El discurso del Rey     
 
 ABC.    01/01/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DOMINGO, 7 DE ENERO DE 1979. PÁG. 7

ABC

EL DISCURSO DEL REY

Luctuosos acontecimientos r e c i entes han limitado este año la tradicional celebración de la Pascua

Militar a su solemnidad mayor y más estricta: a la recepción real, en Palacio, de las representaciones de

las Fuerzas Armadas y de Orden Público. Y en ninguna otra ocasión precedente ha existido tanta

expectación ante el discurso de S. M. el Rey.

No ha sido defraudada esta lógica expectación. El discurso —lóase su versión íntegra— es una alocución

ejemplar en dos aspectos: militar y constitucional. A la aran familia militar, con la autoridad de fa

suprema jefatura, una exhortación, rica y seria en acentos y en fundamentos clásicos, a la disciplina; y de

cara a la Constitución, una perfecta actitud de acatamiento que se manifiesta en la ausencia de cualquier

alusión política, indebida o extemporánea.

No hay, no puede hablarse —así lo entendemos— de nada que signifique demanda regia de disciplina a

los Ejércitos porque la disciplina militar no se ha quebrado, no debe considerarse rota por las particulares

actitudes de quienes se han movido al impulso de momentáneas tensiones emocionales. Pero sí hay, en el

discurso de S. M. el Rey, un oportunismo recuerdo de la disciplina, como virtud militar esencial, como

fundamento del poder y del servicio que las Fuerzas Armadas asumen y al que se comprometen:

«La fe en el mando es una de las bases Fundamentales de la disciplina, indispensable en la vida militar.»

Con ningún otro estamento como con el militar queda tan directamente vinculado el Rey, en la

Constitución. Pero, a su vez, sobre ningún otro estamento pesa con más responsabilidad la defensa del

orden constitucional y de la Corona, cumbre y tutela de la Constitución. Comparte el Rey todos los

dolores, todas las Incomprensiones, todas las penosas circunstancias que afectan a las Fuerzas Armadas y

a las de Orden Público en las etapas adversas, en los momentos difíciles. Las comparte como miembro —

el primero y el de máxima distinción y jerarquía— de los Ejércitos. Y de ellos recibe, porque tiene

derecho indiscutible a recibirla, la adhesión incondicionada, respetuosa y fiel. No engendrada por una

disciplina ciega, sino consecuencia consciente y digna de la grandeza y de la servidumbre de la milicia;

fruto de un compromiso jurado de honor y de caballerosidad que no se exige, ni se formula, ni crea

parecida vinculación, en ninguno de los demás puestos en los que se sirve al Estado.

Está el Rey —y están con-él los Ejércitos— al margen y por encima da los avatares de la política. Ha sido

por esta razón también ejemplar su discurso en la Pascua Militar. Salvadas las obligadas referencias a los

crímenes del terrorismo, no aparece en fragmento alguno del mismo nada que pueda interpretarse como

estimación favorable o adversa de las políticas concretas de partido. Habla eL Rey en la vigencia de un

Gobierno, naturalmente. Pero con escrupulosa interpretación de su rango constitucional, se mantiene en la

neutralidad política que corresponde a la Corona. Y la referencia que hace a las nuevas reales ordenanzas,

y a la mejor dotación y progresivo perfeccionamiento de las unidades militares, no rebasa los límites

propios del particular ámbito que corresponde constitucionalmente a las Fuerzas Armadas.

Disciplina, estricta adecuación a La funcionalidad castrense, servicio a la nación, sumisión al sistema

constitucional, neutralidad política, valerosa templanza, control exacto de las reacciones..., auténtico

servicio militar, en suma, recomiendan las palabras del Rey.

Serían éstas, sin embargo, de algún modo perdidas —y de forma más deplorable en las circunstancias

presentes—, si todo el resto de la civil ciudadanía española no supiera encontrar en ellas motivo para la

meditación, adoctrinadora, sobre las conductas sociales de quienes sin obligación de disciplina militar

tienen una responsabilidad de disciplina cívica.

Estamos haciendo entre todos una España nueva. Tarea de todos es el estable establecimiento del sistema

parlamentario, el refrendo práctico de la Constitución, la confirmación de la democracia, ¿Cómo,

entonces, no deducir de les reales palabras, bien que directamente dedicadas a las Fuerzas Armadas,

aquellos prudentes y autorizados consejos que pueden orientarnos a todos hacia metas de sacrificado

esfuerzo por la empresa común de España?

No pesa sobre 4a ciudadanía civil, evidentemente, la obligación de disciplina que alcanza de lleno a los

militares. Pero nadie puede esperar tampoco que si el espejo civil se distorsiona y se deforma, refleje una

perfecta e impecable Imagen militar. Tiene como Indiscutible derecho democrático la ciudadanía su

libertad política, su confrontación de opciones en te legítima lucha electoral. Pero tiene también, en

perfecta Interpretación democrática, muy claros deberes de apoyo, de respeto, de acatamiento, a

superiores valores.

Sean políticamente respetados los Ejércitos, las Fuerzas Armadas y de Orden Público, para que seamos

todos, como pueblo, también respetados; y para que seamos, en el juicio de las generaciones venideras,

respetables, por haber sabido reconstruir, en las condiciones más difíciles, una nacían.

 

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