Autor: Vega Rodríguez, José. 
 Defensa y democracia. 
 Ejército: Formación y misiones     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Defensa y democracia

Jueves 5-enero 78/DIARIO 16

Ejército: Formación y misiones

José Vega Rodríguez

Teniente general jefe del Estado Mayor del Ejército

LA PASCUA MILITAR

La Pascua Militar es, sin duda una buena fecha para poder informar a la opinión pública acerca del

Ejército. Tradicionalmente, entre nosotros, esta fecha que empezó siendo una felicitación que el Rey

hacía a sus tropas, ha ido evolucionando hasta convertirse en una íntima celebración en la que los jefes, al

felicitar a sus subordinados, vienen haciendo un recuento de cuanto se ha realizado en el año anterior.

El acto, estrictamente- reservado a la familia militar, trasciende a veces al conocimiento general y la

prensa suele acudir en demanda de invitación por ignorar este sentido familiar de la Pascua.

El voluntario alejamiento del militar de las vicisitudes de la política cotidiana y su dedicación exclusiva a

su misión de preparar «J ciudadano para el ejercicio de las armas crea en nosotros una manera de ser que

dista mucho de quienes, por vivir de cara al exterior, buscan continuamente la atención del periodista. Por

otra parte, el trato de las cuestiones militares sin un exacto conocimiento de ellas deforma, a veces, la

realidad de los hechos y el verdadero ¡militar se duele ole estos errores o falsedades que en laada

convienen al honor de la milicia.

Por todo esto, nos es muy grato acceder a la petición de D16 de colaborar en este día desde las páginas

del ¡periódico para hacer esta Pascua Militar extensiva, por una vez, a todos sus lectores y tener ocasión

de explicarles algunos aspectos de cómo es hoy nuestro Ejército, en Relación con la sociedad española.

UNA ESCUELA DE CIUDADANÍA

España necesita un Ejército por muchas razones y no es éste el momento adecuado para razonar sobre

ello. Lo importante es que aquella necesidad exige un servicio militar al que se incorporan todos los años

los ciudadanos que se encuentran en la edad apropiada y a los cuales el Ejército ha de devolver a sus

hogares con una formación mejorada, esto es, con la posibilidad de acudir a la defensa de la Patria si ésta

lo precisa con ios conocimientos necesarios para empuñar las armas y con el espíritu propicio para

arrastrar todos los sacrificios que sean precisos hasta la entrega de la propia vida.

Éstos conocimientos y este espíritu sólo se consigue inculcando a los soldados el sentido del patriotismo,

de la disciplina, del honor y de la abnegación que pueden hacerlo posible. Y (Se esta preparación no se

excluye a nadie en condiciones normales de recibirla. En los CIR, primero, y en las distintas unidades,

luego, conviven los soldados provenientes de todos los estamentos y clases del país. El servicio militar

que no exceptúa a nadie ni hace distintos en las misiones que a cada unidad se señalan, une a los hombres

de todas las regiones, póae en Contacto diversas culturas, formas de vida y características personales de

rasgos muy diferenciados. Es una convivencia que convierte el servicio militar en escuela de ciudadanía,

en posibilidad de conocer lugares y costumbres que los mozos ignoraban, en intercambio de

conocimientos y tratos que viene a terminar con el machadiano "desprecio a cuanto sé ignora".

El nivel cultural tiene en el Ejército uno de los pilares básicos de su elevación. Desde las ya casi

desaparecidas escuelas de analfabetos a las actuales aulas de extensión cultural, toda una gama de

posibilidades —obligatoria, s en lo referente a la alfabetización y obtención del certificado de estudios

primarios— se ofrecen al soldado en filas. Clases para la obtención del título de gradúa» do escolar,

idiomas en diversos centros dependientes de las Capitanías Generales, bachillerato a distancia e incluso

universidad a distancia en la Academia Auxiliar Militar de Villaverde (Madrid), visitas y semanas

culturales de los centros del recreo educativo del soldado, publicaciones nacionales y regionales, etc., son

muestras de la labor cultural que se desarrolla.

Durante el pasado curso escolar, 23.000 «oíd a d o s —más del 10 por 100 de la recluta anual— superaron

las pruebas y recibieron el certificado de estudios ¡primarios que expide el Ministerio de Educación y

Ciencia.

