Autor: Suárez Carreño, José. 
   La función de mandar en una democracia     
 
 Ya.    13/09/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

LA FUNCIÓN DE MANDAR EN UNA DEMOCRACIA

EN estos momentos en los que el país tiene que dispararse sobre la situación económica y social (que no

admite ya más espera ni plazos) y ponerse a trabajar a tope todog los ciudadanos, salta un nuevo asunto

político: el del diputado del PSOE señor Blanco. Se noa va la imaginación tras el mismo y la prensa

encuentra un poco tardíamente (por las fechas en que acaece) lo que antes se llamaba la "serpiente de

verano". Nos tememos estar ante una de esas situaciones políticas partidistas que se convierten en juncia

donde se pierde tiempo y energías en cuestiones que, siendo Indispensables de reglamentar en toda

democracia práctica (y, por lo tanto, siendo lógico y legítimo y hasta necesario que se esclarezcan

medíante las correspondientes investigaciones y encuestas por las distintas partes interesadas), se tor

nan, asimismo, tentación para que el partidismo inherents a toda organización política vuelva el pretexto

motivo y lo utilice como maniobra (en su natural competencia y rivalidad de venta del producto político)

frente al que representa máximamente dicha competencia: el Gobierno.

Nuestra Intención no es llevar naranjas a Valencia tratando como enésimo comentarista el asunto Blanco,

que nos parece ya archicomentado. Pero, en cambio, es de absoluta necesidad traer mesura y realismo a

nuestra práctica política y, sobre todo, que los bizantinismos que en la política formal se dan como setas,

no nos hagan perder nuevo tiempo mientras la crisis que se padece corre como un potro desbocado con

un destino tan seguro como inevitable: el final golpetazo,

DE ahí que lo lúcido sea salirse de una emocionalidad (que puede estar siendo fabricada) para planear

por arriba del concreto asunto del parlamentario y su inmunidad e ir al tema grande y global que ahora

mismo se vive por el país y del que el asunto Jaime Blanco no es más que anécdota, aunque

políticamente importante.

LO que hay que decir—y si hace falta, gritar—es que estamos metidos en una crisis social y económica

que es más grave, pero mucho más grave, que la de los años treinta, y que, además, no es española

privativamente, sino que afecta al mundo entero, ya que no sólo tiene contra la pared a todos los países

occidentales (salvo a USA, por el momento, y el siempre citado ejemplo alemán), sino, asimismo, a los

países socialistas. O sea, que no vale echar las culpas al franquismo, ya que dicho franquismo no tiene

nada que ver con la bancarrota italiana o el cinturón apretadísimo que hace tiempo sufren los ingleses. Y

que quede claro para "listos" y malpensados que el que esto escribe estuvo procesado y condenado en

rebeldía por dicho franquismo, y que al día siguiente de ganar el premio Nadal de novela se encontraba

como resignado huésped (incomunicado, etc.) en los sótanos da la Dirección General de Seguridad, ya

que la Policía llevaba en su busca y captura no menos de cuatro años,

A esta crisis general, y qua va para largo, no se la puede aplicar la enana estrategia de los partidos

políticos con sus interesas particulares, muy respetable», pero qua en esta ocasión no sirven, ya qua el

momento no es de maquiavelismos mas o menos lactantes ni de travesuras para que caiga el ministro del

Interior (por poner un ejemplo), creyendo que sa saca una pieza fundamental en el mecanismo que

supone el Gobiorno Suár&z, Son otros los temas que preocupan al hombre de baae >la UGT y a todos

los trabajadores sindicados y, sobre todo, a

José SUAREZ CARREÑO

(Continúa en pac.

(Viene de la pág, anterior)

esa inmensa mayoría de trabajadores sin central sindical y en estado independiente. El problema que

tiene España no sólo es grave, sino grande, y ello exige que se enfoque desde lo alto y á lo grande. Quie

re decirse que si los partidos políticos quieren ser por fin útiles, tienen que saltar de sus particularismos

para ponerse ai servicio dei país en general y de lo que hay que hacer aquí y ahora para que no se venga

abajo todo el capital material y moral que han ido consiguiendo con su trabajo y esfuerzo los españoles.

Y hay algo que el hombre del taller y la fábrica sabe bien, y es que para tener un puesto de trabajo seguro,

e incluso para llevarse la parte justa de lo que produce la empresa, resulta necesario que la misma

funcione, y ello implica una precondición que puede gustar o no, pero que ahí está, y es que exista en el

país confianza. La confianzrá es invisible, e incluso difícil de cazar conceptualmente en teoría, pero sus

efectos y resultados son tremendamente materiales y prácticos.

Hoy, el obrero no se chupa el dedo y tiene su idea sobre una serie de cosas que son concretas y están

Incidiendo sobre nuestra situación,de un modo que se empieza a acercar a lo espeluznante. Evasión de

capitales, caída en picado de la Bolsa, suspensión de pagos, empresas .que cierran, cero en inversiones,

lo mismo españolas que extranjeras, etc., no son fantasmas ni alucinaciones subjetivas, sano elementos

reales que están llevando a la agonía a nuestro sistema económico. Y los trabajadores y sus familiares

dependen de que las empresas funcionen y produzcan, y ellos puedan luchar por mejorar sus salarios y

condiciones de trabajo. Pero, olaro, eso sólo se da con fábricas abiertas y almacenes en olor de multitud,

es decir, con los . obreros y empleados en sus puestos de trabajo. Los trabajadores de base, como es na

tural, no disponen de sueldos por "largar" discursos y controvertir, como les ocurre (y es justo) a

senadores y diputados.

Hemos señalado para poner el dedo en la llama hacia la confianza que en estos momentos ha

desaparecido de nuestros suelos, ya que es planta muy delicada. Pero la confianza no cae del cielo ni se

autogenera por sí misma. La confianza es el resultado de algo que es esencial en todo .sistema, pero

mucho más en el democrático. Ese algo es la función de mandar, el que se mande y obedezca, que son

los dos términos que forman mecanismo para que lo comunitario, en cuanto a estructura y sistema,

trabaje. El problema no es de hoy, sino que viene de lejos; lo que ocurre es que se nos ha

superdramatizado. Pero ya Ortega dijo sobre ello cosas decisivas en su libro de 1926 "La rebelión de las

masas". Tomamos algunas partes del texto: "La función de mandar y obedecer es decisiva en toda

sociedad./ Como en ésta ande turbia la cuestión de quién manda y quién obedece, todo lo demás marchará

impura y torpemente"... "No se manda en seco. El mando consiste en una presión que se ejerce sobre los

demás. Pero no consiste sólo en eso. SI fuera esto sólo sería violencia.

No Se olvide que mandar tiene doble efecto: se manda a alguien, pero se manda algo. Y lo que se manda

es, a la postre, que participe en una empresa, en un gran destino histórico." Ortega ha hablado una vez

más con clarividencia y sirviendo más allá del tiempo material a nuestra incipiente democracia. Ahora, la

palabra la tienen el Congreso, el Senado y, por qué no decirlo, también el Gobierno que preside Suárez.

Pero no sólo ellos, que son minoría, aunque con la autoridad que la ley otorga. En este momento decisivo

tenemos que actuar y participar todos, exigiendo que se deje la paja y se vaya al trigo. Tal cosa tiene que

ser hecha por la gran base de donde todo sale: los ciudadanos, el pueblo español en su enorme dimensión

de historia que sigue su marcha.

José SUAREZ CARBEÑO

 

< Volver