Inseguridad y nerviosismo     
 
 Ya.    02/09/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

INSEGURIDAD Y NERVIOSISMO

NEGAR que una sensación de inseguridad y de nerviosismo se *™ está apoderando de vastos

sectores del pueblo sería, negar la evidencia.

Ya bastarían para inquietar a los .españoles los problemas reales de una crisis económica

universal que nos alcanza especialmente impreparados. Tal crisis coincide con la

fragmentación de las fuerzas políticas en grupos rivales, que necesitarían emplear el ciento por

ciento de su patriotismo en preocuparse más de hacer una Constitución para España que una

plataforma para su ideología minoritaria. Y de todos los peligrosos vacíos, la falta de centrales

sindicales bien definidas, representativas y clarividentes es el más alarmante para la paz social,

PERO a esos problemas, que están ahí tin que los hayamos llamado, vienen añadiéndose con

ritmo creciente los que brotan con tal sincronismo y tan cuidadoso reparto geográfico que

resulta difícil no atribuirlos a una estrategia de guerra psicológica; paros, precios,

manifestaciones tumultuosas, reivindicaciones regionales contra todo calendarior marchas,

exigencias de resolver por vía coactiva lo que tendrían que resolver los jueces...

El entrecruzamiento de motivos Justos y de actitudes pasionales, y, sobre todo, la luz sobre lot

hilos del tejido social auténticamente desgarrado y las cuerdas d« marioneta que alguien

maneja por entre ellos, requerirá sucesivos comentarios, que eludimos hoy conscientemente.

En política, simplificar es desvariar.

Pero esta situación, tal como ella es, llega mañana y tarde 0 las columnas de la prensa: unos

cantan el cumplimiento de eut profecías apocalípticas, otros ponen música a la letra de sus

esperanzas incendiarias. Nada de ello sería demasiado alarmante si otros, finalmente, no

empezaran a ser expresión de un pesimismo contagioso.

¿Quién tiene que reaccionar? La autoridad política saliendo de las pequeñas

trampas locales y devolviendo a la autoridad el prestigio que los españoles están

echando de menos. Los partidos políticos que recibieron encargo clamoroso del

pueblo, cumpliéndolo y no abdicando en cabecillas a quienes nadie votó. Las asociaciones

patronales y las centrales obreras con cuidado de no serrar la rama sobre la que se

sientan.

Pero también nosotros, los periodistas, superando sensacionalismes, destruyendo mitos y

dando a las dificultades su valor relativo.

EL miedo puede provocar re fíejos saludables de defensa; el pánico, jamas. Y por graves que

sean los problemas que amenazan el ordenado andar d* los españoles en asta coyuntura

política y económica, de la cabeza fría de los dirigentes—y los periodistas figuramos entre

•líos—hay que esperar que orienten al público medroso hacía la puerta de soluciones

constructivas y no encierren a! pueblo español en el pasillo sin salida del pánico.

 

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