Autor: García Fernández, Javier. 
 Comportamiento electoral de los madrileños/1. 
 Abstentismo generalizado     
 
 El País.    20/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PAÍS, sábado 20 de agosto de 1977

Comportamiento electoral de los madrileños / 1

Absentismo generalizado

JAVIER GARCÍA FERNANDEZ Profesor de Derecho Político

La referencia más cercana para obtener una idea del comportamiento electoral de los madrileños son las

elecciones generales a Cortes del pasado 15 de junio. Sobre un censo electoral de 2.746;850 personas, que

deberían elegir a 32 diputados y cuatro senadores, hubo un porcentaje de abstención del 15,98 %, El

resultado en escaños de estas elecciones, en la provincia de Madrid, fue de once escaños para la Unión de

Centro Democrático, con un 32,2 %, once escaños para el Partido Socialista Obrero Español, con un 31,5

% de votos, cuatro escaños para el Partido Comunista de España, con un 10,6 % de votos y tres escaños,

respectivamente, para Alianza Popular y Partido Socialista Popular que obtuvieron un 10,6 y 9,1 %. Las

elecciones para el Senado favorecieron a los tres Senadores para la Democracia y un representante del

Partido Socialista Popular. La opinión de los madrileños de cara a las elecciones municipales puede sufrir

variación y su com-portamiento-puede cambiar. La incógnita de las municipales puede desvelarse, en

parte pequeña, tras un análisis del comportamiento electoral de los madrileños desde la implantación del

sufragio universal en 1890. Cuarenta años de sequía electoral y de opinión, sin embargo, pueden tener un

fuerte peso especifico entre lo que es pasado, historia, y lo que es incógnita de un futuro cercano.

A paritr de la implantación del sufragio universal en 1890 se pueden establecer unas líneas de análisis

científico del comportamiento electoral de los madrileños. Ciertamente, ese comportamiento no responde

a los suspuestos de libertad y autenticidad que se dieron a-lo largo de la II República, pues la ley Electoral

de 1890, no garantizaba totalmente la limpieza del sufragio. Un segundo elemento distorsionador fue el

absentismo generalizado, que en Madrid alcanzaba siempre el 40 % de los electores (en las elecciones de

1905 y 1907 llegó a.l 65 %). Pero ni las insuficiencias de la ley Electoral de 1890, ni el amplio

absentismo ocultan una tendencia bastante acusada hacia el voto de la izquierda, entendiendo por tal el

Voto de los partidos antidinásticos.

Coalición monárquica

Entre 18.91 y 1923, los partidos de izquierda madrileños ganaron las elecciones seis veces, perdiéndolas

otras diez. Además, como el sistema electoral de´las circunscripciones urbanas se basaba en la reserva de

varios escaños a las minorías, igual que en la II República, en seis de las diez convocatorias perdidas los

republicanos y socialistas pudieron obtener los dos escaños reservados a las minorías, e incluso en una

ocasión tres escaños. Puede decirse, pues, que la izquierda ha tenido en la capital un peso electorál

importante. Incluso las elecciones ganadas por los partidos dinásticos estaban dominadas por la presencia

de los partidos de izquierda: recordemos que a partir de 1903, los partidos monárquicos se presentaban

coaligados, superando sus diferencias liberales y conservadoras, aunque nunca faltaba, algún disidente.

Por otra parte, en las elecciones ganadas totalmente por los partidos dinásticos es fácil detectar

enfrentamientos internos en el seno de la izquierda, causa frecuente de sus derrotas. En Madrid triunfó

por primera vez una candidatura republicana eni 1893, que volvió a Vencer en 1903. Las elecciones

celebradas entre una y otra fecha (1896, 1898, 1899 y 1901), se caracterizaron por Ja abstención

republicana, motivada por la ausencia de suficiente garantías electorales. A lo largo de todas estas

convocatorias los socialistas, en cambio, presentaron candidaturas propias, aunque no hay duda de que la

mayoría del electq-rado obrero se inclinaba entonces por los candidatos republicanos. Entre 1903 y 1910,

socialistas y republicanos siguieron presentando candidaturas separadas que permitían a estos últimos

alcanzar los escaños reservados a las minorías. Pero en 1910 y 1914, los partidos antidinásticos rompieron

su aislamiento, formaron la conjunción republicano-socialista y volvieron a triunfar.

Los socialista», favorecidos

La elección general de 1916 supuso un «bache» inesperado para la alianza antidinástica, que el tratadista

electoral Javier Tusell interpreta en base al desinterés popular por las elecciones. Otro tanto puede decirse

de la convocatoria de 1918, en que la izquierda aún no había logrado remontar el fracaso anterior.

Finalmente, la conjunción vuelve a triunfar en 1919, iniciándose en ese año un fenómeno que explica la

derrota izquierdista, de 1920: el proletariado madrileño varió su comportamiento electoral, desplazando él

voto que concedía a los republicanos hacia los socialistas. Como en 1920, no se llegó a un acuerdo entre

ambas fuerzas, la izquierda presentó tres candidaturas frente a otra única candidatura monárquica, que

venció. Por eso, los escaños reservados a las minorías no fueron a los republicanos, como era habitual,

sino a los socialistas, que constituían la candidatura más fuerte de la izquierda. Los datos que hemos

resumido muestran que, durante la restauración, el voto de izquierda nunca bajó en Madrid del 30 % de

los sufragios emitidos en cada convocatoria, al menos desde 1903, en que se rompe la tradición

republicana de propugnar la abstención. Así, en las elecciones de 1916—que fueron particularmente

desastrosas para la izquierda— la conjunción republicano—socialista obtuvo el 29,4 % de los votos

emitidos. En las de 1903, los republicanos consiguieron un porcentaje sor-predente, el 62 %, a los que hay

que agregar unos pocos miles de votos socialistas y esta elección es especialmente significativa porque el

Gobierno mantuvo una neutralidad que posteriormente no se repitió. La elección de 1903 —junto a la de

1893, cuando los republicanos se unificaron en torno a la Unión Republicana— ha sjdo, en cierto modo,

excepcional porque, faltó el elemento distorsionador del fraude tan común en la restauración.

En conjunto,-una tercera parte de los electores que, participaron en las convocatorias de la restauración

votaba a la izquierda y en ocasiones esta cifra subía a dos terceras partes. La derecha, por el contrario,

sabía la fuerza con que contaba y tuvo que ceder sus posiciones particulares de partido para • formar

coaliciones monárquicas que se enfrentarán con ciertas posibilidades de éxito a republicanos y socialistas;

 

< Volver