Mensaje del Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar. 
 Un militar y un Ejército sin disciplina no pueden salvarse     
 
 ABC.    07/01/1979.  Página: 1,4-6. Páginas: 4. Párrafos: 66. 

MADRID, DOMINGO 7 DE ENERO DE 1979 - NÚM. 22.698 VEINTICINCO PESETAS

ABC

SIN SUPLEMENTO COLOR: 20 PESETAS

DOMICILIO SOCIAL

SERRANO, 61 - MADRID DEPOSITO LEGAL M -13 -1958 -104 PÁGS.

MENSAJE DEL REY A LAS FUERZAS ARMADAS EN LA PASCUA MILITAR

"UN MILITAR V UN EMITO SU DISCIPLINA NO PUEDEN SALVARSE

«Servid todos al pueblo enterrando las opiniones políticas personales»

«Agradezco vuestra comprensión y patriotismo en el proceso político»

COMO jefe supremo de las Fuerzas Armadas, mi deseó es que todos sirváis al pueblo, con el supremo

objetivo de lograr la seguridad de la patria, enterrando las opiniones políticas personales», señaló ayer Su

Majestad el Rey en el discurso pronunciado ante el Gobierno, representaciones de los tres Ejércitos y

Fuerzas de Orden Público, Parlamento y otras autoridades, con motivo de la recepción celebrada en el

Palacio Real para conmemorar la Pascua Militar. En su mensaje a las Fuerzas Armadas Don Juan Carlos

abordó ampliamente el tema de la disciplina militar señalando que un militar y un ejército que pierden la

disciplina no pueden salvarse y que la indisciplina y la actitud irrespetuosa de los militares es un

espectáculo bochornoso.

Durante toda la mañana fuertes medidas de seguridad impidieron el acercamiento y concentración de

personas en torno al Palacio Real. Varios centenares de miembros de la Policía Armada y Municipal

acordonaron la zona alrededor de toda la plaza de Oriente desde la de España, Opera y calle Mayor.

El Rey y la Reina llegaron al Patio de Armas del Palacio a las once de la mañana. Don Juan Carlos lucia

uniforme de gala de capitán general y la Reina traje largo de color verde claro. Llegaron en coche

cubierto. Nada más descender del mismo, fue Interpretado e) himno nacional y a continuación el Rey,

acompañado del jefe de su Cuarto Militar, revistó al Regimiento de la Guardia Real, con el escuadrón de

Lanceros y una batería de Artillería que le rindió honores.

Inmediatamente después los Reyes se dirigieron a la cámara oficial del Palacio Real en la que fueron

cumplimentados por el Gobierno de la nación, presidentes del Congreso de los Diputados y Senado,

Tribunal Supremo de Justicia, Diputación Permanente y Consejos de la Grandeza de España y Patrimonio

Nacional ´

COMISIONES

Acto seguido tuvo lugar fa recepción militar, a la que asistieron el presidente del Gobierno, Adolfo

Suárez; vicepresidente primero y ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, Gabinete en

Pleno y las siguientes Comisiones:

• Alto Estado Mayor, presidida por eJ presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, teniente

general de Aviación, Ignacio Alfaro Arregui.

• Ejército de Tierra, presidida por el general Jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Tomás

de Uniera y Pidal.

. Armada, presidida por el almirante Jefe de! Estado Mayor de la Armada, almirante Luis Arévalo

Pelluz.

• Ejército del Aire, presidida por el general jefe del Estado Mayor del Aire, teniente general Emiliano

José Alfaro Arregui.

• Consejo Supremo de Justicia Militar, presidida por é´ general consejero togado Ricardo Muñoz

Gascón.

Discurso de Gutiérrez Mellado

Seguidamente, el vicepresidente del Gobierno y ministro para la Defensa, teniente general Manuel

Gutiérrez Mellado, pronunció el siguiente discurso, que a continuación reproducimos íntegro:

«Una vez más nos habéis convocado en esta fecha tan señalada y tradicional para las Fuerzas Armadas la

Pascua Militar—, y una vez más las Fuerzas Armadas se sienten honradas y orgullosas de estar en vuestra

presencia.

