Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
 La rosa y la espada. 
 Meditaciones poselectorales     
 
 ABC.    18/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC.

SÁBADO, 18 DE JUNIO DE 1977.

LA ROSA Y LA ESPADA

MEDITACIONES POSELECTORALES

Por Torcuato LUCA DE TENA De la Real Academia Esfumóla

La víspera de las elecciones, escribí: «Hay que acatar, hay que respetar la voluntad popular nos haya sido

favorable o nos haya sido adversa.» «Hay Que seguir las reglas del .juego.» «Tenemos que demostrarnos

a nosotros mismos (los españoles) que somos dignos y capaces para intervenir en las funciones del

gobierno del Estado a través del voto y tener conciencia —unos y otros— que se puede ganar y se puede

perder. Pero esto no es lo esencial. Lo esencial es que quien no pierda sea España. He aquí el más

importante de los puntas de convergencia entre unas y otras agrupaciones políticas. Que gane España. Y

PARA ELLO ES NECESARIO QUE APENAS CONCLUYA EL LICITO ACALORAMIENTO

PASIONAL QUE CADA UNO HAYA PUESTO EN LA CAMPAÑA, CESE LA FIEBRE

ELECTORAL Y LAS PASIONES CEDAN PASO A LA SUPREMA RAZÓN DE LA

CONVIVENCIA.» Consecuente con este criterio, arrai-gadisimo en mi ánimo, y en mi talante; habiendo

sido adverso, en esta ocasión, a mi candidatura el sufragio emitido; sin renunciar a ninguna de mis

convicciones y lealtades, me creo en la obligación de felicitar al Gobierno por el orden público mantenido

y por las previsiones para mantenerlo, y al electorado por la formidable lección de civismo demostrada en

las colas, en las mesas, en las urnas y en la calle. «He proclamado y proclama —escribí en aquellas

«VÍSPERAS ELEC-TORALES— que hay hombres responsables, honorables y patriotas en muy diversas

coaliciones,» Pues bien, no puede faltar tampoco esta felicitación del candidato derrotado, a los hombres

responsables, honorables y patriotas que hayan triunfado en las diversas coaliciones, y de cuya actuación

depende ahora que España sea en el futuro la eran ganadora. Digo en el futuro. Y debería añadir en el

futuro inmediato. Porgue una página de la Historia se ha cerrado y otra se ha abierto. Y esta última aún

está en blanco. La composición de las Cortes es complejísima, ya que está compuesta por minorías.

Dentro de éstas, dos grandes bloques, el primer ganador o partido gubernamental, y el segundo ganador,

el socialismo renovado. Detrás vienen otras minorías, de las cuales, y por este orden, las más importantes

son Alianza Popular y el Partido Comunista de Carrillo. No hay que despreciar en modo alguno las

regionales del País Vasco y Cataluña. Pero, salvo las dos primeras —U. C.D. y P. S. O. E.—, el juego de

las demás será inclinar de uno u otra lado la balanza de las grandes decisiones. ¿Serán capaces laa dos

primeras coaliciones en llegar a un pacto mínimo de acuerdos entre los que figuren el orden público y 1*

restauración económica? Ambas están íntimamente unidas. El número de parados depende de la creación

de nuevas Industrias: la creación da nuera» industrias, de la recapitalí-zacion de las empresas, pues mal

puede atreverse a nuevas aventuras de expansión quien tiene en primer lugar que salvar su propio pellejo

empresarial; y todo ello, como un círculo «ue se cierra, es a la vez causa y efecto del orden público.

Desde posiciones de Izquierda como la encabezada por Tierno Galvan, a posiciones de centro como la

naufragada Democracia Cristiana, o de la Social Democracia con Fernández Ordóñez, o de centroderecha

como Federico Silva y Manuel Fraga, se han alzado voces pidiendo soluciones económicas y los

consecuentes sacrificios de toda índole que esto supone. ¿No sería tal Vez éste el primero de los pactos

poselectoraks a abordar? Si el Partido Socialista estableciera un orden cronológico a su programa con

sensatez y altura de miras y llegara a un acuerdo con el Gobierno (como han hecho los socialistas

alemanes, británicos y franceses) en establecer «prioridades nacionales» a «prioridades de partido»,

entraríamos en vías de solución. De lo contrario, en vías de disolución.. Si la totalidad de los congresistas

y senadores renunciaran a la dialéctica salvaje que caracterizó nuestros últimos Parlamentos entraríamos

en vías de solución. De lo contrario, en vías de disolución. Si se estableciera de verdad la separación de

poderes, y el legislativo no dependiera del ejecutivo (ATENCIÓN: NI VICEVERSA), ni el judicial de

uno ni de otro, entraríamos en vías de solución. De lo contrario, en vías de disolución. Si los partidos

protestaran (y he de reconocer que casi todos lo han hecho) •por los actos de terrorismo, sin mirar el color

de la víctima caída, y fueran sinceros en sus condenaciones; y sus lenguas fueran concordes con sus ma-

nos, entrañamos en vías de solución, no de disolución. Si todos, en fin, proclamáramos con nuestros actos

v nuestras conductas el acatamiento a una ley superior, y la necesidad de someternos a ella. Si al ejecutivo

—en su campo—, y al judicial, en ei suyo, no les temblara el pulso llegado el momento de obedecerla y

aplicarla, entraríamos en vías de solución, y no de disolución. Los «síes», los «en caso de», los «más

vale», serían infinitos. Y todos son correlativos entre si: los sociales, los económicos, los legales, los

fiscales.... y la paz ciudadana. Tal vez, en un orden de prioridades, el más importante y del que dependen

todos los otros bienes, como el movimiento de las marionetas de la mano que mueve sus hilos, sea la

autoridad del poder legítimamente constituido, porque —como dije en alguna de mis intervenciones

electorales— «sin autoridad no hay orden, sin orden no hay justicia, sin justicia no hay paz y sin paz, el

desarrollo y el bienestar se hacen imposibles». A mi juicio, el Gobierno ha actuado en esta última etapa,

más atento en llevar a buen puerto el parto democrático (sin olvidar su condición de partido interesado en

los resultados electorales) que en el mantenimiento de su autoridad. Ha sido débil en muchos frentes,

sobre todo, en el de las tres amnistías cediendo a la coacción, a la presión, a las barricadas y a la subver-

sión armada. Ha alcanzado su primer objetivo con éxito. Ahora, respaldado por el sufragio, debe tensar

las riendas, un tanto sueltas y flojas, si no quiete que el caballo se le desboque. Esta preocupación no es

nueva, ni la improviso ahora. No hace mucho escribí: «Si Alianza estuviese en la oposición, defendería la

autoridad del Gobierno aunque éste le fuese hostil.» Doblada la hoja en blanco de un nuevo capítulo

histórico, el Gobierno tiene prioridad para empezar a escribir en ella. íQue Dios guíe su mano! —

T, L. d. T.

 

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