Ni un ejército político ni político en el Ejército     
 
 Ya.    12/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

12-1-78

Ni un Ejército político ni política en el Ejercito

ESTAN recientes las palabra* del Rey con motivo de la Pascua Militar y poco fundamental te puede

añadir a un discurso ejemplar que en su día comentamos, pero el pronunciado por el teniente general

Villaescusa en la inauguración de la Escuela Superior del Ejército, y de manera especial la intervención

del vicepresidente primero del Gobierno y ministro de la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, en

la Comisión de Defensa del Congreso, tienen la suficiente importancia para merecer un comentario.

ACERTADAMENTE ha sintetizado un comentarista su contenido con una frase: un Ejército para la

OTAN, con lo cual se quiere decir mucho más de lo que literalmente se expresa, pues, lleguemos o no a

incorporarnos a la organización citada, lo que se pretende es que España tenga un Ejército plenamente

profesional y que por ello no entre en política, sino que esté directa y exclusivamente al servicio de los

grandes intereses nacionales: que sus soldados sean soldados de España nada más.

No es mucho pedir en compensación, como ha pedido el teniente general Gutiérrez Mellado, que la

política no entre en el Ejército, que el partidismo respete los cuarteles, a cuyo efecto es justo recordar las

declaraciones que no hace mucho hizo el presidente de la Comisión de Defensa, el socialista señor

Múgica, por cuanto significaron el asentimiento de la segunda" fuerza política del país.

El resto de la intervención que hoy comentamos fue una exposición a grandes rasgos del programa de

modernización de un Ejército que, si bien ha conservado incólume su moral ("de una cosa estoy

especialmente orgulloso, dijo el teniente general Gutiérrez Mellado, y es de nuestra disciplina"),

evidentemente necesita una profunda actualización orgánica (la creación del Ministerio de Defensa ha

sido sólo un primer paso), el rejuvenecimiento de sus mandos, la promoción de un voluntariado en

correspondencia con la* elevadas exigencias técnicas de la actual preparación, militar y una renovación

de su material.

No en vano el presupuesto español de las Fuerzas Armadas ha sido durante muchos años uno de los más

bajos de Europa. Desgraciadamente, tan ambicioso plan tropieza con las dificultades económicas que

todos conocemos e imponen la limitación a un programa mínimo y una planificación "cautelosa, por

fases"; pero ya será mucho que, aunque el ritmo no corresponda al que todos desearíamos, se sepa

claramente adonde se va y en ese proceso el Ejército se encuentre asistido por el respeto y la confianza de

la nación.

¿Qué duda cabe de que, con su actitud durante este delicado período de la transición política, el Ejército

se ha ganado ese respeto, que llega hasta ´ fuerzas políticas y sectores que tradicionalmente le eran

hostiles?

Nada tienen que ver anécdotas de cuya deformación sensacionalista se ha dolido el teniente general

Gutiérrez Mellado, creemos que con razón. Por encima de esas anécdotas, la institución militar ha

demostrado un exquisito respeto a la legalidad: el propio de quienes no tienen otra vocación que la de la

armas y carecen de gusto por la política siempre que la política respete tanto lo que e* exigencia de la

cohesión y disciplina militares como aquellos principios supremos que no son patrimonio de partido ni

del Ejército siquiera, porque pertenecen a la nación y como tales deben estar por encima de toda política y

de cualquier posible opción de gobierno.

 

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