Pero hoy, señor, cobra singular trascendencia este día para los Ejércitos, pues el «enterado» que ya os

dieron, en su día, a vuestras directivas y mensajes de paz, convivencia y respeto mutuo, pueden deciros,

ahora, que han cumplido con su deber, y lo seguirán cumpliendo, a pesar de que algunos vayan contra esa

paz que vos propugnáis y anhela fervientemente la inmensa mayoría del pueblo español. Estamos seguros

de que el fanatismo y la violencia no prosperarán contra la voluntad decidida de aquél.

RECHAZAR LAS PRESIONES CRIMINALES

En esta nueva andadura que ha emprendido España, a través de un proceso singular en ra historia, proceso

apoyado en la legalidad que ha evitado situaciones de vacío de Estado, los Ejércitos han obedecido

vuestros mandatos con toda fidelidad y disciplina, aunque tremendamente doloridos cuando la barbarie de

unos asesinos ha hecho víctimas en sus filas, entre las fuerzas de Orden Público o entre ciudadanos que

sólo tenían la culpa de ser españoles y patriotas.

Tremendamente doloridos, señor, aún más si ca.be en estos días, pero sin tener duda alguna respecto a

nuestro deber de mantenernos firmes en la línea tajante marcada en.su día, por la Junta de jefes de Estado

Mayor, convencidos de que la defensa de nuestra propia convivencia —que es la de España entera, no lo

olvidemos— depende de nuestro temple sereno, que nos permitirá ser capaces, en cada momento, de

rechazar adecuadamente todas las presiones criminales.

Este es el verdadero camino, y no el de algunas inadmisibles, aunque excepcionales, actitudes, que con

carácter minoritario o individual se han producido, unas, como consecuencia de hechos execrables, otras,

dejándose llevar de estados emocionales, que en ningún caso pueden ser admitidas en un militar; o, por

otras causaa, absolutamente injustificables, lo que confirma esa disciplina que antes señalábamos y que

durante este tiempo ha sido una constante de la institución militar.

Así se es Ejército; lo contrario seria otra cosa, pero no Ejército.

Durante el año que acaba de finalizar. Importantes proyectos relacionados con las Fuerzas Armadas se

han convertido ya en realidad. De ellos, dos con rango de ley aprobados ya por las Cortes, sobresalen ya

del conjunto, y es conveniente destacarlos, pues encierran, significativos y altos valores de singular

importancia para los Ejércitos.

Una de las disposiciones es la ley «por la que se resalan las funciones de distintos órganos superiores del

Estado en relación con la defensa nacional». Esta disposición, del más alto rango, establece,

definitivamente, algo tan importante como el concepto de que la defensa nacional es patrimonio y labor

de todos los españoles, aunque a las Fuerzas Armadas —por relegación expresa d«I pueblo español— les

corresponda el principal protagonismo.

Esta responsabilidad que adquieren las Fuerzas Armadas como protagonistas principales de la defensa

nacional, así como las que se asignan a la Junta de jefes de Estado Mayor, merecen ser subrayadas.

Los Ejércitos se hallan, respecto a otras Instituciones del Estado, en una situación especial, consecuencia

de las misiones encomendadas a los mismos. Esta situación especial comporta, por otra parte, el

privilegio legal —concedido por el resto de los ciudadanos— del uso de la fuerza; pero, recordemos, la

fuerza de los Ejércitos no es fuerza propia, sino delegada. Es un depósito que se nos confía, pero del que

no podemos hacer uso, sino en obediencia al deseo y voluntad de quienes fueron depositantes; es decir,

del resto de la nación, ejercidos, precisamente, a través de la dirección y autoridad de •u Gobierno

legítimo.

Las Fuerzas Armadas constituyen una escuela formativa donde todos los ciudadanos —«que tienen el

derecho y el deber, de defender a España» como señala el artículo 30 de la Constitución— adquieren

hábitos de disciplina y sentido de la obediencia racional; encuadrado, todo ello, en un marco de

convivencia y compañerismo Integrador y coherente en aras a lograr una intima cohesión nacional, factor

decisivo, >i llegara el caso, en la lucha por la independencia y honra de España. Esta gran tarea gravita

fundamentalmente sobre los miembros de las Fuerzas Armadas.

Pero aquel privilegio y esta tarea suponen, necesariamente para los mil tares, una Ululación en e]

ejercicio d« libertades públicas, exigencia reconocida en la propia Constitución y desarrollada en las

reales ordenanzas.

