Pacto político     
 
 Diario 16.    03/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Pacto político

Dos meses después de las elecciones, el tercer Gobierno de la Monarquía ha entrado en una grave crisis

de confianza. De confianza Interna, en sus propias fuerzas, y entre sus componentes, y de confianza

externa respecto al resto de las fuerzas políticas y del conjunto del pueblo español.

El plan de reformas económicas, para el que se llamó al profesor Fuentes Quintana, y que se dejó en

manos del ala izquierda de la UCD: los socialdemócratas de Fernández Ordoñez, no sale. Algunas

explicaciones, buenos propósitos, pero los interlocutores válidos, sindicatos y empresarios le han dicho

tío, cada uno por motivos diferentes, pero justificables desde sus opciones. No se les consultó

previamente, ahora no están dispuestos a comulgar por decreto.

Los sindicatos desean libertad, leyes y reglas para actuar en las empresas y reparto del patrimonio

sindical, que está en manos de la AISS y languidece, lo mismo que sus funcionarios, sin saber cuál será su

suerte y su destino definitivo. Por si fuera poco, se ha hablado de que el partido de Suárez pretende

montar un sindicato, que huele a amarillo mucho antes de su nacimiento.

Los empresarios, por su parte, ven cómo las empresas se dcscapitalizan, cómo los mercados exteriores se

endurecen por las medidas proteccionistas de los respectivos Gobiernos, y cómo el mercado interior acusa

una fuerte baja de la demanda, ante el menor prefer adquisitivo de la sociedad.

Ven también cómo una política monetaria restrictiva, necesaria, pero no suficiente para resolver las crisis,

les conduce a la quiebra y a los expedientes de crisis en las medianas y pequeñas empresas. Y esto

conduciría, a corto plazo, al paro a cientos de miles de españoles, a un seguro de desempleo cada vez más

ineficaz y peor controlado y a un fondo de protección salarial desbordado desde el principio y que ha

supuesto una nueva decepción —otra más— para los trabajadores.

Hay, al tiempo, una grave crisis de autoridad por parte del Gobierno. No es que le talle autoridad, ya que

la impone por medio del palo, sino que se ve impotente para ejercer líi acción de Gobierno sin medidas

coercitivas. Las tiene que emplear en las manifestaciones por un tema tan viejo y tan irresuelto como es el

de la amnistía. Las tiene que emplear ante las subidas unilaterales de precios por parle de algunos

sectores, mientras que las asociaciones de amas de casa y consumidores apenas pueden dejarse oir. Las

tiene que emplear, por último, para sujetar a sus propios miembros que en los distintos escalones obran

según su gusto y sin someterse a la mínima y exigible disciplina.

Crisis de confianza y crisis de autoridad, producto cíe un hecho que el presidente Suárez no se ha dignado

considerar hasta ahora: la UCD no ganó las elecciones, ya que si obtuvo el 33 por 100 de los votos, Ja

oposición se quedó con el 67 por 100 restante. Una oposición dividida y que cobija a fuerzas tan dispares

como Alianza Popular, el PSOE y el PC de Santiago Carrillo, por mencionar tan sólo a los grandes

partidos parlamentarios y que puede caer en la tentación de hacer un "pim, pam puní" con el Gobierno.

Pero en la UCD y en el Gabinete ocurren cosas aún peores, y volvemos a las discusiones entre Alvarez de

Miranda y Camuñas; Fernández Ordonez y Garrigues; Jiménez de Parga y Oliart.

Es hora de que Suárez decida entre ser un político de partido o un estadista de un país que acaba de salir

de una dictadura. Necesita consolidar una democracia y debe hacerlo en las peores condiciones

económicas.

El país necesita con urgencia un pacto entre las grandes fuerzas políticas que componen el actual espectro

español. Con todas las virtudes y defectos de éstas. Un pacto político mínimo en el que se establezcan los

derechos y obligaciones de unos y oíros, con claridad y claridad pública.

Un pacto político del que se informe a la nación, a toda la nación: desde el mundo del trabajo a la gran

Banca; desde las regiones más atrasadas a las que aspiran a una autonomía desde ahora mismo; desde los

jornaleros de Andalucía y Extremadura a los pescadores de Galicia y Canarias.

Un pacto con la responsabilidad que se pide y se reconoce en el pueblo. Y un pacto que se cumpla. Esa es

su tarea, señor presidente y señor Parlamento.

 

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