Autor: Herrero y Rodríguez de Miñón, Miguel. 
   ¿Para qué sirve el Senado?     
 
 Diario 16.    17/06/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

¿Para qué sirve el Senado?

¿Para qué sirve? Por de pronto, boy por hoy, para complicar extraordinariamente la elección —yo auguro,

y ojalá me equivoque, gran número de votos nulos en las elecciones • -senatoriales— y para consumir, en

una dificilísima campaña, personas y energías capaces de mejorar, con mucho, las candidaturas al

Congreso. Después, en el quehacer constituyente de las próximas Cortes, en el mecanismo parlamentario

al que necesariamente hemos de dirigirnos... los dioses sabrán. Pero no es a este Senado establecido por la

ley para la Reforma Política —ley transitoria como su propio nombre índicça— al que quiero referirme.

Me refiero al eventual Senado a establecer en nuestra definitiva Constitución. ¿Para qué sirve?

La historia y el: derecho comparados arrojan un balance incuestionable. El Senado o Cámara Alta tiene

razón de ser cuando su composición refleja una estructura federal del Estado o una composición

desigualitaria, ya estamental, ya clasista de la sociedad. Los padres de la Constitución americana discutían

cómo había de componerse el Congreso de la Unión. ¿Con representantes de todo el pueblo? ¿Con

representantes de los Estados? La solución de compromiso consistió en superponer a una asamblea de

representantes de todo el pueblo, elegidos en función de la población, otra Cámara formada por

representaciones iguales de todos los Estados federados. La solución tuvo éxito y se exportó por doquier

cuando de organizar una federación se trataba. Por eso, Alemania, o, Suiza, o Austria, o Australia tienen -

un legislativo bicameral. Porque una de Jas Cámaras representa la unidad de todo el pueblo, y la otra, la

diversidad de sus Estados o países. Ha habido otro modelo de Cámara Alta. Aquella que reflejaba la

estructura estamental de la sociedad del antiguo régimen y ,de la Miguel Herrero de Miñón

que hoy es reliquia venerable la Cámara británica de los Lores. Una. asamblea représenla a los estamentos

privilegiados —clero y nobleza—; la otra, al estado llano, a los Comunes. Este es el modelo que los

imitadores de la Constitución británica importaron al continente en los albores del siglo XIX. Por eso

hubo en Francia Ü814-1848) o en Portugal (1826-1910) Cámaras de los Pares. Por eso hubo por doquier,

incluida España (1834-1923), Senados o Cámaras de los Proceres, donde a ´la nobleza de sangre se unió el

poderío económico. Una versión más sofisticada de este Senado aristocrático fue la Segunda Cámara

elegida por las Corporaciones locales. ¿Quién dominaba la vida local en las sociedades, todavía

eminentemente agrícolas, de la -Europa decimonónica? Los notables, representantes ilustres del poder

social tradicional y económico. Cuando el Senado no responde a una estructura federal o estamental no

sirve para nada, salvo para complicar la maquinaria político-constitucional. Por eso se ha debilitado al

máximo (Gran Bretaña, 1911 y 1949), ha desaparecido (Dinamarca, 1953, y Suecia, 1972) o ha tendido a

desaparecer (Francia, 1969). La defensa del Senado como Cámara de reflexión o compensación de la

Cámara Baja —¡cuánto daño ha hecho la lectura superficial de Montesquieu!— carece de fundamento. La

reflexión puede y debe estar presente también en una sola Cámara mediante un adecuado sistema de

comisiones y mediante la repetición de las lecturas y votaciones de los proyectos legislativos. Lo

contrario es suponeí que los diputados son necesariamente apresurados e insensatos, y los senadores,

reposados y sesudos, cuando, en un sistema democrático, y España ha de ser íntegramente democrática,

los miembros de ambas Cámaras deben ser elegidos de igual manera. En cuanto al equilibrio, ¿qué es lo

que el Senado puede hacer? Si su composición coincide con la del Congreso, reiterará el proceso con

lentitud. Si las mayorías políticas de una y otra asamblea no coinciden o una es democrática y la otra no,

en cuyo caso predominará la primera y el Senado es superfluo, o ambas Cámaras tienen el mismo origen.

En este caso, cuando la voluntad popular se distorsiona por dos sistemas electorales diferentes, ¿puede

seriamente pretenderse que la esquizofrenia es garantía del equilibrio? Pero, se dirá, la estructura regional

que España tan urgentemente necesita exige un Senado donde representar a los diversos miembros de la

Monarquía española. Sin embargo, un Senado elegido sobre base regional rio siempre desempeña un

brillante papel, y para demostrarlo basta atender al desvaído, cuando no disfuncioíial, Senado italiano. Yo

aconsejaría a mis amigos autonomistas que no se empeñasen en llevar la representación de los diferentes

Pueblos de España a una segunda Cámara que, como todas las de su clase, tiende a convertirse en Cámara

secundaría. Las "naciones, países y reglones" que componen la gran nación española son demasiado

importantes para ser arrinconadas en un Senado. Deben estar representadas en la Cámara única de las

Cortes. Para ello basta y sobra con hacer de cada región una circunscripción electoral única como hoy día

lo es la provincia. Al ser la región más poblada y amplia que aquélla, la mera distribución de diputados en

función de la población asegura a todas ellas un número de escaños suficiente. ¡No se requieren así los tan

criticados mínimos E Los intereses regionales quedan debidamente representados, a la vez que el sistema

proporcional de elección asegura que ningún partido localista va a monopolizar la representación regional

en las Cortes. Lo demás se dará de añadidura.

 

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