Autor: Arévalo Pelluz, Luis. 
 Defensa y Democracia. La Armada. 
 La Armada y la política de defensa     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Defensa y democracia

La Armada y la política de defensa

Luis Arévalo Pelluz

Almirante jefe del Estado Mayor .de la Armada

En 1962, hace poco más. de quince años, la Armada decidió considerar la necesidad de renovarse

totalmente, consciente, de que tanto sus estructuras orgánicas (cuyas últimas renovaciones databan de

1931 y 1939), la ausencia de una política dinámica de personal, y la total dependencia extranjera en

cuanto al níateña, conducían a un estancamiento peligroso para la seguridad de la nación.

Las unidades más valiosas de la Armada (destructores, dracaminas, un único submarino) eran entonces de

procedencia norteamericana. La escasa calidad técnica de nuestros astilleros e Industria militar no había

permitido pensar, hasta aquel momento, en capacitarlos para la construcción y equipamiento de un buque

de guerra moderno. Ciertamente, ni unos ni otros carecían de experiencia y tradición. Sólo faltaba

actualizarlos.

Fue, pues, a mediados de 1962, cuando dos comisiones comenzaron a trabajar paralelamente en el seno de

la Armada, en dos temas primordiales tomados como puntos de arranque qué permitieran afrontar el

futuro con criterios racionales, flexibles y modernos. Una Comisión de Estudios y Planes

(COMESPLAN) redactó, en 1984, el lla-tn a d o Sistema-l, verdadero tratado completo de organización

que contemplaba la renovación total de la estructura central de la Armada y la de las bases periféricas, así

como la definición de niveles de responsabilidad. En consecuencia, y con la experiencia de la puesta en

vigor del Sistema-l, la ley Orgánica 9/70 resumía las líneas maestras de la nueva organización y precisaba

las misiones de los mandos y de los órganos principales.

Otra Comisión de Estudios de Personal (COMESPER) elaboró la política de personal. De ésta salió la ley

de Escalas y Ascensos (1968), que trataba de encontrar solución al problema del envejecimiento —y

posterior desplome— del escalafón, como consecuencia de los ingresos masivos que se produjeron en la

década de los cuarenta para cubrir las bajas de la guerra.

UN ESFUERZO VALIDO

La preparación adquirida en los Estados Unidos y otros países extranjeros por nuestros oficiales,

suboficiales e ingenieros, la experiencia y el conocimiento que, en forma creciente, iba adquiriendo

España en el campo industrial, confirmada por una prospección a fondo en los astilleros e-industria

nacionales, llevó a la conclusión de que, tras un esfuerzo colosal pero viable, en pocos años podríamos

empezar a construir —con apoyo tecnológico extranjero— nuestras propias unidades de superficie y

submarinos. E] esfuerzo merecía la pena.

La nueva organización Implantada en la Armada preveía de dónde deberían partir los criterios que

definiesen te* características de nuestra futura Fuerza Naval; es decir, «d qué" y «para qué". Este

cometido correspondía originariamente, a la Sección de Planes Estratégicos del Estado Mayor de la

Armada. Pero como una Fuerza Naval es inoperante sin haber previsto el apoyo legísfcieo material que

asegure sU funcionamiento (municiones, repuestos, bases, etc.) ni la debida —y complicada—

preparación de las sucesivas dotaciones .que la tripulen a lo largo de sw vida activa, el problema de

creación de la Fuerza Naval no podía considerarse aislado, sino que debía contemplar la construcción, el

mantenimiento y las dotaciones.

La sistemática general para la ordenación de los esfuerzos y actividades de la Armada estaba establecida

en el Sistema-l. En él se preveía la redacción por el Estado Mayor de la Armada —partiendo siempre de

la Sección de Planes Estratégicos— del Plan General de la Armada (PLAN-GENAR), definido como

"Guía permanente y evolutiva por la que se regirá el desarrollo de la Armada". Es decir, el plan venía a

constituir el "relleno" de la organización, la savia que le da vida y contenido, la dirección que auna

esfuerzos y voluntades hacia una meta común, que Impide malgastar los recursos económicos en

inversiones .dispersas por muy rentables que pudiesen parecer.