En cuanto a la Junta de jefes de Estado Mayor le corresponde, fundamentalmente, según la ley, de

acuerdo con la política de defensa y militar que hayan sido fijadas, determinar el objetivo de fuerza

conjunto, es decir, las unidades y los medios que deben constituir los Ejércitos para que estos consigan la

máxima eficacia operativa conjunta, así como el velar por su moral, espíritu de servicio y disciplina.

La otra disposición, también con rango de ley, que queremos resaltar es la que se refiere a «las reales

ordenanzas para las Fuerzas Armadas», regla moral de la Institución donde se recogen, actualizadas unas

y sin variación otras, normas tradicionales de nuestras inmortales ordenanzas; pero, a la vez, se definen

otras nuevas normas de conducta y los derechos y deberé* de los miembros de la Institución, de acuerdo

con la época que nos ha tocado vivir y con la mirada puesta en nuevos horizontes futuros.

En ellas se dice que corresponde a las Fuerzas Armadas, mediante la constante preparación de los mandos

y el continuo adiestramiento de las unidades, alcanzar el más eficaz empleo de los medios de que estén

dotadas para cumplir su misión. Para conseguir esa eficacia, que ha de ser máxima, son necesarias la

disciplina y la unidad. La disciplina, como factor de cohesión que obliga a todos por igual y que ha de ser

practicada y exigida como norma de actuación. La unidad, como fruto de la armonía que ha de existir

entre todos los miembros de los Ejércitos.

El cumplimiento y desarrollo de estas dos importantes leyes, así como el estudio y redacción del proyecto

de ley orgánica que regule las bases de la organización militar según prevé la Constitución, han de ser

tarea, primordial en la que deben intervenir básicamente los Ejércitos en este año que ahora empieza.

En este sentido, y dentro del campo operativo, los jefes de los Estados Mayores de cada Ejército han

recibido órdenes tajantes de intensificar durante este año la instrucción de las unidades por medio de

ejercicios y maniobras, de activar la puesta a punto de los distintos programas sobre dotación de

armamento y material, de atender a la formación y selección de nuestros cuadros de mando, a través de un

cuidadoso sistema de enseñanza.

OBJETIVOS CONCRETOS Pero, al mismo tiempo, señor, nos hemos señalado, además, tres objetivos

concretos y muy importantes, a conseguir en este año 1979:

De una parte, plasmar en una realidad los estudios en curso sobre las escalas y régimen de ascenso en el

Ejército de Tierra —en este momento en fase de consulta en las Capitanías Generales— y su posible

homologación, en la medida que esto sea factible, «on la Armada y el Ejército del Aire.

De otra, conseguir el pleno rendimiento del Instituto Social de las Fuerzas Armadas.

Por último, atacar decididamente el problema de las viviendas militares.

Respecto al primer objetivo, debe señalarse que la situación actual de los cuadros de mando, en particular

los del Ejército de Tierra, aconseja, en bien del servido, la adopción —con la debida ponderación y

posible urgencia— de medidas correctoras. Esto rezaba la orden ministerial «ue creaba la Comisión

encargada de su estudio. Fundamentalmente ha de tenderse —decía asimismo la orden— a conseguir un

rejuvenecimiento progresivo y sensible de los cuadros de mando para lograr asi —continuaba más

adelante— aumentar la capacidad operativa de las unidades, una mayor igualdad en los ascensos y, en

consecuencia, una positiva incidencia en la moral de sus componentes y en el mejor ejercicio de la

profesión.

Problema éste delicado y comprometido, pues afecta al presente y futuro de los cuadros profesionales,

pero al que hay que hacer frente, en beneficio del interés superior del servicio, conjugando este interés

con el respeto a los derechos personales de cuantos pudieran verse afectados.

En relación con el segundo objetivo a alcanzar, es preciso señalar su enorme Importancia, dada la

necesidad de atacar decididamente los problemas sociales que afectan a nuestros Ejércitos.

Durante el año que acaba de finalizar hemos puesto en marcha una gran esperanza: el Instituto Social de

las Puercas Armadas, que nace con un gran sentido de la justicia social y del compañerismo que impera

en los Ejércitos, pues no en vano su incidencia más directa afecta, fundamentalmente, a nuestras clases

pasivas. Se han vencido grandes dificultades 4o todo orden, pero se ha conseguido so puesta en marcha.

