Autor: Carabias Sánchez-Ocaña, Josefina. 
   Sin electrónica habríamos llegado antes     
 
 Ya.    17/06/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ESCRIBE;

JOSEFINA CARABIAS

Sin electrónica habríamos llegado antes

A las cuatro de la tarde me. encontré a un antiguo amigo en el aeropuerto de Barajas, donde yo había ido

a despedir a una persona´de mi familia. Al verme sé puso muy contento. Yo creía que era por el afecto

que nos une. Luego resulto que no era por eso

—Es que, al verte, lo primero que pensé fue: "¡Vaya!... ¡Menos mal que al fin voy a saber qué suerte ha

corrido mi voto,"

—¿Es que lo perdiste?...

—Espero que no. Pero los que hemos venido de lejos sólo para votar resulta que, si lo hemos hecho en

Madrid, todavía no sabemos exactamente quiénes son nuestros diputados. Me imagino que en los

periódicos lo sabréis todo.

—Sabemos lo mismo que tú.

—Sí; pero yo me he gastado el dinero en venir a votar en Madrid, y lo menos que tendría derecho a saber

antes de marcharme es el resultado de Madrid.

—Es que en Madrid el recuento global no está terminado. ¿Pero no te parece maravilloso que el día dé las

elecciones haya transcurrido como an día cualquiera? Yo comprendo que se marchen de malhumor

algunos corresponsales extranjeros, especialmente los que venían equipados como cuando iban a la guerra

del Vietnam. Pero nosotros tenemos que estar contentos de que todo se haya desarrollado con tanta

normalidad.

—En eso tienes razón. Yo me quedé asombrado mientras estuve en la cola del voto cuando observé que,

aquí donde siempre estamos discutiendo de política, los colistas que se conocían entre ellos hablaban de

todo menos de eso, seguramente para ño molestar a quienes les rodeaban.

—A mí también me ocurrió lo mismo. O sea, que ¡vete contento! Ya ves lo que dicen algunos periódicos:

"Hemos dado un ejemplo al mundo."

—No será un ejemplo de rapidez. Jamás he visto que en unas elecciones se tarde tanto en conocer los

resultados definitivos.

—Puede ser. Pero ten en cuenta que el sistema de votación era complicado. Y, además, que ahora todo se

hace a máquina.

—¡Toma!... Pues por eso tendrían que ir más de prisa. Mi padre me decía anoche que- él estuvo de

interventor en las últimas elecciones, hace cuarenta y un años, y que aquello sí que era tremendo. Como la

gente podía borrar de la lista al que no le gustara tenían que ir poniendo un palote detrás de cada

nombre... Total, que estuvieron encerrados en un colegio electoral hasta las seis de la mañana, porque la

suma de los palotes de unos interventores no concordaban con la de los de enfrente. Menos mal que antes

de que terminaran, ya les habían llamado por teléfono diciéndoles los resultados de toda España, i Y sin

computadoras!».

—Así se explica que fueran más de prisa. Yo no sé qué nos pasa a nosotros con las máquinas, pero el caso

es que el día en que se empleó por primera´ vez el sistema de votación electrónico en las Cortes tardaron

en votar: veinte minutos más que cuando lo hacían a viva voz. Entonces ¿tú eres partidario de que

volvamos a los tiempos de los palotes?

—Tanto como eso, no. Yo admiro el progreso y me encanta que se empleen las computadoras en los

resultados electorales. En Francia, las emisoras de radio tienen sus máquinas propias y ida gusto!... Media

hora después de empezar el escrutinio ponen la máquina en marcha, le echan de comer, es decir, que la

alimentan con los primeros resultados y en seguida explican a" los radioyentes qué es lo que señala la

"four-chette" (que no es un .tenedor, como tendríamos que decir nosotros si tradujéramos literalmente,

sino una especie de pinza), que marca los máximos y los mínimos de los porcentajes de cada partido. A

medida que pasa el tiempo, la pinza se va estrechando. Es una cosa parecida a los sondeos, pero más

exacta, porque los datos que se le echan a la maquina son resultados efectivos y no Intenciones de voto.

Todo esto es mucho más complicado de como yo se lo digo a ustedes. Pero el restiltado es maravilloso.

Por ejemplo, cuando al general De (Gaulle le ocurrió el desagradable e imprevisto incidente de que

Mitterrand le pusiera en trance de tener que ir a una- segunda vuelta., la "fourchette" nos había dado el

"chivatazo" con varias Roras de anticipación. Lo mismo pasa en las elecciones corrientes, donde también

las máquinas andan muy ligeras. Hay mucha gente que se queda en vela. Pero viendo en la televisión

númer.os de votos en lugar de ver números de "varietés"—como -ios par so a los telespectadores

españoles—, y, naturalmente, cuando sale el ministro del Interior a comunicar las resultados oficiales, ya

está todo el mundo en la cama, .excepto los periodistas que cubren la información y los políticos de

oposición, que se quedan esperando a ver la cara que saca el alto personaje y los eufemismos de lenguaje

que emplea para decir las cosas cuando éstas no han ido como esperaba el Gobierno. Aquí no se ha dado

este caso. El ministro tenía, prisa por salir a comunicar los resultados, porque le agobiaba saber que había

tantos periodistas esperando. La prueba es que nos dio antes el número de escaños que los porcentajes de

cada partido, que es lo que las-máquinas tienen obligación de determinar con exactitud antes que nada.

Un compañero mío que necesitaba redactar su información con la cifra exacto de esos porcentajes, y

estaba tan fastidiado cómo el viajero que tenía que marcharse sin saber los nombres de los diputados por

Madrid, dijo de pronto poniendo al revés un célebre "slogan publicitario":

—Sin electrónica, ya habríamos llegado...

 

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