Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Crisis económica, pacto social y acuerdo político     
 
 Ya.    10/09/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 13. 

CRISIS ECONÓMICA, PACTO SOCIAL Y ACUERDO POLÍTICO

EW bien sabido que vivimos en una crisis económica grave, que afecta al mundo

entero, si bien de

manera diferente. La opinión tuvo conciencia de ello a partir de 1974, a raíz de

la crisis de los precios del

petróleo y de la gran inflación que siguió inmediatamente, a finales de 1973 y

primeros de 1974 (15 por

100 en promedio), y de la deflación son la cual reaccionaron muchos Gobiernos en

el resto de 1974 y

1975. A partir de entonces se ha producido un grave estancamiento del desarrollo

económico que los

países occidentales habían mantenido durante casi un cuarto de siglo; un exceso

de inversión y una serie

de estrangulamientos inflacionistas (falta de puertos, de comunicaciones, de

canales de distribución) en

los países productores de petróleo, y una agravación de la situación (con fuerte

endeudamiento) en los

demás países subdesarrollados, que tienen que pagar más por sus importaciones,

sin poder cargar el

precio en sus exportaciones.

BI resultado es una gran inestabilidad económica que ha repercutido, como era

inevitable, en la

estabilidad social y política del mundo actual.

Por supuesto que la causa no es única, pero conviene recordar que e» Sudamérica,

Venezuela y Colombia

(ésta con recurso frecuente al estado de sitio) son los únicos países que tienen

Gobiernos constitucionales;

que África entera, de Norte a Sur, se encuentra en una situación de luchas

armadas y de total

inestabilidad; se lucha en la frontera entro Egipto y Siria; en la confluencia

de Argelia, Marruecos y

Mauritania; entre Etiopia y sus territorios de, Eritrea y contra Somalia; en

Rodéala y en Sudáfrica; sin que

Angola y Mozambique hayan logrado su estabilización. En Asia, sabemos poco de lo

que pasa tras los

telones de bambú; pero, en definitiva, podemos adivinar (respetando a los

optimistas) que desde el Líbano

a Indonesia las cosas no están quietas.

VOLVIENDO a la economía, es indudable que la crisis más reciente tiene sus

raíces en hechos

anteriores. El sistema monetario y económico establecido al final de la segunda

´guerra mundial se venía

derrumbando hacia tiempo. En 1965, Estados Unidos (núcleo y garantía del

sistema) había iniciado una

fuerte inflación, en buena parte debida, a la guerra del Vietnam, y a exportarla

al resto de los pauses

occidentales. En 1BT1 se produjo la devaluación oficial del dólar, y a partir de

1975 pueden considerarse

liquidados los acuerdos de Bretton Woods, entrando todos los países en un

sistema de flotación

generalizada y de decisiones arbitrarias e insolidarias sobre su divisa, cuya

muestra más reciente es la

devaluación de la corona sueca.

En 1974, el cambio en los precios del petróleo originó unos déficits globales

que rebasaron los 52.000

millones ds dólares. Después, unos países se defendieron importando menos y

exportando más y más

caro; otros, endeudándose, en términos que en este momento tienen en "suspenso"

a todo el sistema

bancario mundial. Pero es lo cierto quilos países de la OPEP siguen apretando el

tornillo periódicamente,

sin que baste la prudencia (basada en una situación diferencial, de menos

capacidad de inversión) de la

Arabia Saudita para compensar la tendencia.

El resultado es que estamos todos con graves problemas de inflación, de déficit

en la balanza de pagos, de

falta de inversión y de liquide.?, de paro creciente y, lo que es peor, de

ausencia de creación de puestos de

trabajo para las nuevas generaciones, que golpean cada año las puertas del

sistema económico y social.

PENSAR que se puede salir •*• de estos problemas con frivolidades y demagogia es

absurdo. No habrá

salida del problema económico sin un pacto social, y no se podrá llegar a

acuerdos políticos viables sin

que se produzcan soluciones a los temas económico-sociales.

Todos los países tienen planteados estos problemas de «« modo u otro. En

Inglaterra, hay plena

conciencia de que el desastre económico puede romper la pus social y ]a

estabilidad política; algunos ven

avanzar un "Estado corporativo", no gobernado por un Parlamento democrático,

sino por acuerdos

directos entre las corporaciones industriales y los sindicato». Francia está

políticamente paralizada,

pendiente de las elecciones del año próximo y de la posibilidad de que se

aplique el "programa común"

socialista-comunista. Italia tente aun más una victoria comunista, sin

paliativos, El país que logró, al final

de la guerra y tras la caída de Mussolini una mayoría estabilizadora de

centroderecha, que logró un gran

desarrollo "económico", está ahora cercana al Gobierno de Berlinguer, tal vez

"compromiso

histórico", por cierto que Raymond Aron ha observado, a este respecto, que en

Italia la democracia

parlamentarla ha hecho progresar al comunismo y que "no es verdad que los

regímenes autoritarios abran

el camino a los movimientos revolucionarios 9 inflen sus efectivos", sino que a

menudo se produce la

inversa: "es la libre expresión de las ideas y de las reivindicaciones la que,

poco a poco, refuerza los

extremismos". En otros casos, en fin, países como Suiza han descubierto lo que

supone para su

estabilidad social el tener casi un 50 por 100 de mano de obra extranjera,

cuando, a partir de un cierto

nivel de desarrollo, la gente rechaza determinados trabajos. En fin, visto ya

desde el conjunto, es evidente

que el "sagrado egoísmo" nacional, en cuanto a las balanzas comerciales, y la

disparidad, de las políticas

monetarias, están desintegrando el Mercado Común.

