Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Parlamento y socialismo     
 
 ABC.    16/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

APUNTE POLÍTICO

PARLAMENTO Y SOCIALISMO

Por J. M. RUIZ GALLARDON

El más marxista de los diputados del P. S. O. E., al decir de sus compañeros de partido, ha querido salir al

paso de la acusación que, con todo sentido, muchos españoles hacen en esta hora en la que las elecciones

del 15 de junio empiezan a ser historia bastante lejana y las efectividades socialistas (que eran de lógica

cartesiana presumir, dado su notable y autoinesperado éxito) no aparecen por parte alguna.

Que el señor Gómez Llorente —antiguo fundador de la A. S. U. en los años cincuenta cuando el que esto

firma ya había disfrutado de las delicias de Carabanchel por monárquico y demócrata— es hombre

inteligente y habilidoso, lo demostró ya por aquellas fechas —y me remito a sus propias confesiones—

cuando «desmontó» junto con F. González, Castellano y otros, al viejo aparato llopista por la jurada —y

justificadísima— enemiga, de los amigos de Llopis, que conocieron bien, durante y después de la guerra,

al P. C. E., desde sus creencias y filas socialistas, cuando los hombres de Carrillo eran bastante menos

gramscianos y eurocomunistas entonces que ahora.

Pero a lo que iba. El joven vicepresidente socialista de la Cámara Baja sostiene que no son de esperar

grandes éxitos de su partido en la pugna parlamentaria si no son precedidos y apoyados por

reivindicaciones de masas en la calle, en el taller, en el tajo, «que es donde se centra y está la lucha de

clases». En efecto, en el Parlamento, anteayer, el P. S. O. E. fracasó, no sólo por los votos, sino, sobre

todo, por su desacompasada actitud.

¿Recuerdan ustedes aquello de que el socialismo español era parlamentarista, pacífico, no belicoso,

respetuoso con la voluntad de las mayorías electoralmente surgidas de unos comicios celebrados en

libertad y reflejadas en un Parlamento representativo? Pues olvídenlo. Olvídenlo, como deben archivar en

el recuerdo el conocido y martilleado «slogan» de «socialismo es libertad». Socialismo, lo ha repetido el

señor González, el señor Guerra y el señor Gómez Llorente, es lucha de clases. Acción de masas. El

Parlamento, si no es dócil a las consignas de los agitadores, de poco sirve. Y no es desde su seno —eso

dicen— de donde saldrá la feliz libertad que el puño y la rosa prometían a tantos ingenuos españoles que,

por creérselo, por no profundizar, por no saber qué es y cómo actúa el marxismo dieron su voto a un

partido que, en cuanto pueda, hará lo que tiene que hacer, lo que quiso Pablo Iglesias y luego intentaron

Largo Caballero y Prieto en Asturias en 1934: la revolución armada para que la clase dominante, la

burguesía, quede definitivamente sojuzgada, exterminada, borrada de la realidad española.

Ese es el papel del Parlamento —por el que tanto suspiraron los líderes socialistas en la campaña

electoral— que, en buena doctrina engeliana hay que atribuirle: ser segundón en la lucha de clases. La

calle es lo primero.

¿Será acaso esa doctrina la que Felipe González, en un rasgo de sinceridad, nos quiere, «urbi et orbe»,

explicar a todos desde TV. E.?

J. M. R. G.

ABC 16/IX/1977

 

< Volver