Queda, sin embargo, mocho que resolver todavía y existen deficiencias que estamos decididos a superar a

lo largo de este año, con la ayuda y colaboración de todos los organismos del Ministerio de Defensa y con

la confianza de sus beneficiarios.

En cuanto al problema de la falta de viviendas, es otro de los grandes y prioritarios problemas que hemos

de, resolver, y en eso estamos, ya que afecta no sólo, y principalmente, a los cuadros de mando .en

activo, sino también a nuestras viudas y retirados. Tratamos de resolverlo contemplando el tema en su

conjunto, pero con la firme decisión de qué en un plazo prudencial quede zanjado definitiva y

positivamente, en bien del servicio y de los acondicionamientos humanos y sociales de todos.

LA INSTITUCIÓN MONÁRQUICA, EJE DE CONTINUIDAD Y ESTABILIDAD

Estos problemas que en líneas generales los hemos expuesto, además de otros de NACIONAL

PALABRAS DEL REY A LOS EJÉRCITOS DE TIERRA, MAR Y AIRE

«Agradezco vuestra comprensión, patriotismo y sacrificio en el delicado proceso político» menor entidad,

constituyen, señor, «I reto que aceptamos con voluntad de vencer, con Ilusionada fe, con entrega —sin

desfallecimientos— a la tarea; con sereno j consciente entusiasmo, pero, a la vez, señor, con confianza,

con confianza plena en Vos, a quien corresponde el mando supremo de las Fuerzas Armadas, en la

iniciativa del Gobierno . en su constante preocupación por los Ejércitos: en la acción legislativa de las

Cortes para proporcionar a los mismos los recursos necesarios, en definitiva: en la Nación entera, a cuyo

servicio nos hemos entregado.

Con todo ello, señor, se estará más cerca de alcanzar esa meta final a la que nos hemos referido en

numerosas ocasiones: anas Fuerzas Armadas de las que todos nos sintamos conscientes y

responsablemente satisfechos, capaces de cumplir con eficacia las misiones que les encomienda la

Constitución recientemente sancionada por Vuestra Majestad en solemne e histórico acto.

Señor, las Fuerzas Armadas cumplirán cuanto en ella les afecta, pues nada más honroso ´para «I militar

que el cumplimiento ejemplar de la Ley, seguros, señor, de que en todo momento cuentan con el apoyo y

respaldo de la Nación entera, y de que todos, repito, todos los españoles cumplirán también cuanto en ella

se ordena.

La Institución monárquica, que Vos encarnáis, ha sido eje determinante para lograr este importante

acontecer hlstóri-so. » te vez que factor decisivo de continuidad y estabilidad en esta etapa que ahora

termina. Acontecer histórico que abre cauces a nuevas ilusiones y esperanzas para que la paz no sólo sea

un hecho, sino un valor ético r moral asumido para siempre por todos los españoles, rechazando terminan

temente a quienes no acepten este principio fundamental de convivencia.

Señor, bajo vuestro mando supremo queremos:

— Una España donde las Fuerzas Armadas se sientan inmersas en la sociedad, pero, & su vez, la

sociedad sienta «suyas» esas Fuerzas Armadas, como exponente máximo de su completa identificación.

— Una España donde desaparezca la «adulación» al Ejército, pues todos le respeten y quieran como

algo que les pertenece.

LEALTAD A LA CORONA

— Una España unida donde sus Fuerza* Armadas —como señalasteis en vuestro reciente mensaje de

Navidad— constituyan la salvaguarda de la paz y de la unidad, y gracias a la unidad pueda España ser

más grande en el quehacer de la Historia.

— Una España respetada en el concierto internacional, con unas Fuerzas Armadas garantes de la defensa

militar de la Patria.

— Una España preparada defensivamente ante cualquier tipo de conflicto bélico, que si bien no está,

afortunadamente, en puertas, siempre es posible en tanto no se destierre la agresividad que viene

existiendo en el contexto mundial de ayer y de hoy.

