Autor: Voltre, Antonio. 
   Deberes militares y Constitución     
 
 Informaciones.    20/05/1978.  Página: 1,12. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

DEBERES MILITARES Y CONSTITUCIÓN

Por Antonio VOLTRE

EL servicio militar obligatorio nace prácticamente con el Estado moderno. La guerra y la paz dejan de ser

cuestiones a resolver por el Soberano para convertirse en problemas de Estado, que afectan a todo el

cuerpo social, a través de los impuestos, incorporación a filas, etc. Las guerras del siglo XVIII no pasan

de ser meras escaramuzas si las comparamos con la movilización de hombres y medios que supusieron las

guerras napoleónicas. Basta decir que el continente humano que participó en Waterloo fue de casi

250.000, mientras que las grandes campañas del siglo XVIII se efectuaron con una movilización de

50.000 a 75.000 hombres.

El Ejército, durante el siglo pasado, se convierte en el brazo armado de la nación, eme no sólo debe

defender la integridad física de ésta, sino que debe defender el orden político existente, frente a las

conspiraciones de los residuos del «antiguo régimen». Para cumplir esta doble misión hizo falta ingentes

masas de soldados, que sólo el reclutamiento forzoso podía proveer. Así, en la década de 1830 ya

encontramos varios países en Europa que tienen instituida la obligatoriedad del servicio militar, que,

como es bien sabido, podía eludirse mediante el pago de una cantidad de dinero. El Ejército de masas,

reclutado entre la población civil, reemplaza al Ejército profesional limitado, siendo estimulado por ideas

nacionalistas. Los valores democráticos exigían que todos los hombres asumieran la responsabilidad de

defender la nación.

El proyecto de Constitución, en su artículo 29, dice: «Los ciudadanos tienen obligación de contribuir a la

defensa de España y están sujetos a los deberes militares que fije la ley», «podrá establecerse un servicio

civil para el cumplimiento de ñeñes de interés general». De la primera parte del artículo se desprende un

espíritu de totalidad, pues habla de ciudadanos, sin ningún tipo de discriminación, pero por otro lado el

contenido resulta con un grado de vaguedad tal que deja la puerta abierta a un hipotético Ejército

profesionalizado al cien por cien de sus efectivos. De mantenerse así, la Constitución conferiría al Estado

el derecho a exigir a los ciudadanos su contribución a la defensa nacional, pero tal derecho podría

ejercitarlo o no. Así, una ley orgánica de defensa que desarrollara una progresiva profesionalización de

las fuerzas armadas, no entraría en relación con el artículo mencionado, resultando con ello unas fuerzas

armadas totalmente profesionalizadas, con fines eminentemente disuasorios, y la «totalidad de los

ciudadanos» quedarían como reserva a movilizar en caso de agresión a la integridad territorial o soberanía

nacional. Y es precisamente en este punto donde consideramos desafortunado el texto, por su carga de

ambigüedad.

El tratamiento de esta cuestión en las Constituciones es dispar, y va desde aquellas que obvian el tema

hasta aquellas otras que establecen unos principios taxativos. En este último caso tenemos el artículo 82

de la Constitución italiana: «La defensa de la Patria es un deber sagrado del ciudadano.» «El servicio

militar es obligatorio en los límites y formas establecidos por la ley. Su cumplimiento no perjudica la

posición laboral del ciudadano, ni el ejercicio de los derechos políticos.» En la Constitución de los países

socialistas también se trate, el tema con una fuerte carga de patriotismo en el texto. El art. 62 de la

Constitución de la U.R.S.S. dice: «La defensa de la Patria Socialista es deber sagrado de todo ciudadano

de la U.R.S.S. La traición...», y en el 63: «El servicio militar en las F.A.S. de la U.R.S.S. es un deber de

honor de los ciudadanos soviéticos.» Prácticamente en los mismos términos está redactado el artículo 34

de la Constitución yugoslava. Entre las Constituciones más recientes que abordan el tema, y a nuestro

entender con ejemplaridad, tenemos Que citar la portuguesa, que en su art. 276 dice: «1. La defensa de la

Patria es deber fundamental de todos los portugueses. 2. El servicio militar es obligatorio, en los términos

y por el período que la ley establezca.»

Deberes militares y Constitución

Por lo que respecta al segundo apartado, el mencionado art. 29, pensamos que resulta innecesario, en la

medida que el punto anterior nos remite «a los deberes militares que fije la ley». Esta misma ley deberá

contemplar las excepciones, cíe individuos con limitaciones físicas, que ejerzan el derecho de la objeción

de conciencia, etc., estableciendo, en su caso, los servicios de carácter civil que correspondan. Es muy

probable que los autores han querido introducir una solución para la objeción de conciencia, sin nombrrla

en el texto, que resulta a todas luces innecesaria en la medida que el art. 25 ya reconoce su existencia,

dándole la categoría de un. derecho: «Le reconoce el derecho a la objeción de conciencia.

La ley la regulará con las debidas garantías, imponiendo una prestación social sustitutiva.»

Queremos resaltar el sentido democrático que tiene el vincular a todos los ciudadanos por igual en las

tareas de la defensa nacional, concebiendo ésta como una totalidad Que supera la propia estructura militar

al insertarse en la realidad del país, a través de los sectores industriales, de servicios, investigación, etc.

La labor de las F.A.S. de encuadrar, adiestrar y, en su taso, movilizar a la población no puede

menospreciarse. Y, difícilmente- un Ejército profesional en todos sus efectivos, podría suplirle en su

importante misión. El ciudadano no se olvida tan fácilmente de los conocimientos técnicos adquiridos en

el Ejército, asi como del leguaje y modos peculiares que caracterizan la milicia, y estas enseñanzas son las

que se capitalizarían en una situación de movilización general; por ello sería alentador que la Comisión

que discute el proyecto de Constitución reformara el texto del art. 29 introduciendo el servicio militar con

carácter obligatorio.

 

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