Autor: Silva Vidal, Miguel. 
   Las Ordenanzas Militares en el Parlamento: un hecho histórico     
 
 El País.    25/06/1978.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

POLÍTICA

EL PAÍS, domingo 25 de junio de 1978

TRIBUNA LIBRE

Las Ordenanzas Militares en el Parlamento: un hecho histórico

MIGUELSILVA VIDAL

Capitán de Ingeniero

El envío a las Cortes, por resolución del Consejo de Ministros, del proyecto de ley de Reales Ordenan/as

para las Fuerzas Armadas, representa, con independencia del contenido concreto de so articulado, un

hecho histórico que debe ser convenientemente destacado. Estamos tan acostumbrado* a declaraciones de

principios que luego no se traducen en realizaciones práctica, que produce gran satisfacción el observar

como en este caso la idea tan repetida de que las Fuerza Armadas habían asumido claramente el proceso

de cambio que vive la sociedad española, empieza a plasmarse en hechos concretos. en mi opinión, más

significativos que mil declaraciones.

Muy oportunas han sido en cs-tm ultimen años las efectuadas por aquello», mandos militares que han

tenido la enorme responsabilidad de conducir a las Fuerzas Armadas por el revuelto mar de la transición.

La serenidad del juicio histórico permitirá situar en el alio lugar que corresponde su responsable labor de

apoyo a la consolidación del sistema político que el pueblo español deseaba para regular su convivencia.

Pero mucho más importante es comprobar cómo en la actualidad el espíritu de esas declaraciones se va

convirtiendo en realidades tangibles.

Y me gustaría que esta idea fuera admitida en sus términos reales y no tomada como exageración. Quizá

una lectura rápida y no meditada del texto Je las nuevas ordenanzas pueda producir un cieno desencanto

en aquellos que se encuentran alejados de la realidad de las Fuerzas Armadas. F,n cierta medida ello es

lógico, ya que lo más importante de la reforma de ias ordenanzas será su incidencia en la vida interna de

las unidades mili-Lares, pero, en otro aspecto, la remisión de este proyecto de ley a las Cortes es muy

significativa, ya que las Fuerzas Armadas someten aquello que define lo más íntimo de su ser. la regla

moral de la institución, a la consideración de los representantes del pueblo, único depositario de la

soberanía nacional.

Esta decisión, que para un profano puede carecer de importancia, es para cualquier apasionado del tema

un momento digno de vivirse. Estamos acostumbrados los militares profesionales a ser interrogados

constantemente en conversaciones privadas sobre nuestra opinión respecto al ingreso en la OTAN, cuál

sería nuestra reacción personal ante un posible Gobierno de izquierdas. sí es mejor un ejército profesional

o no, etcétera. Yo siempre he contestado que. como militar, mi respuesta era clarísima: debemos defender

la postura que haya sido expresada democráticamente por los españoles; en todo caso, como ciudadanos

normales, por supuesto, que tendremos una opinión formada, que se manifestará, de alguna manera,

mediante el voto individual a aquel partido o coalición que cada uno elija por sintonizar mejor con sus

ideas, sin quc´csta postura nos impida trabajar y aportar tas soluciones técnicas que. como conocedores de

alguna de las materias, nos sean solicitadas a través de la cadena de mando militar.

Decidirán las Cortes

Ante esta respuesta, suelo observar en mis interlocutores una cierta reacción escéptica, como si lo que yo

dijera fuera fruto de mi imaginación, pero sin ninguna base real, ya que «todos sabemos que aquí lo único

que se hará es aquello que emane de la voluntad de los famosos poderes fácticos». Yo me alegro de

disponer en estos momentos de un ejemplo claro, la consideración por las Cortes del proyecto de ley de

las ordenanzas militares, que demuestra la falsedad de esta afirmación.

Una comisión militar ha redactado un primer borrador de nuevas ordenanzas que fue sometido a la

consideración de la Junta de Jefes de Estado Mayor y de los Consejos Superiores de los tres Ejércitos,

para, a continuación, elevado al ministro de Defensa, y previa deliberación del Consejo de Ministros, ser

remitido a las Cortes. Serán, pues, diputados y senadores los que fijen en definitiva los principios éticos y

morales que deben informar la vida del militar, tarea que. sin duda alguna, les corresponde, ya que es

tanto como fijar los que deben animar a cualquier ciudadano cuando. llegado el caso límite, tenga que

intervenir en la defensa militar de su patria.