Todo exige que nuestro potencial defensivo —apoyado esencialmente en las Fuerzas Armadas— sea

capaz:

• De disuadir por si mismo, aunque con posibilidad de reacción inmediata.

• De hacer respetar, si fuera preciso, nuestra vida en paz.

•_ De evitar dependencias ajenas que no estén basadas en las normales relaciones entre Estados

soberanos.

Y, como no, señor, en cualquier supuesto, de impedir, a toda costa, que se desgaje del suelo patrio,

rompiendo nuestra unidad, cualquier parte, grande o pequeña, de España.

Señor, desde nuestra condición de soldados de España, orgullosos de su Bey —símbolo de la. unidad y

permanencia de la Patria—, afirmamos de manera rotunda, consciente y entusiasta nuestra lealtad a la

Corona, como el más seguro valedor de la España de hoy y de] mañana.

Con nuestro emocionado y sincero homenaje para Su Majestad, la Reina y para Sus Altezas Reales el

Príncipe de Asturias y las Infantas, invocamos la bendición de Dios para toda vuestra Familia, y como

saldados de España os decimos una vez más: «A vuestras órdenes, señor.»

«Estamos doloridos, pero sin tener dudas sobre nuestro deber de mantenernos firmes», dijo Gutiérrez

Mellado

CELEBRACIÓN DE LA PASCUA MILITAR

Alocución de Don Juan Carlos

Seguidamente, Don Juan Carlos pronunció el siguiente mensaje a las Fuer-zas Armadas con motivo de la

celebración ae la Pascua, militar:

«Un año más, la celebración de la Pascua Militar, me proporciona esta oportunidad —q, ue tanto me

satisface— de reunir-me con las representaciones de las Fuerzas armadass y con las de Orden Público.

Es esta la ocasión tradicional de expresar mi felicitación a todos sus componentes y desearos las mayores

venturas. Hoy sin embargo, acontecimientos recientes, qu«J han llevado el luto a la gran familia militar y

a las familias de compañeros nuestros muy queridos, son causa de que resalte extemporáneo felicitar a

quienes sienten en estos momentos, en lo más hondo de su alma, el dolor, el pesar y la indignación por tos

viles atentados sufridos. Pero si dirigimos la vista al año que acaba de terminar, la felicitación qne ahora

omito con motiva de la Pascua Militar, habría de dirigirse o», forma muy cordial .a vuestra actitud ante ei

delicado proceso político que era necesario realizar y al que habato prestado una colaboración decidida,

con vuestra comprensión, con vuestro patriotismo y vuestro sacrificio.

Yo os aseguro que comprendo muy bien los sentimientos que os animan y me doy perfecta cuenta de que,

si no pueden ser siempre coincidentes, son para mí respetables en todos los casos.

Las circunstancias de cada uno, sus personales ideas, las vicisitudes atravesadas y los tiempos vividos por

cada generación han de suponer una variedad enriquecedora de la experiencia que, además, proporciona

mayor mérito a la unidad de las Fuerzas Armadas como institución básica de la vida nacional, pues los

diversos pensamientos de quienes las integran se funden y condensan en el pensamiento supremo del

amor a España.

De la misma manera que a todos os comprendo, mi vehemente deseo se cifra en qne vosotros sepáis

también comprender mis sentimientos, o que, aun sin llegar a estar completamente al tanto de ellos o a

encontrar siempre la explicación que desearais, tengáis una fe profunda en que uno de mis desvelos

constantes —dentro de los deberes que para mí supone el servicio a España— es el de pensar con él

mayor cariño en las Fuerzas Armadas, que tienen a su cargo velar por la defensa y la seguridad de la

Patria y a las que me siento sólidamente vinculado en todos los sentidos.

Sabed también que, como Bey de todos los españoles, he de estar por encima de opciones concretas, de

tensiones pasajeras y de parciales opiniones, porque mi misión presento el carácter de generalidad que

supone el servicio al pueblo español en conjunto.

De la misma manera, como Jefe supi mo de las Fuerzas Armadas, mi deseo que todos sirváis a ese

pueblo, con el » premo objetivo de lograr la seguridad > la Patria, encerrando también en lo mas íntimo

de vuestros corazones los sentimien-tos y las opiniones políticas personales, po-niendo todo vuestro

entusiasmo y vuestra en vuestros superiores y en España.