UN PLAN COMPLEJO

El PLANGENAR actual comprende un periodo de ocho años iniciado en 1972. Se basa en un minucioso

estudio estratégico que parte de los "Conceptos Generales Básicos de la Política de Defensa", fijados por

el Gobierno en 1971, y analiza la- situación mundial y su posible evolución; las servidumbres de nuestro

tráfico marítimo oceánico, de cabotaje y pesquero; las posibles amenazas a nuestros intereses marítimos;

la posición gecblocue* nte de ia Península Ibérica interpuesta entre las grandes vías de comunicación del

Atlántico Sur a! Atlántico Norte y viceversa; las de América a Europa y la importantísima a través del

estrecho de Gibraltar en ambas direcciones. La valoración de las islas Canarias como punto clave en la

ruta del petróleo a través del cabo de Buena Esperanza, etc.

Todo ello, analizado con criterios de .independencia nacional o enmarcado en las alianzas convenientes

en las gue, a fin de no desempeñar un papel de comparsa, era necesario aportar algo más que geografía

para conseguir a Cambio el apoyo a nuestros objetivos nacionales... Es decir, había que contar con una

Fuerza Naval equilibrada como instrumento operativo de la política exterior española en paz y en guerra.

La debida coordinación entre las necesidades y las posibilidades reales (.tecnológicas y financieras)

definieron unos objetivos de fuerza cuyo logro parcial y limitado se inició hace pocos años: cinco fragatas

"Baleares", cuatro submarinos "Delfín", doce patrulleros, helicópteros, aviones de despegue vertical,

armamento de Infantería de Marina, nuevos talleres, depósitos y servicios en Bases Navales,

modernización de las Escuelas, etc. Actualmente, están en construcción ocho corbetas v dos submarinos,

y contratados un portaaeroaaves (para reemplazar al "Dédalo) y tres fragatas* Estos últimos buques

constituirán e] núcleo del grupo de combate.

Es Importante señalar que la crisis en la demanda de la construcción naval & escala mundial no existe en

cuanto a buques de guerra. El esfuerzo de estos últimos años ha capacitado a la E. N. Bazán y a la

industria nacional para proyectar y construir buques de guerra que satisfagan, hasta un grado elevado, las

exigencias de futuros clientes (la Marina nacional y las extranjeras).

TRABAJO Y DIVISAS

Una política bien orientada en este aspecto permitirá no sólo proporcionar un volumen de trabajo

sustancial a la Empresa Nacional Bazán, sino desarrollar una operación de exportación industrial y

tecnológica con la correspondiente compensación en divisas. El número de empresas industriales

nacionales implicadas en un buque dé guerra ha supuesto la participación de un 40 por 100 en el caso de

las fragatas "Baleares", hasta un 65 por 100 en los submarinos, 75 por 100 en las corbetas y 80 por 100 en

los patrulleros.

La Esta de encargos de las Marinas extranjeras es importantísima para la industria nacional. Pero exigen,

como es natural, que los buques no sean prototipos* sino que estén avalados, garantizados y

experimentados por la Marina española.

En resumen: la modernización y potenciación Se la nota, completamente necesaria para la seguridad

nacional, cubre además este otro objetivo de gran trascendencia, habida cuenta que la vida de un buque de

guerra (unos veinticinco años) lo liga al astillero de origen para reparaciones y m o d ernizaciones.

Esta segunda derivada —la exportación de buques de guerra—, si bien no es el objetivo fundamental del

PLANGENAR, ayudaría a abaratar y a nacionalizar los precios de nuestras propias unidades.

Esta es, y continúa siendo, la aportación de la Armada a la política militar, a la política de defensa y a la

economía nacional, en la que se enraizan profundamente el poder marítimo, de un país marítimo como

España, y el poder naval que ha de asegurarlo en paz y en guerra.

 

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