Autor: Nardiz, Fernando. 
 Defensa y democracia. La Armada. 
 Poder naval: Algo más que cifras     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Página: 8,9. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Poder naval: Algo más que cifras

Fernando Nardiz

Capitán de fragata

Cuando el 21 de octubre de 1639 la Escuadra holandesa del almirante Tromp batía en la batalla de tas

Dunas a la Escuadra española del almirante cuando se decidía la pérdida de Flandes, tras tina lucha

conocida por el nombre de Guerra de los Treinta Años. La pérdida del dominio de Isa rutas marítimas del

cansa de & Mancha baria muy difícil el refuerzo de las tropas españolas, y por esta fundamental razón los

tercios españoles serían definitivamente derrotados mas tercie en Rocroy. La paz de Westfalia no sería

otra cosa que el reconocimiento de la derrota naval de Las Dunas y, coma consecuencia, la pérdida de

Flandes y de la hegemonía española en Europa y su mundo.

Efectivamente, a partir del descubrimiento y conquista de América los mares dé la Tierra fueron

señoreados por las flotas españolas. Durante cien años por el océano Pacífica únicamente navegaron las

canoas polinesias y los galeones españoles. Fue en este océano donde España mantuvo desde 1566 hasta

1815 la primera línea marítima regular, el galeón de Acapulco, que cubría la derrota desde el Perú a las

Mas Filipinas, con regreso a Nueva España. Fue en otro océano, el Atlántico, en donde el poder naval de

España mantuvo abiertas a lo largo de tres siglos sus lineas de comunicación con las Indias frente a los

ataques de ingleses, holandeses y franceses.

CUENTAN LOS HOMBRES

Pero el poder naval, como ningún otro poder, no es un absoluto sino una relación humana. Por ello el

poder naval, relativo a otros poderes antagonistas, no se mide únicamente por el número y calidad de sus

fuerzas, buques, armas y pertrechos, ni siquiera sumando a las fuerzas sus bases navales, la configuración

de las costas propias y la situación geoestratégica de su nación, la potencia de la economía nacional y de

su comercio exterior o cualesquiera otros factores «jae se quisieran añadir de parecida índole* sino por lo

que es fundamental,, por las condiciones humanaas de los hombres que lo crean, lo sostienen, lo dirigen y

lo emplean.

Todas estos hombres en su conjunto, con sus complejas y recíprocas influencias, no son otra cosa que el

puebla de cada nación. Mas nada sería tan equivocado per parte del pueblo español como creer que si el

poder naval torra uña decisiva influencia en la historia general de la humanidad y en la de España en

particular, hemos llegado a un punto de inflexión: en el devenir del hombre sobre la Tierra, con el

advenimiento de la aviación, del misil y de la energía nuclear, en el cual las relaciones de poder entre las

naciones han sido trastocadas radicalmente.

LA BATALLA DEL ÁTOMO

Efectivamente, se han cambiado muchos papeles y los ayer poderosos han pasado a un segundo o tercer

plano, las viejas fuerzas han sido revitalizadas por nuevos elementos y en sus relaciones Jerárquicas han

ocurrido modificaciones.

As!, el poder nuclear de las superpoten-cias, materializado en sus misiles intercontinentales con cabezas

nucleares, se ha convertido en un elemento de potencia inigualable.

Pero por primera vez en la historia de la humanidad el poder de destrucción de estas nuevas armas ha

alcanzado tan desmesuradas proporciones que su empleo simultáneo por los contendientes las ha

convertido en irracionales.

No obstante, como las naciones en la Tierra conviven en estado de naturaleza, lo cual quiere decir que en

sus relaciones impera la ley del más fuerte, de algún modo tienen que seguir luchando para dirimir sus

conflictos de ideas e intereses.

Pero esta lucha se ha vuelto mucho más peligrosa y sutil.

Con sos armas nucleares de gran alcance, desde la tierra, ía mar y el aire, las superpotencias se amenazan,

& se disuaden mutuamente en un esfuerzo sa tregua, en una carrera tecnológica, que busea, o romper el

equilibrio, a mantenerlo, o agotar al contrario en la carrera.

Con sus poderes clásicos terrestres, navales y aerees, también provistos de pequeña» armas nucleares de

eorto alcance, táeíícas o de combate, se mantienen en una situación de equilibrio armado amenazante en

los puntos vitales.

UNA PARTIDA DE AJEDREZ

Por intermedio de pequeñas potencias, luchan en zonas periféricas y secundarias como en una partida de

ajedrez a escala mundial en la cual son decisivos los peones para el resultado final.

Y es quizá en esta partida singular en la que el poder naval continúa sieado un elemento decisivo debido a

sus caracteres esencialesy de movilidad a escala oceánica e lo, que es lo mismo a escala mundial, de

potencia de sus armas de corto y largo alcance, cañones, misiles, aviones y de. presencia oportuna

circunstancial o permanente. Presencia ostensible de su potencia y prueba de su intención de emplearla

Por estas razones el poder naval continúa siendo un gran generador de poder político, de quien, en

definitiva y última instancia, depende la posición relativa de las naciones en el concierto mundial,

Máxime de nuestra nación que por imperativos insoslayables se abastece de las principales materias

primas imprescindibles para su vida únicamente a través del mar.

 

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