La fe en el mando es una de las basi fundamentales de la disciplina, índispeí sable en la vida militar.

Es preciso que cada uno obedezca, sin du-darlo, las órdenes de su superior, porque debe tener siempre fe

al pensar que el que manda ostenta las condiciones necesaria para hacerlo y que, cuanto más arriba • está

en la escala de la milicia, más am-plio es el panorama que se contempla y más fundado el conocimiento

de los hechos o de las circunstancias que motivan la orden

Igual que en la guerra el ejecutante, que actúa en escalones inferiores y que no va más qne una parte de la

batalla, de las operaciones o de la situación, no comprendí quizá una orden y la juzga con severidad,

también en la paz, una visión parcial y limitada puede inducir a una crítica injusta y errónea sobre una

actitud, una decisión o una manera de proceder.

En uno u otro caso el inferior debe obedecer, puesto qne no tiene los elementos de juicio que posee el jefe

supremo, Y si éste se equivoca, tengamos presente que tos peligros de la indisciplina son mayores qiw los

del error. Un error se puede corregir. Un militar, un ejército que ha perdido la disciplina, no puede

salvarse. Ya no es un militar, ya no es un ejército.

El espectáculo de una indisciplina, de una actitud irrespetuosa originada por exaltaciones momentáneas

en que los nervios se desatan con olvido de la serenidad necesaria en todo militar, es francamente

bochornoso. Por eso la disciplina, coordinada con 1» fe, ha de ser ciega y consciente a la vea, y debe

obedecerse con el convencimiento de que precisamente en esa obediencia, aunque encierre sacrificios y

suscite dudas, está la esencia de la milicia y la eficacia de la» Fuerzas Armadas.

Menguada disciplina será la que para mantenerse exija explicaciones o permite objeciones basadas en

conocimientos fragmentarios, en apreciaciones subjetivas o ea personales interpretaciones.

Fe y disciplina que estoy seguro comprendéis muy bien quienes ahora me escucha!» y cuantos militares

permanecen en su puestos, fieles al cumplimiento del deber en los filas de las Fuerzas Armadas.

En la disciplina que nos obliga a todos po* igual s« fundamenta la cohesión de los esfuerzos individuales

y la eficacia en la* acciones colectivas. Por eso el hábito de la disciplina requiere esa actitud de

obediencia al que manda, de acatamiento a la Ley y de adhesión personal a unos valores superiores.

Esa es la razón de que os exhorte una vez más al mantenimiento y conservación de esas virtudes militares

que son permanentes y no se pasan de moda; que no pueden ser susceptibles de adaptación a nuevos

conceptos ni transformarse por el transcurso de los años. Muchas cosas pueden cambiar en la

organización de las Fuerzas Armadas. Muchas también exigen adaptaciones y actualizaciones. Pero las

necesarias reformas habrás de girar siempre en torno de esos principios, de esas virtudes y de esos

conceptos qn* permanecen inmutables.

Conceptos, virtudes y principios que siguen constituyendo el alma viva de las nuevas reales ordenanzas

militares, recientemente promulgadas, y que continuará» siendo el código moral inspirador de cuantos

formamos parte de los Ejércitos.

El nuevo texto, que junto al tradicional espíritu militar español recoge las aportaciones derivadas del

proceso evolutivo en 1» estructura de la sociedad, viene a ser «1 marco que define las obligaciones y

derechos del militar.

Debéis, por tanto, tener la confianza de que, ateniendo a las reales orden- interpretándolas con arreglo a

las ideas tradicionales que he expresado, y que estoy seguro lleváis todos profundamente grabadas,

sorberéis a vuestro modo de ser cuantas cualidades son necesarias para el cumplimiento responsable de

vuestra misión.

Con este espíritu afirmo mi confianza en que las nuevas reales ordenanzas han de ser vir al fin propuesto,

pues sabréis cumplir» con el mismo entusiasmo con que los millitares españoles observaron

puntualmente las dictadas por mis predecesores.

Espero que sirven de orgullo a las generaciones venideras en igual medida que aquéllas nos

enorgullecieron a nosotros.

REALES ORDENANZAS

A esta característica tan especial que su-pone las clásicas virtudes militares en las eales ordenanzas

recogidas como consecuen-cia de una tradición secular, es preciso tam-bién prestar una destacada

atención para juzgar a las Fuerzas Armadas y para coor-dinar acertadamente las relaciones entre ellas y el

resto de la nación.

