El voto de la izquierda     
 
 Diario 16.    20/06/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El voto de la izquierda

No pocas fueron las sorpresas descubiertas con las elecciones a Cortes. La primera de todas —más que

sorpresa corroboración— vino a demostrar que el franquismo, duraaíe cuarenta años dictando en este

.país, sólo cuenta con una ínfima base de apoyo entre la población. Con un porcentaje tan escaso de votos,

lo menos que puede decirse es que en los últimos años el Caudillo gobernó en contra del deseo de la

inmensa mayoría de los españoles. Cuando el próximo 20 de noviembre celebremos el segundo

centenario de su desaparición ya nadie se acordará de él y probablemente hasta empiecen a desaparecer

las calles con su nombre. Ha sido el triste fin de todas las dictaduras: ño cayó por la violencia, pero el

pueblo procuró olvidarla violentamente, la. más triste de todas las violencias, y rechazarla ea la primera

oportunidad; por eso votó sí en el referéndum y ahora en contra de sus continuadores. La segunda

sorpresa electoral fue el triunfo global de la izquierda, que seguramente acaparará cerca de la mitad de los

sufragios emitidos, pese a las maniobras para evitar,el voto de la emigración. En términos generales,

puede decirse que media población deseaba tan profundamente el cambio, el alejamiento del fascismo,

que ha votado a la izquierda como garantía para separarse con mayor rapidez del inmediato pasado.

Eí voto a la izquierda constituye, además, un gran triunfo cualitativo, pues todas las zonas industriales y

las grandes ciudades oel país dieron su confianza mayoritaria a las formaciones de izquierda,

especialmente al PSOE. El Centro ha ganado precisamente gracias al apoyo de las zonas rurales de

Castilla y Galicia, donde todavía pudo funcionar el voto de la ignorancia y .el miedo. Sin embargo, el

voto de los obreros industriales, concentrados en cerca de un ochenta por ciento en Cataluña, País Vasco,

Valencia, Sevilla, Zaragoza y Madrid fue para la izquierda, ya que en todas estas poblapiones y zonas

resuló vencedora. La. tercera revelación de las elecciones la constituye el PSOE, el primer partido político

del país por cuanto cinco millones de personas depositaron en él su confianza. Pese a su historia cente-

naria, un partido nuevo organizado y mentalizado en su forma actual hace apenas cuatro años, ha podido

atraer tal cantidad de votos no sélo merced a su propaganda, sino porque en la mente´de muchos electores,

el socialismo existe como una alternativa válida de peder. Incluso eu miles de votantes, quizá como una

alternativa de poder fuertemente deseada: además de las graades poblaciones y concentracioaes obreras

que antes se enumeraban todas las provincias con alto índice de paro —Málaga, Jaén, Cádiz, etcétera—

dieron al PSOE el primer lugar en numero de votos (y al PCE porcentajes superiores a su media

nacional). Los mítines de los dirigentes y candidatos del PSOE, donde los oradores dieron muestras de

respetar su propio pasado de partido y su tradicióji, de denunciar a la derecha y de criticar abierta-menáe

al Gobierno, sin duda contribuyeron también a delimitar su opción a la hora de las urna». El Partido

Comunista, con millón y medio de votantes, es el segundo partido del país. Los resultados electorales

decepcionaron a muchos militantes ya embalados en el éxito de su campaña. Quizá todavía pesó sobre el

elector los cuarenta años del coco comunista, pero los zig-zags de la bandera republicana^ los piropos a

Suárez, etcétera, en pleno período electoral también debieron distraer votos, ya que resultaba difícil fijar

la imagen del PCE. Él éxito de Cataluña quedó nublado por los fracasos de Galicia y País Vasco, donde

los comunistas no obtuvieron un solo diputado. La extrema izquierda, sin legalizar, tuvo ea cambio la

oportunidad de acudir unida a las elecciones» con un nombre comea. Pero, como siempre, el purismo, los

enredos de la relación dialéctica entre la táctica y la estrategia y el marxismo-leninismo auténtico del que

cada partido se siente el correcto depositario, volvieron a fragmentar en pedazos la ocasión, y cada

formación (PTE, ORT, MC y LCR, principalmente) creó su propia organización electoral que,

naturalmente, era la que defendía de verdad los intereses de los trabajadores. Su fracaso electoral debiera

servirlas para intentar entenderse entre ellos y no volver a repetir el mismo espectáculo en las

municipales. En cuánto al PSP, con seis diputados, por mucha calidad que se le eehe encima a sus

votantes, parece previsible un proceso de acercamiento al PSOE antes que su empleo como coartada

socialista al Gobierno de la UCD.

 

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