Autor: Funes Robert, Manuel. 
   Gobierno de concentración y la economía     
 
 Pueblo.    14/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN Y LA ECONOMÍA

SI la razón última de nuestros males naciese de una radical insolidarldad entre empresarios y trabaja

dores, y un Gobierno de concentración fuese capaz de acabar con tal contraposición, habría que dar por

buena la campaña iniciada en estos días por un diputado muy conocido. Hay razones muy serias para

dudar de que un Gobierno asi formado fuese capaz de lograr el entendimiento, puea la dificultad está en

que pedir «unión», «colaboración», «concienciación de lo grave que es el momento» y demás tópicos, no

sirve para nada sí antes no se resuelve el problema básico, que es la elección de los mejores criterios en

torno a los cuales ha de nacer esa colaboración.

• Si se dan por hallados los mejores criterios, y nos referimos a los del plan de urgencia, ¿saben sus

autores qué es lo que debemos hacer? Tratemos de averiguarla. El empresario ha de aceptar que es bueno

que le suban todos los costes y precios de origen exterior. Que es buenísimo para él que le endurezcan y

nieguen el crédito. Que debe pagar más Impuestos y aceptar la cárcel si no lo hace, asi como ofrecer al

Fisco sus anotaciones contables en los bancos. Y para colaborar, lo que tiene que hacer es invertir sin

dinero, aumentar la producción sin demanda, acudir a una bolsa qu* rechazará todos sus proyectos de

ampliaciones. El obrero deberá aceptar que, oí tener un puesto de trabajo va «en contra de la balanza de

pagos», es bueno para él y para sus hijos acogerse a) desempleo; ha de dar por bueno congelar el salario

cuando el Poder echa sobre su familia el impacto alcista de una devaluación que. teniendo

en cuenta su carácter reiterado y acumulativo, pasa de) 35 por 100 en año y medio. Deberá cifrar aus es

peranzan de trabajar, no en un puesto ordinario conseguido sin estridencias, sino en la posibilidad de que

el alcalde de su pueblo le llame para emplearlo en arreglar las aceras de las calles con la limosna pública

que reciba d« Madrid. Le cabe también esperar a que la deuda pública anunciada por una cantidad

ridicula en relación con la inversión precisa para dar puestos de trabajo a un millón de personas, n

suscriba, se reparta y le toque.

• No es sólo el puesto de trabajo lo que se pone en luego con una política que, por primera vez en cua

renta años, se atrave a enunciar el principio de que la política será de paro y no de pleno empleo si el

empleo daña a la balanza, calificando el posible daño una sola persona. Es también la dignidad que es tn

compatible con vivir del desempleo o con tener empleo gracias a loe planes de emergencia que recuerdan

a vivir de la caridad. ,,

• Pero supongamos que se logra que el empresario y el obrero actúen como irracionales, que eso es lo

que se precisa para aceptar el plan de urgencia. ¿Cuál será el futuro de esa conmovedora colaboración?

Más paro, por haber menos consumo; menos inversión, por hacerse ésta imposible; más crisis, que es lo

que nos ofrecen para salir de ella. Y encima dicen que es el mejor plan o el único posible, que nadie

puede ofrecer algo mejor... Si una cosa es intrínsecamente mala, cualquiera otra puede ser mejor, y en

particular es mejor estarse quieto.

• El Gobierno de concentración, si Incorpora el buen sentido al Gobierno de la economia, servirá de

algo De lo contrario, por ser el último recurso de la democracia e Instituciones nacientes, podrá ser tam

bién el fin de una y de otras.

• Porque la economía no padece por la falta de colaboración de empresarios y obreros con el actual

plan de urgencia, sino porque éste a su inviabllidad. une una incoherencia siendo un cúmulo de

contradicciones a nivel de técnica económica.

Manuel FUNES ROBERT

 

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