Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
 Nota internacional. 
 Presiones internacionales a favor de la moderación y el realismo     
 
 Informaciones.    20/06/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

NOTA INTERNACIONAL

A FAVOR DE LA MODERACIÓN

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

BRUSELAS, 20.

LA Prensa europea hacía ayer, en sus periódicos dominicales, el balance de los recientes acontecimientos

políticos en España y el elogio de un país con vocación democrática, sorprendentemente equilibrado tras

cuarenta y un años de dictadura a la hora de decidir, por sufragio universal, el sistema de regir sus

destinos y de administrar sus patrimonios material y espiritual. V exaltaba la actitud del pueblo para

afrontar un futuro inmediato envuelto en vapores de incertidumbre para todas las naciones de tradición

occidental. Rendía ana vez más tributo a la voluntad del Bey don Juan Carlos de encauzar a España por la

vía de incorporación a la tarea complicada de construir Europa y de ubicarla, con «status» de pleno

derecho, en la Comunidad de naciones con intereses idénticos o afines y con objetivos económicos,

sociales y políticos coincidentes en el mundo de nuestro tiempo. Para el hábil — y también un poco

mago— ejecutor de esos designios reales, el presidente don Adolfo Suárez, no faltaban ni faltan los

elogios ni los estímulos entremezclados con promesas condicionadas de apoyo y de solidaridad.

Los condicionamientos consisten en que no disminuya el ritmo del tránsito desdé el franquismo a la

verdadera legalidad constitucional y en que no se tuerza la cabal trayectoria de tas acciones innovadoras.

Y también en el enfoque de (os problemas económicos. Los analistas occidentales del «caso España» (los

de la Prensa y los diplomáticamente calificados de (as cancillerías) creen que, tanto la Corona como el

tercer Gobierno de la Monarquía, que todo indica que va a dirigir el señor Suárez, habrán de tener en

cuenta estos importantes factores: ai El P.S.O.E. (renovado) es también, con rango paralelo y en modo

alguno secundario respecto del Monarca y de su primer ministro, indiscutible triunfador, y b) Por la

fuerza inexorable de los acón teceres y de la idiosincrasia nacionales, los jóvenes líderes del´socialismo

renovado, pese a sus asombrosas calidades y cualidades, son también españoles; Españoles jóvenes,

formados en un clima de implacabilidad de ios vencedores en .relación con los vencidos de una guerra

civil que no vivieron. Esto es, que comprensiblemente pueden estar un tanto poseídos por los demonios

nacionales de la intransigencia y el triunfalistrio. Conviene que, desde fuera de España, se señalen sin

circunloquios los fenómenos que, tal vez porque provocan estremecimientos medulares, rehuyen las

voces y las plumas de) areópago interno- Éstos:

• La Unión de Centro Democrático no es una formación homogénea en los planos orgánico e

ideológico. Ha resultado relativamente fácil imprimirle apariencias armónicas a favor del ejercicio

del Poder y merced a tos extraordinarios gustos del riesgo e intuición política del señor Suárez. Este

tendrá, pues, que proceder en el futuro con sumo tacto y. eon visión muy precisa de las realidades.

• El P.S.O.E. no presenta todavía ana identidad nítida, parece equidistar entre la convicción de que

la Monarquía es el sistema de Gobierno más favorable para España en las actuales coyunturas nacional e

internacional y las ancestrales inclinaciones republicanas del partido. No conviene por ello provocar en

sus filas estados de ánima como el que ha suscitado la tonalidad política de la mayor parte de las

designaciones de senadores por ejercicio del derecho real.

No es de excluir que estos días don Felipe González esté . escuchando en Nantes, donde se halla con

motivo del Congreso del Partido Socialista francés, sabios, consejos de sus amigos y maestros de Europa

del Oeste. Sus principales interlocutores, Mitterrand y el nuevo ministra de Negocios Extranjeros de

Bélgica, Simonet, parece que le han hecho consideraciones moderadoras de ciertos ímpetus explicables.

Por su parte, las autoridades de la Comunidad de los «nueve» y ciertos Gobiernos amigos de ambas

riberas del Atlántico habrían dirigido a la España oficial —poniendo bien- de relieve que no tratan de

inmiscuirse en los asuntos internos del país, sino de ayudar sinceramente al Soberano español y a su

Gobierno— discretas reeontendaciones Hasta, quizá, las Casas Reales de Bélgica, Luxemburgo, los

Países Bajos y la Gran Bretaña pueden haber, acaso, transmitido reflexiones «de familia» al egregio

ocupante de la mansión madrileña de La Zarzuela. Los españoles no deben olvidar que, pese a admirables

actitudes iniciales de calma y de civismo populares de épocas no muy lejanas en el contexto de la

Historia, se encendieron luego tremendas tragedias, porque la intransigencia y la pasión acabaron

predominando sobre el sereno concepto de Patria sin repiques de castañuelas, psicosis morbosas de

machismo o estados de ánimo populacheros de patío de riña de gallos.

 

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