Autor: García, Prudencio. 
   Ejército, democracia y Constitución     
 
 El País.    10/03/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAÍS, viernes 10 de marzo de 1978

TRIBUNA LIBRE

Ejército, democracia y Constitución

PRUDENCIO GARCÍA Comandante del Ejército

Recientemente hemos podido leer un articulo de contenido realmente infrecuente en la prensa civil: el

titulado «El Ejército, Institución» (Ya, 1 l;-2-78), cuyo autor, "Canevia, acreditado comentarista en el

ámbito de la temática militar, proyecta,. sobre nuestro-Ejército un enfoque a la vez respetuoso y

desmitificador que, a nuestro juicio, resulta particularmente necesario en el momento presente, a la hora

de consolidar una sana, realista y entrañable relación Ejército-sociedad, susceptible de beneficiar a ambas

partes por igual.

Comienza Canevia afirmando que, que por el propio bien del Ejército, es" preciso prescindir de aquel

servil adulador concepto tan largamente vigente en los medios políticos y periodísticos del país, y que

podría resumirse en esta frase: «Los militares no se equivocan jamás.» Frase que describe, por sí sola, ese

fenómeno que otro habitual comentarista, Juan de Riaza, llamaba no hace mucho «temor reverencial» al

Ejército por parte del estamento civil

Frente a esta postura dé servilismo y temor reverencial, tan alejada de la verdadera lealtad, Canevia

afirma,. entre otras cosas igualmente sustanciosas: Individual y corporativamente, los militares son

susceptibles de equivocación. (Los subrayados son nuestros.) La verdades que muchos militares se

equivocaron en sus juicios sobre la. situación y el futuro de España. No tenían tomado el pulso a nuestro

pueblo. «Se equivocó individualmente un gran número de militares, como se equivocaron .no pocos

componentes de otras instituciones. La característica de ciertos cuerpos sociales no ha sido precisamente

la visión política de sus miembros.»

Pero el comentarista concreta más aún el fenómeno, al afirmar: «La verdad es que los militares, como los

pueblos, se equivocan muchas veces, Errores colectivos que, vistos con, perspectiva histórica, parecen

increíbles, se apoderan a veces de una generación (nacional o profesional). Con frecuencia, cuanto más,

incomprensibles nos parecen esos errores, más llegaron a convertirse en fanatismo nacional o de clase.

Inteligencias brillantes se ponen al servicio de la fatalidad, ideando argumentos atractivos que fortalecen

el error.»

Lo que ocurre —viene a decirnos, en resumen, Canevia— es que, por mucho que un ejército se equivoque

individual y colectivamente en sus valoraciones políticas, cuando sus miembros están dotados de

cualidades militares tan valiosas como la disciplina y la fidelidad al mando supremo de la nación, en un

grado tan admirable como el que actualmente caracteriza a los profesionales de nuestro Ejército, acaban

prevaleciendo en, él, para bien de la patria, la unidad y la correcta subordinación al cumplimiento de su

deber institucional. Y ello con independencia de las diversas opiniones individuales de. sus miembros.

Partiendo de esta liase, pide Canevia qué nuestro Ejército sea apreciado, valorado y respetado por sus

verdaderas cualidades —esa disciplina y esa lealtad— y no por esa supuesta infalibilidad que algunos le

atribuyen, con tanta frecuencia como escasa justificación.

Dicho de otra forma: hagamos que nuestro Ejército sea valorado por sus verdaderos méritos, pero sin

inventarle, cualidades sobrenaturales que ninguna colectividad humana ha poseído jamás. Hacerlo así

sería mentir, y¡—tal como dice Canevia— «la mentira halagadora genera corrupción». Por último,

concluye en la parte final de su largo artículo: «Es un error reaccionario pensar que a los ejércitos no se

les debe criticar. Lo que no se debe hacer con ellos es crítica destructiva. Esto no lo hace nadie con

sentido común en ningún país. Pero la verdadera crítica, la que ayuda a perfeccionar las instituciones, es

útil y necesaria. Creer que un ejército como el español no la soporta es ofenderle.»

Perdónesenos la reiterada cita, pero creemos que merecía la pena subrayar, incluso enfáticamente, la idea

central del aludido trabajo, tanto por su realismo, validez y plena oportunidad, como por la sólida

apoyatura que proporciona a la tesis que a continuación nos proponemos desarrollar.

Necesaria concordancia Ejército-sociedad

Y ahora pasemos a nuestros propios planteamientos y conclusiones. Una vez admitida —o más bien

resueltamente proclamada— la posibilidad de que los militares, incluso adornados de excelentes

cualidades patrióticas, puedan en determinados períodos históricos equivocarse individual y

colectivamente en sus apreciaciones sobre el futuro político de su pueblo, sobre la capacidad de

autodecisión de éste y sobre las opciones políticas que dicho pueblo iba responsablemente adoptar, una

vez admitida,: decimos y sinceramente asumida esta posibilidad, creemos qué ños incumbe en el

momento actual, como militares profesionales que somos, la obligación de asumir también,: individual y

corporativamente, a plena conciencia, con todas sus consecuencias y superando todas las posibles

reticencia personales, el rumbo político —democrático y pluralista-- que la nación, en el libre ejercicio de

su soberanía, ha decidido adoptar.

