Autor: Javierre, José María. 
   Nuestro capital de simpatía     
 
 Ya.    04/09/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

SIETE DÍAS

NUESTRO CAPITAL DE SIMPATÍA

SÍ usted pregunta a los taxistas de Madrid, le responderán que el malhumor de los españoles crece

peligrosamente. A los taxistas les ocurren cada día lances divertidos. Mi amigo frenó ayer en un lateral de

la Castellana, porque vio a una señora en apuros con un bonito coche. Bajó dispuesto a ayudarle.

— ¿Qué ocurre, señora ? Estaba claro: una rueda pinchada. La dama había abierto ya su caja de

herramientas, pero miraba recelosamente a la rueda. Respondió al taxista desconcertada, perpleja:

—Verá,, este coche mío no tiene tornillos.

— ¿Qué ?

—No tiene tornillos. Me dijeron que para cambiar la rueda quitara los tornillos; pero se ve que

esta rueda es de una pieta: no tiene tornillos.

Señora, por favor, quite usted el tapacubos y verá dentro los tornillos.

El episodio pertenece a la lista de novatadas que mi amigo colecciona. Nunca se enfada. Si en pleno

barullo de tráfico algún despistado le hace una fechoría, mi amigo saca la cabeza por la ventanillo y se

limita a gritarle: "¡Ñovicio!´´ Este reproche educado lo escuché hace años a otro mecánico. Ojalá nuestro

personal manejara siempre vituperios comedidos. Conozco un magistrado forofo del fútbol que cuando

Kubala, por un gol inesperado, le reventaba una quiniela, se limitaba, en re.; de gritar, como todos, hijo de

tal e hijo de cual, a motejarle a media voz; "¿Apatrida!" A mi amigo taxista le preocupa el humoracho que

estamos cogiendo los españoles:

—Te digo yo que si esto nos viene a causa de la democracia, mal negocio vamos a hacer. Los clientes

permanecen poco rato en el taxi, pero estoy con ellos total en un par de metros cuadrados de terreno. Veo

su comportamiento. Los hay—bueno, quizá la mayoría—que suben y bajan sin decirte siquiera buenos

días o buenas tardes, ni adiós, ni ahí te pudras; te pagan, se bajan y el portazo. Mala cara y malos modos.

Y a mí no me quitas de la cabeza que la culpa de todo esto la tiene la politica. Al personal le falta alegría,

y yo no le veo a España buena cara.

Zurcir voluntades

No me gusta la definición de simpatía que da mi paisano Gracián en el "Primor XV" de su "héroe"; "Un

parentesco de los corazones". Parece rebuscada; me tienes simpatía porque tu corazón es pariente del mío.

Pero encuentro exacta la definición que propone de antipatía; "Un divorcio de las voluntades". Justo lo

que nos ocurre ahora mismo a los españoles. Cada uno de nosotros se ha propuesto una meta particular,

prescindiendo de los intereses comunes. Luchamos para resolver el problema personal. Subir cada uno

sus ingresos, mejorar rápida menta nuestro tono de vida, sacrificarnos lo menos posible y obtener

provecho a costa del prójimo. Nos negamos a reconocer que existe un lote de aportaciones

imprescindibles para conseguir un clima de bienestar que alcance a todos los ciudadanos pobladores del

país. Tenemos las voluntades divorciadas, no las hemos concertado hacia metas conjuntas. Respiramos un

clima "antipáti~ co". Nadie se ocupa de zurcir voluntades.

De ahí nacen algunos tirones de huelgas incontroladas, que dudosamente favorecerán a los

trabajadores y que, desde luego, muerden con ferocidad los escasos recursos de la economía nacional. De

ahí provienen las expresiones altaneras de algunos capitalistas, que ya. profetizan la oscura

cercanía de un espadón "para poner las cosas en su sitio". De ahí arrancan los malos modos, la

desgana, el desprecio y desinterés con que los responsables de una tarea cumplen su horario. A

este paso, en España pronto no habrá un grifo que funcione, ni dos ladrillos colocados correctamente

uno encima del otro, ni los médicos pondrán exactitud en los diagnósticos, ni a los ingenieros se

les tendrán los puentes en pie. Usted no lo nota porque día a día el deterioro entra por sus pasos;

pero haga esta prueba: recuerde cómo le sonreían hace sólo algunos meses los dependientes

de los grandes almacenes y compare con el desdén actual. Estamos dilapidando nuestro caudal

de simpatía; malo, muy malo. Alfredo de Musset no explicó si la salud depende de la alegria o la

alegría depende de la salud, pero escribió un aviso certero: "La hermana de la salud es la alegría." Lo cual

significa que si los iberos andamos cariacontecidos, esquivos, intratables, hemos perdido la

salud. ¿La cara es el reflejo del alma? Caray, pues seguro que el alma se nos ha llenado de

cucarachas.

No tiene la culpa

La democracia, no; la democracia no tiene la culpa. Nos hemos embarullado; tanto luchar por la

democracia, llegamos a crear que con sólo votar en unas elecciones libres estaba todo resuelto. Votaron,

comieron perdices y fueron felices. La democracia es una atmósfera, un clima de respeto mutuo. El

ejercicio humano de la libertad. Exige unacosa muy sencilla: ponerse todos a trabajar; enfrentarse juntos a

las necesidades del país y darles solución, una a una. Los milagros de la democracia requieren una

voluntad nacional de concordia por encima de las discrepancias de partido político. Londres fue la ciudad

más contaminada del mundo, y los ingleses han conseguido purificarla: otra vez pescan peces en el

Támesis, Las Islas Británicas hace dos años estuvieron amenazados de una catástrofe económica porque

habían alcanzado una tasa de inflación superior al 20 por 100, y los ingleses nan conseguido disipar el

fantasma, de modo que para 1978 se prevé que la inflación quede reducida a un solo dígito. Los ingleses

tienen sus gaitas destempladas como cualquier hijo de vecino, pero demócratas ya lo creo que son

demócratas, y ejercen. A nosotros se nos va todo por la boca, y luego nadie que ponga el hombro. El

personal ibero manifiesto cierta propensión a creer que la democracia es un sístema político en el cual los

listillos pueden pasarlo muy bien, sin trabajar, a costa de los tontorrones.

Ha. de inquietarnos este malhumor, esta crispación que ha invadido las calles de España. Si siempre

fuimos oficialmente un pueblo simpático, nos urge recuperar el capital nacional de nuestra simpatía. Los

argentinos, pobres y que también lo están pasando regular, han enlazado a un refrán muy lindo el júbilo

de tu pueblo en la fiesta nacional. Argentina consiguió la independencia un 25 de mayo; esa fecha

simboliza para los argentinos el regocijo popular. Para decir que uno está "más alegre que unas pascuas",

los argentinos dicen: "Está más alegre que un veinticinco". Ojalá en España podamos llegar a decir un

día: está más alegre que una democracia. Ahora mismo la estamos poniendo tristona, legañosa.

José María JAVIERRE

 

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