ALEMANIA y los Estados Unidos se han defendido mejor porque en ambos casos los

sindicatos han

comprendido que el aumento de los salarios nominales sólo se refleja en la

capacidad económica en

términos a la vez reales y duraderos, si procede de un aumento de la

productividad, y si no afecta a la

capacidad de las empresas de producir un beneficio y de reinvertir. En ´todo

caso, nadie marcha bien del

todo, y siempre deberemos preguntarnos si los casos extremos de loa "hombres

enfermos" de Europa

(Inglaterra e Italia) contienen problemas específicos de estos países, o bien

son la versión extrema y

aleccionadora de la crisis general.

Pero ya que hablamos de enfermos, vengamos a nosotros mismos. Es indudable que

España se encuentra

ya—y podrá hallarse de modo aún más grave dentro de poco—en medio de un serio

complejo de

problemas económicos, sociales y políticos. ES tarde, ya para comentar si la

situación hubiera podido ser

mucho más despejada si en vez de la dialéctica rupturista (sólo eludida, y cada

ves menos, en el

formalismo jurídico) se hubiese seguido la de la continuidad reformista, sin

entreguismo sistemático y

con un plan serio de adonde se quería ir. Estamos donde estamos, y los que deban

responder, que

respondan de todo ello.

España tiene una seria situación económica. EI crecimiento económico de los años

sesenta y primeros

setenta se ha detenido. De una balanza de pagos sana hemos pasado a un déficit

anual superior a los

cuatro mil millones de dólares. De no tener prácticamente deuda exterior, hemos

pasado a acercarnos

peligrosamente a los 15.000 millones de dólares. De presupuestos equilibrados

hemos pasado a la

dramática situación actual, de un déficit de 200.000 millones de pesetas en el

presente ejercicio,

NO vamos a analizar aquí la corresponsabilidad con que todo esto ha sido tratado

en el último año y

ocultado a la opinión, por inadmisibles razones electorales. Repito que estamos

donde estamos.

Pero sí hay que subrayar las consecuencias de todo ello en varios aspectos. Los

que han tenido aumentos

de sueldos o de pensiones deben saber lo poco que la inflación los va a

respetar. Los que han recibido la

pedrea de las subvenciones deben recordar la paralización que la propia

inflación está produciendo en la

inversión pública, dados los trámites complejos de ésta (subastas,

adjudicaciones) y sus plazos más

largos, sobre todo cuando interviene más de una administración (por ejemplo, en

los planes provinciales),

Cada vez son más frecuentes las licitaciones desiertas, las rescisiones de

contratos, las revisiones de

precios, el desánimo de todos. Si a esto se añade que, por rozones en gran parte

políticas, la mayoría de

los departamentos están en reorganización y sin liderazgo claro ni instrucciones

precisas, y que las

administraciones locales se encuentran en prolongada interinidad, el resultado

es fatal para todo el sector

público.

En cuanto al sector privado, aparte de las dificultades que derivan de esa

parálisis administrativa, los

problemas son también gravísimos. No hay beneficios que animen al inversor; no

hay liquidez para el

funcionamiento normal; no hay planes claros que orienten el desarrollo; no hay

seguridad laboral, porque

los convenios (por recientes y generosos que sean) son rotos por huelgas

salvajes; no hay interlocutor,

porque las centrales sindicales no controlan a la base, presionada, por

grupúsculos de activistas.

En estas circunstancias, las medidas económicas del Gobierno vienen a añadir

nuevas cargas, sin

contrapartida, y las palabras de alguno de sus miembros, a añadir el agravio a

la incomprensión.

Todos los que desde el Gobierno o desde cualquier otro centro de influencia

(Cortes, partidos, medios de

información, agrupaciones empresariales o sindicales, etc.) tengamos alguna

posibilidad de actuar al

respecto, debemos hacerlo sin demora. Sin una economía sana $10 puede haber una

sociedad estable ni

un Estado civilizado. Tenemos buenas bazas, si las usamos; el pueblo español no

es, gracias a Dios, la

masa empobrecida e inculta de los años treinta. No es menos cierto que en

España, como en otros países

mediterráneos, el desarrollo no ha producido tanto una, "satisfacción

discutidora" como una

"insatisfacción reivindicar dora". Pero aún estamos « tiempo de salvar a España,

lo más importante. Si

ella se hunde, nadie podrá salvarse por separado.

Manuel FRAGA IRIBARNE

 

< Volver