Sin embargo pese a. nuestra concordancia con el autor antes citado en su apreciación de que un ejército,

por disciplina y lealtad: a su mando supremo, puede seguir cumpliendo correctamente su deber

institucional por encima —ó en contra, incluso— de las opiniones, convicciones y preferencias personales

de una parte no desdeñable de sus miembros, debemos añadir que, a nuestro juicio, una situación de este

género no puede ni debe prolongarse demasiado tiempo, aunque sólo fuera por la razón que expresamos a

continuación.

Las Fuerzas Armadas de un país —de cualquier país, comunista o capitalista, pluralista o totalitario han

.de, estar corporativamente compenetradas con el tipo de sistema político institucionalizado en sus

sociedades respectivas, y doctrinalmente imbuidas de los valones morales y sociales que lo inspiran.

Es por ello por lo que lo militares profesionales de los países democráticos son educados en el respeto al

pluralismo político y en el rechazo de todo totalitarismo ideológico, así como en la valoración de las

libertades públicas, los derechos ciudadanos y la soberanía popular. Y, de hecho, la exaltación y la

defensa de estos valores pasan a formar parte inseparable de su patriotismo- a través de su formación

cívica y militar, junto con los ingredientes comunes a todo patriotismo, tales como la defensa del

territorio y la soberanía de la nación.

Análogamente, y en perfecto paralelismo, aquellas sociedades regidas por principios totalitarios y no

pluralistas, cual es el caso entre otros— de los regímenes comunistas actualmente vigentes, introducen en

el patriotismo inculcado a sus militares una fuerte formación teórica de carácter dogmático y rígidamente

partidista, exclúyeme de toda otra posible concepción política o social distinta de la vigente en su propia

sociedad. Y la razón que así sea es igualmente obvia: una sociedad regida por un sistema comunista

totalitario necesita de un ejército integrado por una oficialidad de firmes convicciones comunistas, en la

misma medida en que una sociedad pluralista y democrática precisa de unas fuerzas armadas netamente,

partidistas, nutridas por una oficialidad de firmes convicciones democráticas.

En ninguno de los casos, por tanto, se requieren unas fuerzas armadas apolíticas: en ambos casos, por el

contrario, se precisan unas fuerzas armadas con una adecuada formación sociopolitica, con arreglo a las

necesidades de cada uno de los dos mencionados modelos de sociedad. Formación dogmática y

absolutamente partidista para el ejército de una sociedad totalitaria; formación humanista, partidista, y de

pleno respeto al veredicto periódico de las urnas, para el ejército de una sociedad libre y plural.

En otras palabras, cada modelo de sociedad requiere el correspondiente tipo de formación social para sus

ejércitos. Y cuando este requisito no se da, cuando esta concordancia ejército sociedad no existe en grado

suficiente, cuando el ejército no participa de esos principios básicos que inspiran a la sociedad civil que lo

nutre y a la que ha de defender, entonces se produce lo que un sociólogo organicista denominaría una

situación «disfuncional», es decir, una situación en la que un determinado órgano social —en este caso el

ejército— no respondería armónicamente a la función que la sociedad espera de éL produciendo en el

conjunto del cuerpo social una «disfunción» o perturbación funcional susceptible de afectar

negativamente al equilibrio general de aquél. • Precisamente por ello, y en busca de esa necesaria

adecuación, toda sociedad se cuida de introducir, a través de la formación teórica impartida a sus militares

profesionales en materia moral y social, unos determinados conceptos de carácter socio-político: aquellos

principios básicos que inspiran la convivencia de su pueblo, aquellos sobre los que se fundamenta su

organización social; aquellos principios, en una palabra, que informan el contenido de su Constitución.

Conclusión

Precisamente por ser la Constitución la ley fundamental que sirve de base a todo el ordenamiento jurídico

de una sociedad, incluyendo en su texto el .conjunto de principios básicos sobre los que ésta asienta su

convivencia, está claro, que un órgano del Estado tan primordial como es su ejército debe impregnares de

su contenido,, haciéndolo suyo´, asimilándolo y´ respetándolo como correspondí a la más importante ley

promulgada por esa misma sociedad que le entrega sus armas con la misión de defenderla.

Y los principios básicos que pueden considerarse como fundamentales de nuestro anteproyecto

constitucional —aquellos cuyo contenido, según los expertos, no sufrirá sustancial variación en su versión

definitiva— son, esencialmente, los siguientes: rotunda proclamación de la soberanía popular, de las

libertades públicas, de los derechos ciudadanos, y de la democracia plural como fórmula de organización

para nuestra convivencia social. Pues bien: éstos, y no otros, son los ingredientes sociales que nuestras

Fuerzas Armadas, y especialmente quienes formamos parte de sus cuadros permanentes, debemos

incorporar a nuestro patriotismo e inculcar a nuestros futuros profesionales como elemento angular de su

formación, y ello por puro imperativo patriótico, histórico y sociológico, por exigencia de nuestra

sociedad abrumadamente expresada, y por encima de las preferencias personales que cada uno de

nosotros por separado podamos abrigar.

 

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