya desde años atrás, la necesidad de una puesta al día de nuestras

venerables O r d e nanzas dieciochescas. Y fue, una vez más, la Marina la que supo anticiparse a abordar

el problema, creando en noviembre de 1973 la llamada Comisión de Ordenanzas Generales de la Armada,

a la que se asignó una exclusiva misión, enunciada en estos términos:

«Revisar y actualizar las Ordenanzas Generales de la Armada de 1793». Algún tiempo después, el

Ejército de Tierra, experimentando idéntica necesidad, creó a su vez la denominada Comisión Revisora

de Normativa sobre Moral Militar, con la misión de redactar una especie de código moral Válido para el

militar de nuestros días. Más tarde, dicha comisión fue completada por la integración en la misma de

representantes del Ejército del Aire y de la Armada. El fruto de su trabajo conjunto fue el llamado

Documento Base de Moral Militar, redactado en 1977, que en sus 36 artículos resume un código ético

castrense, válido para el militar de hoy, sea cual fuere su Ejército y especialidad.

Por añadidura —y con independencia de esta inquietud actualizadora que, como vemos, ya venía

haciéndose sentir dentro de nuestros Ejércitos—, la sociedad española ha protagonizado en estos dos

últimos años importantes cambios cualitativos en cuanto a su entorno social, su contextura política y su

ordenamiento institucional, adoptando por decisión mayoritaria y soberana de su pueblo un sistema

político democrático y pluralista de modelo occidental. Los conceptos básicos de este tipo de sociedad —

humanismo social y cultural, derechos ciudadanos, libertades públicas, consenso mayoritario a través del

veredicto periódico de las urnas—, reflejados en el nuevo texto constitucional, deberán informar y servir

de base obligada a toda la legislación del país.

Por último, en el ámbito exterior, nuestro país ha suscrito una serie de tratados, pactos y convenios: el

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ratificado por España en abril de 1977, así como los

Tratados y Convenios Internacionales de Defensa de los Derechos Humanos, Derecho Bélico y

Humanitario, ratificados asimismo, en diversas fechas, por nuestro país. Normas éstas a cuya observancia

viene obligado todo Estado que las suscribe, y a cuyo contenido debe atenerse toda su legislación vigente,

fundamental y ordinaria, civil y militar, con las únicas limitaciones que estas mismas normas

internacionales prevén para instituciones tan específicas como los Ejércitos, en los que determinados

derechos individuales deben quedar limitados en aras del correcto funcionamiento —intensamente

jerarquizado—>, que por su propia naturaleza «quiere la institución militar.

La consecuencia de cuanto antecede es evidente: esta serie de hechos y realidades forzosamente habían de

reflejarse en la letra y el espíritu de las nuevas Ordenanzas Militares, sin perjuicio de aquel contenido

duradero que, de las antiguas, era preciso salvar y mantener. Y así ha sido: este conjunto de elementos

someramente enumerados —los documentos ya elaborados por la citada Comisión de Ordenanzas

Generales de la Armada, el mencionado Documento Base de Moral Militar, junto con reglamentos y

Estatutos similares de otros países, utilizados como material de consulta, así como los textos de los

pactos, tratados y convenios internacionales antes aludidos, a los que debe atenerse toda nuestra

legislación constitucional y ordinaria—, han sido los materiales básicos sobre los que se ha fundamentado

la redacción de las nuevas Ordenanzas, sin detrimento alguno de aquellos altos valores específicamente

castrenses heredados de las antiguas y cuya vigencia se debía conservar.

Sólo así, con un planteamiento absolutamente inmerso en las realidades sociales, políticas y jurídicas de

nuestro entorno actual, podía lograrse que las nuevas Ordenanzas resultasen tan válidas, tan actuales y tan

entroncadas en la realidad española de nuestro tiempo, como lo fueron las de Carlos III en la España que

las vio nacer dos siglos atrás.

Ordenanzas militares y entorno social

 

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