Autor: Herrera, José Luis. 
   Por una Tudela libre     
 
 Informaciones.    01/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El español asomado

POR UNA TUDELA LIBRE

Per José Luis HERRERA

HAY algo que paraca Ir a misa: que el pueblo español sigue alendo una desventurada mayoría a la que

manejan, mangonean, manipulan, chulean y depredan, más o menos alternativamente, las dos

abominables minorías que sa han concedido, a fuerza da odiarse, al monopolio recfproco y sustitutorio da

cortar al baca* lao. La escuadrilla da los que, para evitar a! desafuero de los otros, ofrece al pueblo al

orden dentro de un orden, la felicidad del coma y calla y la paz de los sepulcros. Y al comando da los que,

en cuanto blandean de manos los anteriores, emplazan a traducir por cuenta propia y a Inventar la

historia; a poner en marcha el «túnel del tiempo», la cuenta atrás, para ofrecer al pueblo el gato por

libertad, que significa participar en todos los rencores y en todos ras sofismas da esos pocos profetas de

guardarropía.

Parece que en la partitura de nuestra democracia futura alguien se empeña en colocar un aburrido «da

capo*. Y no hay más remedio que recordar el lamento orteguiano que denunciaba, antes que nadie, que la

República no era aquello. Y emparejarlo con uno de los latiguillos de moda, para decir ahora: tampoco es

aso.

¿Es la democracia el escarnio público del Gobierna que ha salido de unas elecciones democráticas?

¿Consista la democracia en oponer, frente a la dictadura precedente, la vuelta a la vieja taifa? ¿Es

consustancial a la democracia estimular al relincho republicano, cuando todavía esto callente el Impulso

de la Corona pa.a que la democracia sea posible? ¿No hay democracia en Gran Bretaña, en Holanda, en

Bélgica, en Dinamarca? ¿Qué clase de unocracla hay en la Unión Soviética, en Polonia, en

Checoslovaquia o en Hungría? ¿Una democracia popular? ¿Por qué, entonces, nos hemos partido de risa a

cuenta de nuestra pasada —y bien pasada— democracia orgánica?+

Confundir la democracia con el revanchlsmo cerril, parklnsonlano de puro viejo, mucho más viejo que

otros viejos parklnsonlanos, no as moneda de recibo en ningún mostrador decente. No dejarla de ser, por

ejemplo, un buen número de circo el hecho de que alguien, a golpe de cuenta atrás, aventurara la teoría de

que en los Estados Unidos no habrá democracia hasta que las cosas vuelvan al punto en que se

emanciparon de Gran Bretaña, o de España. O que no habrá democracia en Italia hasta que todo vuelva a

ser como era cuando fue sorprendida por el Imperialismo fascista y capitalista de los germanos Invasores

que dieron cuenta del Imperio. Pero esto, que haría morir da risa, como nuestra democracia orgánica, a

una barbaridad de españoles, tocante aquf se toma en serlo y a nadie le extraña. Aquf la democracia

resulta Inseparable, no sólo de la Generalitat de Catalunya lliura. sino de la persone del honorable que

preside un ente de razón In partibus Infidellum; no sólo con el Estatuto de Euskadi askatuta, sino, a falta

del honorable Agulrre, del honorable Leizaola o del honorable Monzón, que está a partir un chacolí con el

honorable «Apala».

Es decir: aquf no estamos cerrando un proceso histórico para Implantar una democracia viva, sino

haciendo un corte de manga al franquismo y a los franquistas, para volver al punto de partida; para

despertarnos en el abril —tan políticamente primaveral— del treinta y uno, nuestro anterior milagro

político, en el que también dimos una barbaridad de pruebas de madurez y de civismo. Con lo cual, por

supuesto, ya están e! franquismo y los franquistas frotándose las manos; porque barruntan que, con la

precisión Implacable del reloj español, después del 14 de abril viene siempre ei 18 de julio y luego el 1 de

otro abril y, como poco, otros cuarenta años de lo mismo, contando con los progresos de la Medicina y

con lo vitalicio de las Magistraturas. La democracia recién parida puede que nos haya salido cuarentona y

menopáusica. Vamos, como para adoptarla.

Es claro que democracia, lo que se llama democracia, no nos ha sobrado desde los tiempos de don Pelayo.

Pero tampoco parece que nos la vayan a dejar tener ahora. Es claro que la democracia debe comportar et

arrumbamiento del pasado. Pero es evidente que de todo el pasado, y tanto más cuanto más pasado. Es

claro que la democracia debe Implantar la libertad. Pero es evidente que la libertad de todos; no la del

comando nostálgico y retrospectivo. Y es, sobre todo, nítido que la libertad que consiste en limpiarse los

zapatos con las decisiones del legítimo poder ejecutivo acaba por ser libertad de un día. Porque, para

decirlo como no lo hubiera dicho Beda el Venerable ni Stalin, que tampoco tenía sentido del humor,

estamos confundiendo aquf la libertad con el cachondeo.

Entre las columnas que han confluido en «la marcha», ese ejemplar espectáculo cuya única virtud parece

consistir en no haber producido muertos, una —acaso la quinta— venía de la Ribera para reivindicar la as

ka tute? de Euskadi. No dudo de que la Independencia de Euskadi —con su reembolso de los bienes

extranjeros y sus aduanas—, o la de Vilanova I la Geltrú. sean algo que alguna vez habrá que promover,

con el fin de que los demás de|emos de aguantar monsergas, sean con aire de tzorziko. sean con ritmo de

sardana. Lo que resulta grotesco es que se Implique, en los pruritos de esa libertad, a la Ribera, se conoce

que en virtud de alguna invención poética del honorable Monzón, a quien le ronronea el premio Nobel

por la caja de los sesos. Pienso que la Ribera, como casi todos, como el pueblo todavía español, no quiere

otros cuarenta años de depender de nadie. Pero tampoco quiere que se repitan los anteriores. Y temo que

la Ribera corra peligro de participar en cuantas marchas se le antojen a los marchantes, dado lo

privilegiado de su situación en el mapa. Hasta en la de emancipación de las islas Chafarfnas. Todo es

cuestión de que et honorable Monzón y sus extrañados unidos den más o menos cursos para polisarios

políticos. Que luego vendrán los polisarios de brigada. Y así. Hasta que un día el pueblo —lo que es el

pueblo— se dé cuenta de que le están poniendo los cuernos y acabe —sin reparar en el color de los

engaños— por hacer lo que nunca ha hecho por su cuenta: embestir.

 

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