Y en contra de esta postura, no creo que tenga ninguna fuerza la de particularizar el código ético sólo para

los profesionales militares; sería tanto como institucional/ar la teoría de que la defensa militar de España

es sólo problema de los cuadro» permanentes del Ejército, y esto me parece inadmisible. La conducta

ética del militar sus obligaciones. sus relaciones jerárquicas, su sentido d la disciplina, son cuestiones que

a lodos afectan y que deben ser tratadas responsablemente en el Parlamento. No olvidemos que ya la

Constitución de Cádiz señalaba en su articulo 359:

«Establecerán las Cortes por medio de las rcspcclr.ds ordenanzas todo lo relativo a la disciplina, orden de

ascensos, sueldos, administración y cuanto corresponda a la buena constitución del Ejército y Armada.»

Todo lo expresado no quiere decir que los que pertenecemos al estamento profesional de los Ejércitos

debamos permanecer al margen; al contrario, tenemos la obligación de aportar toda nuestra colaboración

en la búsqueda de mejoras y soluciones a nuestros numerosos problemas, elaborando anteproyectos,

asesorando técnicamente cuando sea preciso, actuando dentro del campo de decisiones puramente

militares, con ánimo esforzado para ir mejorando la eficacia de nuestras Fuerzas Armadas, pero sin anular

en absoluto la labor que corresponde a los parlamentarios, que tienen que hacerse responsables de su

función en este tema.

Ejército y democracia

Actuaciones de este tipo son las que permitirán ir creando esc clima real de confianza en las instituciones

democráticas y el engarce perfecto de nuestras Fuerzas Armadas, con ellas. Creo que estas ideas

compartidas por tantísimos españoles es bueno que se expresen públicamente por un militar profesional.

Temo que se haya desvirtuado en muchos momentos la idea de la neutralidad política del militar con un

claro sentido aparlidista. confundiéndola con la ignorancia o negación política. No puedo entender cómo

a un militar, ciudadano que además de las obligaciones generales, tiene la suprema de defender a la patria

en un momento critico, no se le exige una profunda formación y actitud poli ticas que le haga ver claro

que de la abstracción de la idea de patria, debe pasar a la concreción de qué valores son los que tiene que

defender, entre los que. lógicamente, están la independencia e integridad territorial de España y ef orden

constitucional.

El corolario lógico es que el militar debe ser un apasionado conocedor de nuestra ley fundamental, de la

que debe extraer sus principios esenciales y hacerlos propios; en caso contrario difícilmente podrá

defender colectivamente un ordenamiento básico que considere ajeno o no vital. Y, por supuesto, que

creer en esos principios y manifestarlo es una afirmación política, pero que no sólo no es censurable en un

militar, sino que hay que eximírsela a todos.

En este mismo orden de ideas, no quiero terminar sin destacar la gran importancia que tiene dar al militar

la formación adecuada en estos temas. Hay que especificarle claramente desde el soldado y el cadete al

concurrente a un curso del más alto nivel de cualquier centro de enseñanza militar,que si bien es cierto

que hay valores permanentes e inalterables que son compartidos por ejércitos al servicio de sistemas

políticos e ideológicos muy dispares, lodos ellos son imprescindibles para conseguir la eficacia «técnica»

de los Ejércitos, pero ésta se subordina a unos ideales más altos, que pueden variar de unos Estados a

otros. Si importante es formar a los militares en los aspectos más específicos para conseguir el buen

funcionamiento de las Fuerzas Armadas, tan fundamental será que conozcan y amen los valores

esenciales que garantizan, cuestión que debe encontrarse perfectamente definida en la Constitución.

Este texto debe convertirse, por tanto, en unión de las ordenanzas, en los dos pilares básicos de la

formación moral militar.

Esta línea de actuación, destacando la dependencia «constitucional» de las Fuerzas Armadas, entiendo

que es la que debe marcar la «democratización» de nuestra institución militar. Por el contrario, aquellos

que preconizan la desaparición de la disciplina y del orden jerárquico castrense, el establecimiento de

autoridades paralelas, la representatividad asamblearia. la discusión o negación de la decisión firme del

jefe, opino que lo único que pretenden con mayor o menor grado de ingenuidad es destruir la eficacia de

los Ejércitos, planteamiento que estoy convencido no compartirán la mayoría de los españoles.

 

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