Autor: Perinat, Santiago. 
   La nueva imagen del Ejército     
 
 El País.    28/05/1978.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

POLÍTICA

EL PAÍS, domingo 28 de mayo de 1978

TRIBUNA LIBRE

La nueva imagen del Ejército

SANTIAGO PERINAT Comandante del Ejército

El Dia de las Fuerzas Armadas, instituido hace un año y ahora elevado a su rango definitivo, y que hoy se

celebra, es un acontecimiento importante: es el primer cumpleaños desde que, a nivel de jerarquía,

empezaron a tomarse importantes medidas para desligar el Ejército defensor de la Patria, defensor

también del ordenamiento constitucional, como va a rezar el texto de la Constitución, de aquel otro

Ejército atento, sobre todo, al «orden dentro de ella».

En otro lugar he hecho resumen de la serie de disposiciones tomadas en el año transcurrido, a manera de

«espiral del cambio». Todas ellas están otorgando a las Fuerzas Armadas una nueva imagen. Esta es

absolutamente necesaria; porque los Ejércitos necesitan ganarse el corazoncito de todos los españoles.

Sólo así seremos Pueblo-Ejército o Ejército-Pueblo. Las publico relaciones pueden enmascarar una farsa

en los tiempos que vivimos. El Ejército necesita ir más allá. Es por ello que me atrevo a arriesgar unas

ideas para el nuevo Ejército. Ideas que nadie ha pedido, cierto. Pero ideas que pudieran aumentar la

eficacia del servicio.

Ideas, sobre todo, que pudieran humanizar la milicia. Ideas expuestas atropelladamente; sin método, como

participación en una especie de brain storning sobre las Fuerzas Armadas que incluyera a todos los

implicados, a todos los interesados. Esto es: a todos los españoles.

Ni torpes ni pobres

Yo sugeriría, en primer lugar, generosidad en la legal exigencia del servicio militar. Generosidad como la

mostrada con los soldados y marineros casados y con hijos. Generosidad que comprenda a los torpes y a

los necesitados también.

Para ello las juntas de clasificación y tribunales médicos deberían ser más flexibles. Lo monstruoso del

célebre, y ya desaparecido, «pelotón de los torpes» era la presencia de éstos en filas, no que los oficiales

de entonces los segregaran vergon-zantemente. En los países más avanzados se hila más fino en este

campo. Dos de cada tres aspirantes a soldados en el Ejército británico son rechazados por no alcanzar las

debidas cotas de calificación. ¡Y son deficitarios en personal!

Todos los oficiales con mando directo han sido testigos de situaciones económicas angustiosas en

soldados a su mando. Es fácil verificar, en la reducida sociedad de la compañía (escuadrón o batería) la

realidad de lo que expresa el soldado afectado, no forzosamente casado y con hijos. Los asistentes

sociales serían el valioso auxiliar para impedir fraude alguno.

Las dos medidas anteriores son puro deber de humanidad. No exigen sino ampliación de las normas ya

existentes, y flexibilidad en su aplicación. Otras medidas podrían completarlas conjugando liberalidad y

eficacia. Por ejemplo, haciendo opcional la edad de ingreso en filas: los «mozos» (y espero que esta voz

haya desaparecido del texto de las nuevas Ordenanzas) podrían cumplir el servicio militar, según su

conveniencia, entre los dieciocho y los veinticinco años. Algo parecido se ha establecido en la vecina

Francia.

Deberían gozar de ventajas económicas en sus viajes de fin de semana, como ya es así en los permisos

oficiales. Aún mejor sería que no tuvieran que realizar esta clase de largos viajes. Pero esto es tropezar

con el tema se-mi-tabú del «servicio nacional» vj «servicio regional». El retorno a éste causaría algún

trastorno a Iberia, Renfe y cierto número de propietarios de autobuses. Pero beneficiaría a 250.000

familias españolas, ahorraría considerable combustible (de importación)... Y, frivolidades aparte,

ahorraría vidas humanas: los accidentes de carretera de las noches de los domingos son la principal causa

actual de las bajas absolutas en las Fuerzas Armadas.

Voluntarios y féminas

Un paso del mayor interés, dentro del campó de la mayor eficacia, sería llevar adelante el proyectado

voluntariado de larga duración. Y no exclusivamente masculino. Eludiendo cualquier frivolidad, la

incorporación de mujeres a las Fuerzas Armadas se ha revelado como imprescindible en los países más

desarrollados. En España, con un pie en el tercermundista demográfico, se está aún lejos de esa situación.

Pero la incorporación de muchachas, en otros papeles que el convencional de enfermeras

excepcionalmente condujeron alguna ambulancia en desfiles), como, por ejemplo, las transmisiones,

burocracia de cuarteles generales, mantenimiento de depósitos de Intendencia, etcétera, mejoraría más

que la sola imagen de un nuevo Ejército.

Ejército profesional

Es dentro de este contexto que podrían darse los primeros pasos para el paso verdaderamente

fundamental: la creación de un Ejército profesional. De efectivos reducidos, pero altamente calificados

(en relación con la media del país). Y, desde luego, con una imagen diferente de la de los cuerpos

profesionales actuales. Las experiencias de Dinamarca y Bélgica podrían servir de modelo. Con unos

quince a 20.000 voluntarios se podrían organizar cinco o seis brigadas, full time, para intervención

inmediata en cualquier lugar: Canarias, por ejemplo, con notable economía respecto a los 20.000 millones

de pesetas que se proyecta invertir en una base aeronaval, que más parece electoralista que estratégica.

En otra ocasión trataré de desarrollar este tema, del que la revista Ejército, en su número de abril, publica

un interesante artículo debido al comandante Martínez Inglés.

Y, subsidiariamente, la «mili», el llamado dramáticamente «impuesto de sangre » el pasado siglo,

quedaría reducida a meses, si no semanas, como sostiene el citado comandante.

Permeabilidad informativa

Finalmente, me atrevo a pedir a mis compañeros de armas permeabilidad informativa. No temer la

opinión pública. Sobradamente sabemos que ésta ha deformado, a menudo, nuestras realidades. A veces

con ingenuidad manifiesta, como en el famoso caso de las «cruces negras», tan arraigado en las clases

populares. La idea de que la ropa sucia debe lavarse en casa sólo es aceptable cuando la ropa está muy

sucia o cuando no hay intención de hacer colada. Con limpieza de ánimo y conducta intachable podemos

afrontar la opinión del pueblo. Podemos hacernos querer y desear de él.

 

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