Autor: García Fernández, Javier. 
 Comportamiento electoral de los madrileños/y 3. 
 Las elecciones del franquismo     
 
 El País.    23/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Comportamiento electoral de los madrileños/y 3

Las elecciones del franquismo

JAVIER GARCÍA FERNÁNDEZ Profesor de Derecho Político

A partir de 1939 carece de sentido hablar de comportamiento electoral en España, pues sin sufragio

universal ni libertades públicas no se pueden estudiar seriamente unas elecciones. Entre 1947 y 1976, se

convocan en España tres referendums, dos elecciones para procuradores en Cortes de representación

familiar y ocho elecciones municipales para elegir concejales del mismo tercio, pero los tres referendums

se desarrollan en un clima de ausencia de libertades y de coacción sicológica, y en las elecciones

municipales y legislativas el cuerpo electoral resulta bastante reducido. Por todo esto, las referencias que

haremos al comportamiento seudo-electoral de los madrileños son levemente indicativas. Las elecciones

municipales de 1948, plantearon por primera vez desde la guerra civil el enfrenta-miento entre varias

opciones políticas. Evidentemente, la restricción del cuerpo electoral, limitado a los cabezas de familia,

indica la credibilidad que podía inspirar el llamamiento. No obstante, en toda España se enfrentaron

candidatos oficiales del «Movimiento» y candidaturas no oficiales. En Madrid se enfrentó una

candidatura «política», compuesta por personas sumamente conservadoras pero no falangistas, y otra

candidatura que representaba a algunos sectores mercantiles de la ciudad. El resultado fue 113.456 votos

para el candidato que encabezaba la lista «política» (Calvo Sotelo) y 43.707 para el primer candidato de

la lista «mercantil» (Barreras), registrándose una abstención del 40 % del censo. En otras dos ocasiones se

volverá a repetir el enfrentamiento electoral municipal entre candidatos del «Movimiento» y monárquicos

un tanto desvinculados del franquismo. En 1954 —quizá la ocasión más conocida— una candidatura

monárquica compuesta por Joaquín Calvo Sotelo, Torcuato Luca de Tena, Fanjul y Satrústegui se

enfrentó a la candidatura oficial y a otra independiente. Los hombres del «Movimiento» obtuvieron entre

233.000 y 223.000 votos, en tanto que los monárquicos consiguieron 54.000 y 51.000 votos. El resultado

tiene su importancia, tanto porque el Gobierno hizo todo lo posible para combatir a los monárquicos (el

general Franco Salgado llega a hablar de pucherazo), como por el hecho de que la derecha más

distanciada de Franco en aquellos momentos consiguiera un 16 % de los votos. En 1966, se volvió a

repetir el intento, pero con resultado muy diferente: con una abstención del 67 % del cuerpo electoral, los

candidatos oficiales consiguieron ridiculas votaciones que oscilaban entre 22.000 y 7.000 votos, mientras

que los monárquicos (que representaban candidatos mucho menos conocidos) no rebasaban los 7.600 en

el mejor de los casos. Con estas tres excepciones, las elecciones municipales para el tercio de

representación familiar han sido un medio para introducir en el Ayuntamiento a los representantes de los

grupos de presión municipales, especialmente a los intereses inmobiliarios. Las elecciones para elegir dos

procuradores de representación familiar han carecido incluso del leve dramatismo de algunos de los

comicios municipales. Introducida por la Ley de Representación Familiar de 1967 —en desarrollo de las

reformas establecidas por la ley Orgánica del Estado— la figura del procurador familiar no ha alcanzado

en Madrid el carácter moderadamente inconformista que ha distinguido a algunos padres de la patria. En

las elecciones de 1967 —las primeras celebradas por sufragio directo, aunque no universal— el abanico

que se ofrecía al electorado madrileño giraba entre la extrema derecha falangista y algún hombre del

régimen matiza-damente contestatario como Fanjul o Cantarero. Esta clase de candidatos y la propia

naturaleza de las elecciones no permitieron ofrecer una idea clara de lo que pensaba el electorado

madrileño, aunque el factor curiosidad sirvió probablemente para reducir el abstencionismo. No obstante,

de un censo electoral de 1.565.777 personas sólo votaron 872.099, lo que da un abstencionismo del 44,3

% en el municipio madrileño. Este índice de participación es más bien bajo, pues sólo hubo otras doce

provincias donde la participación no llegó al 5 5 %. En las elecciones de 1971, el absentismo creció en

toda España y en el municipio de Madrid sólo votaron 542.670 electores de un censo dé 1.709.086, lo que

da un índice de abstención del 68,3 %, que es muy superior a la media nacional del 50 %. La explicación

es lógica: al escepticismo que inspiraba la figura del procurador familiar tras la experiencia de la le-

gislatura de 1967 se agregó la falta de atractivo de todos los candidatos, ninguno de los cuales ofrecía

siquiera la imagen contestaría de otros procuradores, como Espe-rabé, Escudero o Tarragona. Cómo se

ve, el madrileño ha sido sumamente escéptico ante las convocatorias electorales del franquismo. Aunque

no es fácil desglosar la participación media del electorado del municipio, el índice de la provincia se

aproxima al índice nacional de 1967(35,6 %). Finalmente, quizá sea en los referendums donde mejor se

observaron las transformaciones socio-económicas que ha experimentado la capital del Estado. En 1947,

los madrileños participaron en un 87,2 % del censo electoral (723.131 sobre 828.538), de los que el

72,5% del electorado votó afirmativamente y el 10 % lo hizo negativamente. De estos datos se deduce

que el 23,5 % del cuerpo electoral madrileño dio un voto de oposición antifranquista (abstención, voto

negativo o voto nulo), si bien las cifras oficiales no ofrecen ninguna credibilidad. En 1967, el voto de

oposición alcanzó el 17,9 %, pues sobre un cuerpo electoral´de 1.904.617 votó sí el 82 %. Este porcentaje

equivale a la media nacional del 85,5 % pues sólo dos provincias bajaron de esa cifra. No obstante, el

montaje publicitario de 1966 fue quizá el más llamativo de los tres referendums y esas cifras —más que

en otras convocatorias— no ofrecen la menor credibilidad. Por último, en el referéndum de 1976 el 22 %

del electorado madrileño siguió las consignas de abstención de la oposición democrática, a los que hay

que agregar 51.865 papeletas en blanco y 5.000 votos nulos. Es un porcentaje superior a muchas capitales

y provincias, aunque tampoco resulta excesivamente desproporcionado.

 

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