Autor: RUY LÓPEZ. 
   El travestismo político     
 
 Diario 16.    27/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El travestismo político

Ruy López

Cuando se conocieron los resultados (aún provisionales por obra y gracia del

Ministerio del Interior) de

las elecciones del 15 ´de junio, la opinión pública respiró aliviada en su mayor

parte. Alejados parecían

dos peligros en la mente de todos: por una parte, el tantas veces denostado

"partidismo disgregador", y

por otra, el temor latente en buena parte de la opinión de una victoria

desproporcionada de la derecha que

hubiera retrasado la evolución democrática. En vez de cualquiera de estas dos

situaciones, aparecía un

equilibrio entre una derecha bajo el liderazgo claro de la Unión de Centro y una

izquierda nucleada

esencial y ultramayoritariamente por el Partido Socialista Obrero Español.

Ello hacía prever el que, finalmente, España podría entrar en una vía similar a

la de los países democráticos estables; bien mediante una alternancia en el

poder de las respectivas agrupaciones de izquierda y derecha, bien mediante

soluciones de "salvación nacional" en situaciones realmente comprometidas

en que el interés común se hallase en juego. Concretamente, en pocas ocasiones

ha resultado tan clara la

voluntad del electorado: la Unión de Centro había sido elegida por un electorado

de derecha, rechazando

la alternativa de la Alianza Popular, a fin de llevar a cabo una política de

transición hacia la democracia

en forma claramente conservadora. Por otro lado, el PSOE era elegido como

solución de recambio,

convertido a la vez en acicate para la derecha y en freno para la izquierda más

radical.

Por ello parece que la opinión acogió favorablemente la negativa dada por

ambos grupos políticos a la

propuesta hecha por el secretario general del PCE de un Gobierno de

concentración para paliar la crisis

económica. Debemos indicar de ¡pasada que los autores del presente artículo se

habían pronunciado en

favor de una propuesta similar, ante el confuso panorama económico. Pero los

resultados electorales les

¿hicieron creer —como a muchos otros— que no había lugar a tal solución; la

derecha iba á tratar,

desde el Gobierno, de llevar- a cabo una política de derecha civilizada, y el

PSOE iba a suponer, con toda claridad, la opción de izquierda de recambio. El

país podría así decidir qué era lo que realmente le

interesaba.

Pero las cosas parecen estar yen-do por otros derroteros. La UCD, en lugar de

aceptar su responsabilidad

como tal derecha civilizada, elegida para poner en práctica un programa de este

tipo, ha comenzado, por

boca de sus portavoces, a calificarse de "centro-izquierda" y. a prometer

programas y medidas

socialdemócratas. Y, por otro lado, el PSOE, en lugar de mantener la línea de

oposición y alternativa que

era de esperar, se ha apresurado a ; decir qué el programa del Gobierno "suena

bien", iniciando, al

parecer, una luna de miel con el Poder que la opinión pública no comprende.

Traición al electorado

Los resultados de estos movimientos, si se acentúan, no podrán ser, en nuestra

opinión, peores. El

desplazamiento hacia el centro-izquierda de la política de ha UCD no puede por

menos de representar

una traición a su electorado, con el correspondiente peligro de una fluctuación

de éste hacia la derecha;

es decir, hacia el partido del señor Fraga Iribarne. Además, nadie excluye —ya

se están viéndolas

tensiones dentro de la propia UCD. Así, en lugar de un partido conservador

fuerte, la Unión de Centro

corre el peligro de convertirse en una frágil coalición que en cualquier momento

podrá partirse en mil

pedazos o sufrir una severa derrota en el futuro próximo. La renuncia a la

responsabilidad histórica de

asumir el papel de derecha puede traer como consecuencia que el liderazgo del

conservadurismo pase a

posiciones mucho menos transigentes y mucho más peligrosas para el país y la

incipiente democracia.

Algo similar podría decirse respecto al PSOE, condenado, como todo el socialismo

moderno, a mantener un difícil equilibrio entre radicalismo y entreguismo. Lo

que nunca le van a faltar al PSOE, desde

luego, van a ser críticas desde la izquierda, sobre todo al configurarse como el

partido mayoritariamente apoyado por las clases trabajadoras. Una aproximación

al Centro, cuando ha sido elegido

precisamente como alternativa de gobierno frente al Centro, significa no una

posición responsable, sino

una posición de autoinmolación frente a posiciones más a su izquierda, y podría

significar también una

importante pérdida de fuerza en el electorado.

Seamos realistas: la UCD ha sido elegida para llevar a cabo una política de

derecha. Si se siente , incapaz

de hacerla debe, bien ceder el poder, bien, si la situación es realmente

crítica, proceder a un gobierno de

salvación nacional, Lo que desde luego no debe hacer —no puede hacer si quiere

sobrevivir— es

practicar una política de izquierda y pedir el apoyo de la izquierda a sus

programas desde fuera del

Gobierno.

Es ahora cuando se empiezan a pagar viejos pecados. La presentación de Adolfo

Suárez a las elecciones

ha dado a la derecha una fuerza que no tenía y ha forzado un matrimonio de

conveniencia entre grupos

con escasas afinidades. El futuro de la UCD, y quizá el futuro de la democracia

española, depende de que

ese matrimonio se convierta en una unión duradera con un programa claro y

responsable. La política de

derechas que la hagan las derechas y la política de izquierdas que la hagan las

izquierdas. Todo lo demás

es con-fundir al país y sacrificar con motivos demagógicos la claridad de

opciones en el futuro. Porque,

no nos engañemos: por muy surrealista que sea este país, no es concebible pensar

que la derecha haga

travestismo político y ponga en píe un programa que sólo la izquierda puede

asumir.

 

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