Las virtudes militares: el honor     
 
 El País.    22/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

TRIBUNA LIBRE

Las virtudes militares: el honor

LUIS OTERO FERNANDEZ Ex comandante del Ejército

Si algún concepto puede tener significados y alcances diversos, no cabe duda de que éste es el honor.

Tanto por su espacio de aplicación y su valoración, variables con el paso del tiempo o con los grupos

sociales o con las ideologías, como, incluso, por los significados diferentes del propio término honor en el

lenguaje coloquial y en las costumbres, indudablemente, esta teórica virtud ha cubierto los más variados

enunciados: así, por ejemplo, la buena fama personal (merecida o no) o peculiares aspectos sexuales,

como la virginidad de las mujeres En cualquier caso, para gran cantidad de personas, el honor parece

haber tenido un sentido muy claro, casi siempre importante y solemne, y generalmente se referían a él

como un bien codiciado, algo que les era necesario poseer.

No voy, por tanto, a intentar, en la breve extensión de un artículo, definir el honor ni, menos, hacer

literatura sobre él. Sí querría, en cambio, referirme a algunas de sus características, antes de adentrarme

en lo que tal concepto supone entre el llamado acervo de virtudes militares.

Creo que, en realidad, el honor no es una cualidad moral concreta, sino más bien algo exterior, algo que

sólo existe si públicamente se le reconoce, algo en forma de palabras, o de signos, o de costumbres, algo,

en suma, hecho sólo de apariencias y convencional. Y, sin embargo, ¡cuánta gente ha dado la vida o se la

ha quitado a otros en nombre del honor personal, o familiar, o social!

También me parece innegable que es un concepto que siempre ha tenido características claramente

clasistas, sin duda por su primitiva posesión exclusiva a favor de la nobleza feudal, lo que motivó el

deseo de la burguesía de acceder al disfrute de tan etéreo bien, para, a su vez, diferenciarse de clases

inferiores, villanos; siervos o proletarios.

Ciertamente, en gran parte, todo esto es historia pasada, y en la vida cotidiana actual empleamos la

palabra honor casi siempre en frases hechas, sin un contenido profundo: «ser hombre de honor», «hacer

honor a los compromisos», «es para mí un honor», etcétera. Quizá se observa una tendencia a identificar

honor con dignidad humana, con lo que su posesión se podría extender a todas las personas y se

transformaría, de algo externo y difuso, en una valoración interna y real de cosas como la justicia, la

libertad, la tolerancia, el respeto, etcétera. Para mí, desde luego, sería el único significado lógico de tan

sonora palabra.

Sin embargo, centrando la cuestión en el aspecto que da título a este artículo, el honor como virtud

militar, creo que aquella interpretación está muy lejos de la que se le da actualmente en nuestras

instituciones castrenses. Y para afirmar esto tenemos puntos muy concretos de referencia, en primer

lugar, sin duda, el uso abundante y profuso, pero además bastante retórico, de la palabra honor en

alocuciones, escritos, símbolos e incluso el lenguaje ordinario militar. Mas, también, y de forma muy

precisa, en el valor jurídico que adquiere en el Código de Justicia Militar, a través de los llamados delitos

contra el honor militar (tipificados en el Título XI), y de la existencia de los Tribunales de Honor (cuyas

normas se desarrollan en el artículo 1.025 y siguientes).

¿Cuáles son los delitos contra el honor militar? Un conjunto heterogéneo de acciones u omisiones, que

abarcan la cobardía frente al enemigo, la negligencia, la imprudencia, el sabotaje, el soborno, la

homosexualidad, las falsas enfermedades para eludir el cumplimiento del deber, el quebrantamiento de

secretos, etcétera. Como se puede observar, la mayor parte de estas cuestiones, muchas veces castigadas

de forma parecida, pero con otro nombre, en el mismo Código, se podrían definir con más propiedad

como delitos contra el cumplimiento del deber profesional, so pena que todos los delitos comprendidos en

el Código se consideraran contra el honor militar.

Cabría destacar como delito diferente la homosexualidad, pero seguramente para eliminarlo del código

castrense. Efectivamente, hay que tener en cuenta que su tipificación actual es simplemente en virtud de

tener tal condición o inclinación sexual, sin necesidad de que haya mediado escándalo público o actos

concretos. Parece claro que la homosexualidad, como la hete-rosexualidad, constituirán un problema o

hecho delictivo en el ejército o en cualquier institución, o en la sociedad en general, solo si revisten

caracteres de forzamiento físico o moral, o de desprecio de las personas o de su intimidad, o de abandono

de obligaciones, pero no es tan evidente que la vida privada de nadie pueda estar mediatizada por su

profesión, sea ésta la que fuera, y, en todo caso, la tipificación de esos delitos correspondería al código

civil y no al militar.

El análisis de los Tribunales de Honor resulta todavía más esclarecedor de que, pese a que en ellos no se

define en absoluto qué es el honor, éste sirve de instrumento vago, intangible, pero inexorable, para que

una institución pueda, en cualquier momento, segregar de sí a determinados elementos. En concreto, a

aquellos que, sin haber necesariamente cometido un acto delictivo, hayan, no obstan te, realizado «un acto

contrario a su honor o dignidad, u observen una conducta deshonrosa para sí, para el Arma o Cuerpo a

que pertenezcan o para los Ejércitos...».

Con unas características peculiares, entre las que destacan: aplicación exclusiva de tales procedimientos

a generales, jefes y oficiales, lo que evidencia que no se considera como sujetos de honor a suboficiales y

clases de tropa; composición de los tribunales exclusivamente a base de compañeros de clase y grado del

inculpado, sin títulos ni formación jurídica alguna; ausencia total de tipificación u orientación en el

Código, respecto a qué hechos o circunstancias constituyen materia de sanción para un Tribunal de

Honor; simplemente se dice que sus miembros «... deliberarán sobre los hechos o conducta... y los

calificarán con arreglo a su conciencia, declarando si son o no deshonrosos y proponiendo en caso

afirmativo la separación del servicio del inculpado», fallo, por cierto, que es inapelable. No parece preciso

hacer comentarios sobre el carácter clasista y arcaico de tal concepción del honor, que sólo se puede

justificar como residuo de otra época y otra sociedad. Por ello parece preocupante y extraño que, pocos

días antes de escribir estas líneas, la comisión constitucional del Congreso haya introducido un nuevo

artículo en la Constitución para suprimir los Tribunales de Honor en la administración civil y

organizaciones profesionales, pero no en las Fuerzas Armadas

¿Por qué? ¿Acaso también para nuestros actuales parlamentarios el honor y la justicia son cosas diferentes

en militares que en los restantes ciudadanos?

Esperemos que tales criterios se rectifiquen a tiempo y tengamos una Constitución primero, y unas leyes y

códigos después, basados en principios jurídicos y en valores iguales para todas las personas.

Pero, sobre todo, esperemos que todos, sociedad y ejército, sepamos abandonar criterios de valoración

aparentemente sublimes, pero discriminadores e injustos en la realidad. Junio de 1978.

 

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