Televisión y cultura     
 
 Ya.    02/09/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 3. 

TELEVISION Y CULTURA

EL nuevo curso escolar está a la vuelta de. la esquina. Cerca de nueve millones de estudiantes, desde la

preescolar hasta la Universidad, estarán, en breve, con los libros bajo el brazo. Así se concreta, aun en

medio de una buena dosis de problemas sin resolver, la aspiración de la familia española a mejorar la

preparación cultural de su descendencia y, sobre todo, a dejarles como principal herencia un medio de

ganarse la vida a niveles superiores a los disfrutados por la generación precedente.

SIGUE sucediendo, sin embargo, que la participación familiar en la promoción cultural de ´las nuevas

generaciones se concreta, con excesiva frecuencia, en "costear los estudios" y dejar que las escuelas y las

nías hagan lo demás a su manera. De este modo, entre todos olvidamos un dato muy aportante de la vida

moderna: que la televisión desempeña, en lo tocante a influencia a la juventud, un papel notaement« más

decisivo que el ) toda la serie de profesores, mejor o peor preparados. Es más, la influencia de la

televisión se ejerce incluso sobre una buena parte de ese profesorado. La consecuencia más clara, a poco

que se preste atención a cómo se habla en la calle, en reuniones y hasta en la misma escuela, es la de un e

m p o breoimiento escandaloso de nuestra riqueza Idiomàtica, que viene a ser el síntoma de un paralelo

empobrecimiento de la riqueza cultural interna.

» ES consciente la televisión ¿E* de su gran responsabilidad ? A juzgar por cómo se expresan los

presentadores habituales de la pequeña pantalla, no lo parece. El empleo de extranjerismos, de palabras

cuyo significado parecen desconocer a juzgar por cómo las engarzan en la frase, y la pobreza de léxico

son ya proverbiales. La abundancia de telefilmes norteamericanos, monótonos y alienantes, no hace más

que agravar el problema. El comienzo del curso académico es una buena ocasión para exigir a la

televisión bastante más responsabilidad para nuestra cultura popular. El nuevo ministro de Cultura y

Bienestar tiene ahí buen campo que roturar. A ver si se nota.

 

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