Autor: Piris Laespada, Alberto. 
 Defensa y democracia. 
 Fuerzas Armadas y Tecnología     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Fuerzas Armadas y tecnología

Alberto Piris Laespada

{Comandante de Artillería)

Desde que el hombre puebla la Tierra se ha visto obligado a atacar y a defenderse; así, pues, la técnica ha

servido también, desde la aurora de Ha humanidad, para satisfacer con menos esfuerzos y más

rendimiento la necesidad de ataque o defensa.

Cuando las sociedades humanas encomiendan a sus ejércitos la misión básica de atacar o defender,

traspasan si a éstos la necesidad de seguir utilizando la técnica ara obtener resultados aceptables con un

esfuerzo adecuado a las posibilidades propias. Por tanto, quedan las Fuerzas Armadas obligadas

apoyarse en el progreso tecnológico para cumplir las misiones que en cada caso les encomienda la

sociedad, que pueden reducirse básicamente dos: atacar o defender, si bien la segunda de ellas se

considera actualmente bajo el aspecto de disuadir al posible atacante.

Este encadenamiento entre las FF. AA. y la tecnología parece ahora irreversible. Aquéllas exigen

progresos a ésta, y cada avance de la tecnología sugiere a las primeras nuevas formas destructivas, cada

vez más perfectas.

Destrucción tecnificada

Sería hipócrita e injusto concluir el razonamiento en este punto. En primer lugar, porque la atroz espiral

de la destrucción tecnificada no depende sólo de las necesidades de las FF. AA. ni del avance

tecnológico; unas y otro son consecuencia de los deseos, explícitos o implícitos, de la sociedad.

La sociedad moderna rinde culto a la tecnología y ésta es ciega.

En segundo lugar, las FF. AA. no exigen solamente medios de destrucción, aunque éstos son, por ahora,

la base fundamental del ataque y la disuasión. Otras muchas necesidades secundarias de las FF. AA. se

sirve también de la técnica: el mando, el enlace, la organización, el transporte, el mantenimiento, etcétera.

En otros casos, son las exigencias militares las que provocan el nacimiento de un medio técnico de

ventajoso empleo fuera del campo militar; tal fue el caso del radar, por citar un solo ejemplo.

Podemos deducir de todo esto que la llamada "carrera de armamentos", de la que la mayoría de. los

hombres tienen a gala abominar, al menos a título individual, no es sino una consecuencia de la "carrera

tecnológica" que, por el contrario, es mayoritariamente recibida y aceptada como un bien para la

humanidad.

No es difícil, por tanto, apreciar una contradicción que importa subrayar: no son las FF. AA. las que

exclusivamente impulsan la carrera armamentista para su propio provecho; ellas se limitan a cumplir con

la misión que les asigna la sociedad, aprovechando naturalmente los progresos técnicos que la misma

sociedad suscita y aplaude. Una sociedad tecnificada ha de tener unas Fuerzas Armadas también

tecnificadas, y sería ilusorio pretender lo contrario.

Limitaciones armamentistas

Mientras a nivel mundial la sociedad humana se mueve en un entorno .cargado de recelos, ambiciones y

envidias, la técnica seguirá aplicándose también, de manera inexorable, a la muerte y a la destrucción.

Sólo las superpotencias pueden autoimponerse limitaciones armamentistas y obligar a otros países a

aceptarlas. Pero cuando cualquier país se sienta amenazado u hostigado, o cuando por otra razón

cualquiera decida combatir, la técnica estará a su lado para cooperar a sus esfuerzos bélicos. Más todavía:

cualquier día, un terrorista desesperado, para quien la civilización o el progreso pueden no significar

nada, encontrará en 3a técnica moderna ia posibilidad de desencadenar el caos a un nivel hasta ahora

nunca visto.

Ni la técnica es generalmente maligna ni las FF. AA. anhelan mayoritariamente la guerra y la destrucción

que ésta implica. Es el hombre, la sociedad, quien marca los rumbos tanto a la técnica como a las FF. AA.

y, por esto, antes de buscar en una como en otras el chivo expiatorio de los pecados de la sociedad, es la

sociedad entera la que debe analizar loa objetivos que se ha propuesto alcanza:, tanto á nivel universal, en

cuanto cada hombre se siente solidario de los demás de su especie, como a nivel local, en el ámbito de los

Estados y las naciones.

En tanto no exista posibilidad de fijar colectivamente unos objetivos incitantes a toda la humanidad, en

tanto subsista la necesidad de los diversos grupos humanos de atacar o defenderse, rio parece posible que

la doble carrera antes mencionada pueda ser frenada.

También la guerra psicológica

Además, ante el constante desarrollo tecnológico de la agresión por la fuerza, surgen nuevas formas de

acción ofensiva; si el enemigo es decididamente más poderoso en medios destructivos, se trata entonces

de minar su voluntad de defensa; si no quiere defenderse, poco importa que se halle perfectamente

armado. Y se actúa entonces sobre las mentes de los hombres a través de las diversas variantes de la

guerra psicológica, t a m bi é n altamente tecnificada:

En resumen, Ja interacción entre Fuerzas Armadas y tecnología no puede estudiarse separadamente del

resto de las múltiples interacciones humanas, si no se quieren obtener resultados falsos. Ambas emanan

de unas actividades específicas inherentes al hombre, el ataque y la. defensa en un caso, la satisfacción de

las necesidades con menos esfuerzo y más rendimiento, en el otro caso; por eso, ea cada momento,

reflejan la posición vita3 que adopta la sociedad humana.

 

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