Habla el presidente de la Comisión de Defensa. 
 El Senado reflexionará spbre la política militar     
 
 Diario 16.    05/01/1978.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Habla el presidente de la Comisión de Defensa

El Senado reflexionará sobre la política militar

Alberto Ballarín Marcial, senador por Huesca y presidente de la Comisión de Defensa del Senado, hizo a

D16 las siguientes declaraciones sobre las Fuerzas Armadas.

—¿Cuál es, desde su panto de vista, el papel que deben jugar las Fuerzas Armadas españolas en la nuera

etapa democrática?

—Yo distinguiría eJ papel constitucional del papel real o fáctico. El primero se re-. vela ya en el borrador

de la Constitución publicado por la prensa y se corresponde con los cánones corrientes en ia democracia. .

Interesante es el papel que de hecho ha jugado y está jugando el Ejercita en la transición democrática.

Gracias a su neutralidad serena y eficaz, las Fuerzas Armadas han contribuido de modo esencial que tal

proceso se esté realizando de modo evolutivo y gradual, con escrupuloso respetuosa la legalidad, por

haberse situado el Ejército en el terreno de la legalir dad bajo el mando supremo del Rey, que lo está

marcando ya con el sello de su personalidad de monarca joven, moderno y democrático. El Ejército, como

él Rey, no han servido a ningún partido, sino a todos los españoles en cuanto la soberanía ha pasado al

pueblo y éste ha podido ejercerla por medio de elecciones generales.

—¿Qué mecanismos deben existir para el control de las Fuerzas Armadas por, parte del legislativo?

—Los mecanismos de control de las Fuerzas Armadas por el poder legislativo no son diferentes de los

que existen para el resto dd poder ejecutivo, y administrativo del Estado. Estarán previstos también en la

Constitución y los señalan los reglamentos de ambas Cámaras. Aparte del control básico a través de la

discusión del presupuesto de las Fuerzas Armadas, creo que las comisiones de Defensa dd Congreso y

del;Senado van a jugar aquí un gran papel dadas las excelentes relaciones que hemos iniciado ya con las

personas que se hallan al frente del Alto Estado Mayor de los tres Ejércitos y del Ministerio de Ja

Defensa.

Nosotros, en el Senado, pensamos desarrollar al máximo las relaciones, asistiendo a maniobras, visitando

instalaciones militares de todo tipo, analizando cuestiones de armamento, reflexionando sobre «na

política de defensa, etcétera. Para ello contamos ya con los ofrecimientos más amplios y amistosos por

parte del general Gutiérrez Mellado y de los altos jefes del Estado Mayor, pues su deseo es que los

parlamentarios conozcamos a fondo la realidad de nuestro Ejército y sus necesidades y problemas.

—¿Cuál es su opinión sobre el tema de la sindicación dentro de las Fuerzas Armadas?

—Desde luego, yo no soy partidario de la sindicación de ,lps oficiales ni de los sindicatos de soldados.

Los considero incompatibles con el sentido de la unidad de ia jerarquía y de ía disciplina que es

consustancial al estilo militar español. Sé que hay países en qué tales sindicatos existen, pero los más

próximos a nosotros en idiosincrasia no aceptan esa sindicación, a pesar de contar coa una larga,y

ejemplar ejecutoria democrática. Ello no quiere decir que los militares .tengan que ser ciudadanos

oapitidis-minuidos o de segunda clase. Las, ordenanzas y normas que le son propias, ahora mismo en

trance de revisión, prevén para ellos el ejercicio de derechos que culminan en el de petición. Nuestro

Ejército pide, y habrá de obtenerlo, que se le digan claramente por ley los derechos y las obligaciones de

los militares.

—La justicia militar también está en vías de reforma. ¿Es usted partidario de restringir la jurisdicción

castrense al ámbito meramente militar?

—Me consta que el código de Justicia Militar se halla en situación de ser reformado y sé que se ha

constituido al efecto una comisión mixta. Ministerio de la Defensa Ministerio de Justicia. Desde luego, es

imprescindible actualizarlo. Opino que el signo de la reforma en lo que se refiere al ámbito de la

jurisdicción militar tiene que ser el de restringirlas a la materia estrictamente castrense; es decir, a lo

necesario para las finalidades del Ejército, qae como se sabe, son muy distintas en tiempos de paz o de

guerra. El fuero militar no lo gozan los militares como un privilegio, sino que, más bien, lo padecen como

tina carga muy rigurosa; este rigor es el que habrá ´de ser excluido o atenuado en una porción de casos,

como en las materias de juicios de faltas o en los delitos de circulactcEt u otros semejantes.

—¿Se inclina por el servicio militar obligatorio o por unas Fuerzas Armadas, integradas por voluntariado

únicamente?

—Estoy francamente a favor del servicio militar obligatorio. Me parece mucho más democrático que el

sistema de Ejército profesional, que tiene el peligro de alejarse del verdadero pueblo, pudiendo erigirse en

una casta de empleados. Con el servicio militar obligatorio se logra una fusión plena entre pueblo y

Ejército, y, además, una distribución igualitaria del honor y de Ja carga de servir a la Patria.

No hablemos ya de lo insoportablemente caro que resultaría para España un Ejército íntegramente a

sueldo. Por otra parte, el servicio militar, en nuestro país, constituye,- para muchos de los reclutas, la

ocasión de conocer otra cultura, otros modos de vidas, gentes de otras regiones, . y todo ello es muy

enriquecedor. Allí aprenden el sentido del deber y del orden, la importancia de la disciplina y «1 valor

del compañerismo.

Pueden subsistir cuerpos profesionales, como -la Legión, y es de prever que se desarrollen en el futuro, y

es de-prever ios puestos de especialistas profesionalizados para algunas armas modernas muy

sofisticadas; pero, repito, el Ejército, en su esencia y en su conjunto, tiene que ser popular.

Por cierto, qjie aquí podría plantearse el tema del Ejército femenino, empezando por los ámbitos

sanitarios y administrativos. Se ganaría en eficacia y podríamos ir a un servicio militar más corto e

intenso, que al rebajarse la mayoría de edad a los dieciocho años en ía nueva Constitución, quizá baila de

prestarse con esa edad, perturbándose mucho menos la formación del joven, que ahora ´ se ve partida en

dos por prestarse a los veintiún años.

 

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