ESCUELA PROFESIONAL

La compleja instrucción que el Ejército moderno exige para su mejor funcionamiento proporciona a los

soldados unas enseñanzas de muy útil aplicación para su posterior vida civil. La utilización, etc.,

convierte a muchos soldados procedentes de campos muy alejados de estas enseñanzas, en auténticos

especialistas que luego la industria .nacional busca con marcado interés. Además ya los medios dé

combate actuales necesitan de personal adecuado que, indudablemente mejora sus condiciones con

enseñanzas profesionales muy aptas también para ía vida civil.

Esta necesidad y la utilización de medios fie enseñanza adecuados permiten aprovechar las horas libres

del soldado en el aprendizaje de nuevos oficios a través de las escuelas de formación profesional, que

todos loa re. emplazos redimen del peonaje a muchos miles de mozos. Cpñio datos estadísticos se

informa´ qué desde el año 1965 en que empezó, ha promocionado a más de 200.000 soldados, que

obtuvieron la calificación laboral de oficial de tercera/como mínimo. :

Cada año acuden a los cursos alrededor de 16.000 soldados, lo que significa el 8 por 100 de la quinta.

Hay en funcionamiento unas 140 escuelas repartidas por toda la nación, donde se imparten cursos de más

de 50 especialidades en ios campos de agricultura, industria y servicios.

En este sentido, las Escuelas de Promoción Profesional del Ejército, las PPE, se organizan en apretada

colaboración con el Ministerio de Trabajo, que expone sus necesidades y facilita programas y

profesorado. De esta manera se atiende a cubrir las exigencias de la enseñanza propiamente militar y se

acude a cubrir zonas de enseñanza profesional que, de otra manera, quedarían al descubierto.

Los Institutos Politécnicos números 1 y 2, situados en Carabanchel (Madrid) y Calatayud, están en

constante auge. Los ingresos anuales en los mismos fluctúan entre los 600 y los 700 alumnos. En el

número 1, antigua Escuela Profesional de Automovilismo, unos 250 Jóvenes terminan cada año sus

estudios. De ellos, entre 60 y 70-ingresan en la Academia Básica de Suboficiales para seguir en la .vida

militar; entre 30 y 40, realizan los cursos de sargentos de complemento y continúan en el Ejército uno o

dos años más. El resto, entre 130 y 140, se incorporan a la industria nacional en las ramas de automoción

y mecánica.

Podemos señalar también que en el Instituto de Cala-tayud se sigue gran número de especialidades

laborales, entre las que destacan: electricidad, electrónica, óptica, química, delineantes de construcción,

etc. .

FUNCIÓN SOCIAL

La misión del Ejército, en tiempos de paz, no se cifra como ha podido verse hasta ahora, en la preparación

del soldado para la guerra. Hay también una aplicación directa de la qué se beneficia la sociedad en su

conjunto. Nos referimos a la asistencia de los soldados en los momentos críticos en que no Je bastan a la

sociedad sus propios elementos. Catástrofes, incendios forestales, accidentes y tantas otras situaciones

insólitas han tenido siempre la oportuna asistencia del Ejército que con sus medios y su disciplina ha

conseguido lo que ia sociedad por sí misma ao hubiera logrado socorrer. La generosa donación de sangre

a la que, siempre voluntariamente, se ofrecen los jóvenes soldados es una prueba constantemente

recovada por la prensa así como tantos otros aspectos donde la presencia de los soldados identifica ar

pueblo con sus Fuerzas Armadas, bien sea en desfiles, conciertos de bandas militares, exhibiciones

deportivas, etc. y bien notorio es el apro´véehamiento de las posibilidades del Ejército en los casos de

conflicto laboral en los que la seguridad de las actividades ciudadanas excede a las naturales

consecuencias de las huelgas.

Bien entendido debe quedar que el Ejército jamás se interfiere en los intereses en conflicto ni .acude por

propia iniciativa, sino cuando el poder civil demanda su ayuda. Con total desinterés, los soldados de

España cubren aquellos puestos sin los cuales la vida cotidiana sufriría un menoscabo superior al que los

propios huelguistas desearían y, sin entrar en las causas o desarrollo del litigio, se apresuran a aminorar

los efectos. Como ejemplo de cuanto decimos, podemos informar de que en la huelga de autobuses en la

capital de España, en octubre á´e 1976, los soldados cubrieron i n i n terrumpidamente, y de forma

gratuita, 39 líneas de autobuses, con 600 vehículos conducidos eficazmente por 700 conductores

poseedores de carnet D y E y 20 equipos de mantenimiento con ocho horas de servicio medio.

