¿Es ese el gran problema del país?     
 
 Ya.    15/09/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

¿ES ESE EL GRAN PROBLEMA DEL PAÍS?

AL margen de! desenlace de las sesiones del Congreso de Diputados, no podemos ocultar una

penosa impresión por el hecho mismo de que te hayan celebrado. E| profesor Tierno Galván ha

dicho; "Es que se está sacando d» su contexto natural el problema y se dramatiza en exceso.

Hay muchos y muy importantes problemas en el país que deben ser discutidos cuanto antes.

Hay qua procurar que la política de partido no oscurezca los problemas nacionales. El discurso

del ministro está muy condicionado por las circunstancias y por la disputa política que hay en el

fondo. Creo que se están buscando hostilidades innecesarias, «n un momento en que la

política debe ser de acuerdos."

El mismo señor Tierno Galvan antes de las elecciones ya habló reiteradas veces de que nos

estábamos emborrachando da política, mientras el país se hundía económicamente. De ahí lo

penoso de nuestra impresión.

Complicadísima y mala jornada de la naciente democracia española, podíamos leer en nuestro

número de YA de ayer. Hoy debemos agregar que la mala jornada no ha sido una sola.

EL Partido Socialista después de la constitución de las Cortes en ^~* el mes de julio no ha

movido todavía un dedo ni para pedir plenos ni para pedir nada que detenga a nuestro país en

la grcive pendiente del derrumbamiento económico de que nos hablan las noticias todos los

días. Incluso las Comisiones Obreras han dado a la publicidad una información sobre el

número de empresas que no han podido abonar la paga del 16 de julio, han suspendido pagos

o se han declarado en quiebra. Y no se trata de algo que sólo afecte a las empresas. Los males

de las empresas son los de todos, porque son oleadas de españoles que son arrojados al paro,

y por otras muchas consecuencias.

En cambio, ha bastado un incidente en Santander entre un diputado socialista y unos

guardias—en el que tampoco está absolutamente claro que el diputado esté exento da

responsabilidad—para que el Partido Socialista solicite unas sesiones extraordinarias del

Congreso e incluso se pida otra sesión en el Senado, como sí el único problema nacional fuera

el de enfrascarse en esta pequeña política de campanario y el país viviera en el mejor de los

mundos porque las Cortes no tuvieran otro tema más importante del que ocuparse.

CREEMOS que ésta es una página que corresponde a los peores tiempos del parlamentarismo

inoperante. Y vivamente lo sentimos. Con reiteración, en estas columnas hemos propugnado la

necesidad absaluta de un partido socialista responsable « que constituya una auténtica opción

de gobierno. Creemos sinceramente que no es así como se construye la democracia.

Padecemos el grave mal de que en nuestro pueblo hay quienes creyeron que la democracia

era la panacea universal que resolvía todos los males como por arte de encantamiento. No es

así. Es precisamente ahora cuando comienzan loi problemas, agudizados p o r el contorno

español y mundial. Ver actitudes como la del Partido Socialista, para quien el gran problema

nacional es, por lo visto, el incidente de Santander, es bastante triste, como es triste la

conducta de las centrales sindicales, para las que lo único que tienen que tratar con el

Gobierno son los temas sindicales, mientras dejan de asistir a una reunión para enterarse de la

gravedad de lo situación económica. Como si los males de lo situación económica fueran algo

del vecino y no tuviéramos que sentirlos todos en nuestra propia carne, como evidentemente

los estamos sintiendo.

INSISTIMOS. Si hubiéramos visto al Partido Socialista, que es la alternativa de poder con que

contamos actualmente, pedir plenos de los Cortes para abordar los grandes temas de! país,

hubiéramos estado d« acuerdo o no con su enjuiciamiento, pero estaría clara su intención de

socar a España del atolladero. En cambio, lo qua vemos son hombres nuevos por la edad y por

la bisoñez, pero cort los más viejos procedimien

(Continíiíi cu páj». sigt«.)

(Viene üe la pág. anterior)

tos del parlamentarismo írresponsable. Aprovechar un incidente que tiene sus vías legales de

tramitación—disciplinarias y judiciales—para ver cómo se puede derribar a un ministro y a un

gobernador civil, y de paso rozar el enfrentamiento con las Fuerzas Armadas—por mucho que

don Felipe González haya querido evitarlo en vano—, es algo que, francamente, no

comprendemos. Esas Fuerzas Armadas se encuentran cada día con incidentes como los que

ayer publicábamos con motivo de la detención de un peligroso elemento del GRAPO o también

el triste espectáculo de los m o z o s de Navaluenga enfrentándose a la Guardia Civil. Si Ias

Fuerzas Armadas no defienden esta naciente democracia, las consecuencias pueden ser

graves.

DON Felipe González, secretario general del Partido Socialista, ya ha dicho varias veces que

en España la democracia y la libertad han sido siempre lo excepcional en nuestra

historia, porque lo normal ha sido lo contrario. Por ello ha expresado su criterio de que la

democracia española es muy frágil. Nos parece que sus acciones no están de acuerdo con sus

palabras.

En definitiva, creemos que el bien de España exige uno oposición, y ahora la oposición está

capitaneada por el Partido Socialista. De ahí que quisiéramos verlo urgir las soluciones c los

grandes problemas que hoy agobian al país. En esta misma página un colaborador nuestro

recuerda lo que dijo don Manuel Azaña en las Corles de ¡u República con motivo de un

incidente semejante al del diputado y los guardias de Santa» der. Sesiones extraordinarias del

Congreso—I a s primeras sesiones propiamente—para un tema como ése creemos que es

sencillamente una burla a la confianza nacional Nos recuerda la portada de una revista

humorística de los tiempos de la República en la que sobre et Palacio de las Cortes campeaba

el título de Charlomento. Y Juan Español preguntaba delante: "¿Y comer, cuándo?"

 

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