Los militares proceden del pueblo y en el pueblo y con el pueblo se integran para la defensa de la Patria.

Pero por su vocación «cendrada, por la específica dedicación a su servicio, por la entrega a su profesión,

no se les juzgue Jamás desde el punto de vista de sus conocimientos o de SQ preparación para otras

actividades ajenas a aquélla. Es evidente que el valor moral —complementario del valor físico— se

adquiere en tiempo de paz mediante la meditación, el estudio, el perfeccionamiento de la cultura. Y que

puede no tratarse de una altura exclusivamente militar, pues muchos militares ilustres se han destacado en

las más variadas disciplinas.

Pero no olvide nadie que lo más importante es la preparación para la carrera que han elegido, el espíritu

que les anima, las clasicas virtudes que les adornan, su eticada cuando la máquina de que forman parte se

pone en movimiento, y las circunstancias pueden llegar a exigir del militar el máximo de los sacrificios:

el sacrificio de I» vida que, al jurar la Bandera, ha prometido ofrecer a la Patria.

Para la evolución política que en España era necesario realizar, el papel de las Fuerzas Armadas encerraba

y encierra una trascendencia fundamental. Porque los Ejércitos no sólo son útiles cuando actúan, sino

también cuando saben contemplar serenamente ajenas actuaciones.

Y precisamente, porque muchas veces ccto no es fácil, porque existen en los Ejércitos principios y

sentimientos singulares; porque la capacidad de asimilación puede •er más o menos limitada, y no

siempre es sencillo desprenderse del pasado, resulta aún más admirable el comportamiento ejemplar del

conjunto de las Fuerzas Armadas, a las que por ello reitero ahora, sin excepción ninguna, el

gradecimiento de vuestro Rey

Con la fe a que antes me refería, tened la seguridad de que la evolución es precisa, pero que también es

precisa la conservación de unos principios inalterables que tenemos la obligación de respetar y defender.

Si vosotros sabéis comprender, también los demás deben comprenderos.

A través de los tiempos, las relaciones de los Ejércitos con el resto del país, sufren alternativas y están

sometidas a distintos matices. os aspectos eternos de la grandeza y de la servidumbre militar, pueden

pasar por vicisitudes temporales.Hay una frase de Alfredo de Vigny, teñida de amargura, como tantas de

este autor, pero que encierra, a veces, un triste fondo de verdad:

«El Ejército —dice— es una raza de hombres siempre desdeñada o glorificada eon exageración, de

acuerdo con la medida en que las naciones la encuentran útil y necesaria.»

Yo estoy seguro de que la definición de Alfredo de Vigny no tendrá aplicaciónexacta en nuestra tiempo ni

podrá justificarse en nuestro país.Y tengo confianza en que con una normalidad aquidistante entre

algunas exageraciones perjudiciales, todos los españoles, todas las instituciones del Estado, dedicarán,

ahora y siempre, a las Fuerzas Armadas el respeto que merecen; no dudo que los ciudadanos verán en

ellas su defensa de la paz; espero que todos nos esforzaremos en proporcionarles los medios que las

modernicen y las mantengan eficaces.

Con esta comprensión y este apoyo, será necesario continuar la labor de reorganización militar en que

tanto se ha avanzado según acaba´de expresarnos el vicepresidente primero del Gobierno y ministro de

Defensa. No era fácil la tarea de refundir en uno solo las misiones antes encomendadas a tres

departamentos ministeriales, y por ello felicito al teniente general Gutiérrez Mellado, que con la

colaboración decidida del Gobierno —al que constitucionalmente corresponde dirigir la Administración

Civil y Militar del Estado— y con el apoyo de las Cortes, tanto ha trabajado para conseguir aquel

objetivo.

Pienso que es preciso llevar a cabo todas las innovaciones que sean imprescindibles para adaptarse a los

nuevos tiempos, a las nuevas circunstancias, a las necesidades nuevas. Pero sin prisa, sin excesos ni

precipitaciones, con el ánimo de eludir cuantos perjuicios sea posible. Y sin abordar más reformas que las

oportunas.