LA VIDA DEL SOLDADO

Todo cuanto venimos exponiendo es, claro está, una faceta muy importante de la vida militar que merece

ser conocida "de puertas afuera". Pero también nos interesa que los lectores conozcan la vida del soldado

en sus cuarteles. El Ejército español siempre se ha preocupado por humanizar en -lo posible la vida a que

el servicio obligatorio impone a los .mozos. Si el reclu-fcamiento nacional supone molestias y hasta

perjuicios graves en ocasiones, el Ejército intenta paliarlo en lo posible, sin producir injusta

discriminación, respetando el lugar de servicio de aquéllos soldados casados y con hijos & los que el

desplazamiento de fiu residencia habitual causaría no sólo perjuicios de orden económico, sino un grave

quebranto moral. Continuamente se estudia la posibilidad´ de mejoras, de limitación del tiempo de

servicio y de adecuación de los cuarteles a la vida cotidiana del soldado. Sin lujos ni excesos en lo

económico —y no porque sus oficiales no quieran dárselos, sino porque la economía del país no lo

permite—, cada vez son´ más higiénicos y cómodos los acuartelamientos, mejor la alimentación, sana y

eficaz la vida del soldado. Todos ios cuadros do mando se esfuerzan en mejorar las condiciones de vida

de sus subordinados y no se a-horra esfuerzo alguno en conseguirlo..

Aparte de las posibilidades de cultura y formación de que hemos hablado, los soldados de hoy saben de

las horas de amena diversión que les proporcionan las campañas turísticas, las tradicionales fiestas, los

hogares del soldado, las bibliotecas, el cine del cuartel, etc. Se llevan a los campamentos los Festivales de

España, se suceden laa competiciones deportivas, artísticas y literarias. Los jóvenes saben tomar

deportivamente las enseñanzas y prácticas del tiro, gustan de ser lo más disciplinados y vistosos en los

desfiles, comprenden y se identifican con la disciplina y la seriedad de su misión.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Hasta aquí hemos hablado de las relaciones del Ejército con la sociedad y coa el soldado considerado

solamente desde el punto de vista á´e la cultura y la preparación moral. En cuanto a la misión del Ejército,

de prepararse para una posibilidad de actuación bélica bien sabido es cómo el plan general de instrucción

se lleva totalmente a la práctica, sacando el mayor partido de los medios, siempre escasos de que se

dispone. Continuamente loa lectores reciben la noticia —y los periodistas saben con cuánto agrado se lea

invita a presenciarlo— de ejercicios y maniobras, unas veces de carácter puramente regional y otras en

colaboración de nuestras brigadas paracaidistas con las del Ejército francés, materializada en los

ejercicio» GALIA e IBERIA, en las que, unas veces sobre el territorio español y otras sobre el de la

vecina Francia, nuestros soldados compiten con los franceses en demostrar su preparación y esforzado

espíritu de superación.

Justo: es también consignar con cuanta gratitud recibe el Ejército el esfuerzo dé loa periodistas —muchas

veces extremado— por asistir a nuestras maniobras y dar cabal información de ellas. Gratitud que viene a

contrastar con cierto intromisión de la prensa que, a veces, se produce en la vida particular de las

unidades para dar cuenta en sus periódicos, con el natural desagrado de cuantos vestimos el uniforme

militar, sobre nombramientos, disciplina, sanciones o movimientos de fuerzas.

Estas son cuestiones que, al contrario de lo que piensen los periodistas, sólo interesan al profesional de las

armas. Un arresto a un oficial no es más que una sanción correctiva de una falta leve que no supone

mayor desdoro que el natural disgusto de quien lo impone 6 lo padece. Pero si un arresto de este tipo se

airea en la prensa, se puede convertir ea una difamación que causa gran perjuicio al buen nombre del

oficial. Así, apro-véehó-el ofrecimiento de D16 para rogar á todos los periodistas el máximo respeto a

estas informaciones y que sea su claro criterio el que limite estas,cuestionés indiscretas sin que tenga que

ser el Gobierno el que saiga ;al paso de ellas, cosa qué podría hacerlo en virtud de la legislación vigente.

Consideramos en esta Pascua Militar que España pue* de estar´ satisfecha de las actividades de su

Ejército. No creemos que esta oportunidad que noa brinda D16 deba ser utilizada para exponer datos

estadísticos, de organización, material, etc., máa áridos para los lectores que esta breve exposición de un

espíritu militar que hace de las unidades militares un auténtico hogar escueía-tai ller del que todos los

españoles deben estar orgullosos.

 

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