Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   No basta ya con condenas verbales     
 
 ABC.    28/09/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

28 DE SEPTIEMBRE DE 1977.

APUNTE POLÍTICO

No basta ya con condenas verbales

Por José María RUIZ GALLARDON

Estoy absolutamente seguro de que todos los periódicos, todas las radios y la televisión van a condenar, o

han condenado ya, el asesinato a sangre fría cometido ayer en Madrid en la persona del capitán de la

Policía Armada, don Florentino Herguedas.

Estoy también convencido de que esas condenas son sinceras. Que, incluso, las que provienen de partidos

políticos de izquierda y hasta de extrema izquierda deploran el hecho en sí, aunque, probablemente, por

razones no del todo coincidentes con las de quien firma estas líneas.

Pero ya no es de eso de lo que hay que tratar. Ya no bastan condenas con palabras sentidas y solemnes.

De lo que tenemos que tratar, lo que nos exige nuestra conciencia cívica y hasta la más elemental ética y

aun racionalidad ciudadanas, es de otros temas.

Tenemos que decidir si estamos dispuestos los españoles a continuar en este clima de ingorbenabilidad y,

en caso de no estarlo, cuáles son los remedios que es necesario poner en práctica.

Hace muy pocos días se celebró un Pleno del Congreso con ocasión de un incidente cuyas características

grotescas fueron resaltadas por gran parte de la Prensa. Un determinado diputado, entremezclado en la

degeneración final de una manifestación, había recibido algún golpe. ¡Y se pedía nada menos que la

dimisión del ministro del Interior, el fin de una supuesta represión y casi la disolución de las fuerzas de

Orden público!

El pueblo, los ciudadanos corrientes y molientes, asisten atónitos a todo este espectáculo. Ayer, uno de

los hombres integrados en las Fuerzas que defienden la paz ciudadana caía asesinado. No era un diputado.

Era un capitán del Ejército español, para mí algo mucho más importante, y que comporta muchos más

timbres de honor que la condición de elegido el 15 de junio. ¿Qué habría que pedir ahora en las Cortes?

¿Qué decisiones sería urgente adoptar para cortar hechos luctuosos como éste? ¿Acaso bastaría con la

dimisión del ministro del Interior, acosado por determinados parlamentarios? ¿No sería más lógica la

revisión total de la política del Gobierno y también de la estrategia del partido que provocó el anterior

Pleno en orden a la salvaguarda de las vidas de los españoles y, naturalmente, de los de aquéllos a quienes

se encomienda la defensa de su seguridad? ¿No es una vergüenza o, peor aún, un craso error, mantener

vigentes unas leyes que están siendo incumplidas impunemente todos los días por otros asesinos a quienes

ya, sarcásticamente, se les llama tan sólo «extrañados», pendientes de una nueva amnistía, de un nuevo

perdón por hechos cuyos autores no quieren ser perdonados y que los repetirían una y mil veces?

Les guste o no les guste a los patrocinadores de la nueva y prevista amnistía, hay algo en mi interior que

me obliga a decirles que por ese camino se llega a estos resultados, que con esos mimbres se tejen las

cajas mortuorias de unos hombres entregados de por vida a defender a España y a los españoles.

Un Gobierno que reaccione con simples condenas verbales a las que añada luego la pasividad en la puesta

a disposición de la justicia de culpables y aun condenados por sentencia firme y deje entrever que está

dispuesto a un nuevo acto no de perdón, sino de real declinación de derechos y olvido de deberes, es peor

que un Gobierno débil: es un Gobierno definitivamente equivocado.

Porque frente a la reiteración del crimen no se ha inventado hasta ahora, ni en un régimen democrático ni

en ningún otro» más que un sistema para el mantenimiento de la paz, el mayor bien de los pueblos: la

estricta aplicación de la Justicia. Igual para todos e inflexible para los reincidentes.

Lo demás desdice y menoscaba las bases de convivencia ciudadana y transforma al nuestro en un pobre

país desgobernado y vacilante.

J. M. R. G.

 

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