Sobre estas bases, las Fuerzas Armadas obtendrán el apoyo que en todos los órdenes requieren, y se

conservará robustecida la fuerza moral que constituye la mejor arma de los Ejércitos.

Ese mismo apoyo necesitan también las uerzas de Orden Público, aquí representadas, y a las que quiero

dedicar un recuerdo muy especial en esta fecha.

No podemos olvidar las vidas de agentesde esas Fuerzas inmoladas en el cumplimiento de su deber; no

olvidemos tampoco sus sacrificios, su abnegación, el dolor de sus deudos.

También estos hombres que defienden el orden contra la violencia, que protegen a los ciudadanos y han

de vivir y actuar, a veces, en muy difíciles ambientes, merecen nuestro respeto y nuestra incondicional

protección.

Los militares conocemos muy bien la importancia de defender siempre a las Fuerzas que nno tiene a sus

órdenes, de inspirarles confianza, de fortalecer su espíritu, de hacerse solidario de su actuación con el

gesto gallardo de saber asumir las responsabilidades de aquellas derivadas y no descargarlas, como

disculpa, en el inferior, sin perjuicio de exigirlas con serenidad y con templaza cuando sea justo hacerlo.

Pensamos, asimismo, en la unión estrecha entre las Fuerzas Armadas y las de Orden Público, moralmente

tan vinculadas a través de, sus mandos, de su formación y de su espíritu, y que en tristes momentos muy

próximos han fundido simbólicamente esta identidad con la sangre de sus miembros, víctimas de

cobardes acciones terroristas.

LA META DE LA PAZ Y CONCORDIA

- El dolor es profundo y unánime. Pero también lo es nuestra decisión.

Porque no puede haber alternativa: de ninguna manera el terrorismo de unos pocos puede prevalecer

sobre los deseos de paz y libertad de un pueblo entero.

La afirmación tiene, pues, que ser rotunda y todas las fuerzas del país habrán de conjugarse para

conseguir extirpar el mal que ahora pretende atentar contra el proceso democrático realizado por los

españoles. También en este aspecto sé muy bien lo que pensáis y podéis suponer cuáles son mis

pensamientos.

He hablado´ al principio de serenidad. Pero la serenidad no es por sí misma un remedio, sino simplemente

la disposición del ánimo que nos permita encontrar soluciones, tomar medidas y poner término a

situaciones intolerables de inquietud y violencia, continuando con toda intensidad y rigor el camino

emprendido.

Quiera Dios que el año que empieza, al completarse los importantes pasos que ya se han dado en nuestro

ordenamiento político, así como en la reorganización de las Fuerzas Armadas y de las de Orden Público,

actuando con la energía precisa para mantener la democracia que, precisamente, en el orden tiene su más

firme apoyo, podamos mirar al futuro con confianza, con esa fe que a todos os pido, para que logremos la

paz y la concordia de los españoles.

Esa paz y esa concordia que boy deseo para vuestros hogares, al conmemorar Pascua Militar, en la que de

corazón est _ tan cerca de vosotros.»

El Rey finalizó sus palabras con un «Viva España!», que fue coreado por todos los asistentes. A

continuación saludo uno a uno a todas las personas que asistieron al acto.

En todo momento de la recepción el ambiente fue cordial y relajado por parte de los miembros de las

Fuerzas Armadas especialmente durante los minutos que pre-, cedieron a la llegada de Sus Majestades al

Salón del Trono, mientras los Reyes departían con el Gobierno, Consejo de las Grandeza y miembros del

Patrimonio Nacional. Varios pasajes del discurso del Rey, especialmente aquéllos que hacían al´ísión al

sacrificio de las Fuerzas del Order, fueron seguidos con viva emoción por los militares asistentes.

Representantes de la clase-dé tropa de la Policía Armada y de la Guardia Civil acudieron a la recepción

junto a sus generales, jefes, oficiales y suboficiales.

Al término de la recepción, en las cercanías de la plaza de Oriente y de la calle Bailen, que se encontraban

cortadas al tráfico, se congregó numeroso público para ver y aplaudir a lo* Reyes a su salida del Palacio

Real.

«Felicito al teniente general Gutiérrez Mellado por la labor de reorganización militar en la que tanto se ha

avanzado», señaló el Rey

 

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