Autor: Bugeda Sanchiz, José. 
 Análisis de fracasos 1. 
 La Alianza 18 de Julio     
 
 Pueblo.    11/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La Alianza 18 de Julio

José BUGEDA

ME propongo hacer un repaso de las frustraciones electorales de todos los partidos políticos a los que el

éxito no ha acompañado. Quisiera ser capaz de hacer un análisis frío, aunque implacable. No es mi

propósito ensañarme con los vencidos, sino más bien hacerles una llamada a sus respectivas conciencias

políticas. Por otra parte, aun si bien en distinto grado, no creo que haya habido ni tina sola fuerza política

que no haya perdido algo, aunque también pueda haber ganado algo. Ni siquiera tos más claramente

vencedores, que son los que más tienen ahora que cavilar sobre el futuro que le» espera. No es, pues, ésta

una serie partidista. Así que, no se me sulfure nadie, que a continuación irán siendo examinados todos los

demás. Como creo en el pluralismo político no soy partidario de que desaparezca de nuestro panorama

fuerza alguna, ni siquiera las que menos me gustan. La sociedad española es como es y no como cada uno

quisiera, lo que me impone el respeto para todo lo existente, cosa qiie no excluye la dureza de juicio. Tai

ve» los analizados me lo sepan agradecer, aunque lo dudo. Lo que tampoco me preocupa demasiado. Yo

no aspiro ni siquiera a ser concejal de mi pueblo. Sólo a poder decir lo que sinceramente piensa.

El grupo político que sin duda ha recibido el mas fuerte trauma es el de la llamada Alianza 18 de Julio.

Ha sido prácticamente barrida en las urnas y en todo el territorio nacional. Es un resultado anómalo, ya

que la derecha más ultra ha tenido siempre en España buenos ecos. Puede ocurrir que los españoles hayan

cambiado tanto que ya no tenga ley entre ellos la extremosídad reaccionaria y violenta, pero no lo creo.

Hay cosas que en este país no cambian así como asi. La vena reaccionaría española sigue —creo yo— tan

viva como siempre, y eso harán bien en pensarlo todos. Entonces, ¿qué ha pasado? Pienso que los errores

y las incongruencias políticas que han cometido han sido más que suficientes, no ya para triunfar —que

eso sí era imposible—, sino tan siquiera para lograr una mínima presencia. La Alianza 18 de Julio se ha

presentado ante el país como un conglomerado equívoco de fuerzas, cuyas manifestaciones verbales

jamás correspondieron a la realidad. V aquí todo el mundo sabe ya quién es cada cual. Lo primero que

hace falta en política es saber, sin reservas, el significado que uno tiene. Y ser fiel a esta conciencia. Si los

aliancis-1as «ieciocho-jnlianos hubieran defendido la inquisicin, la Monarquía absolutista y el carisma

como forma de gobierno, seguramente habrían tenido más votos, ya que el electorado les hubiera

valorado la propia sinceridad. Pero defendiendo la pseudorevolución, la patria imperial y cosas asi se les

ha visto demasiado el juego. Todo eso había que defenderlo cuando tuvieron en sus manos el poder, que.

por supuesto, lo han tenido. Hace falta mucho cinismo político para que en uno de sus últimos mítines en

una plaza de toros madrileña, uno de sus dirigentes se apropiase de la frase joseantoniana de pedir que si

engañaban a sus gentes alguien debería buscar una recia cuerda en los desvanes para colgar a los eonsig-

nistas de alguna rama. Alguien debió contestar allí que so había que empezar a hacerlo desde «ya

mismo». Este apropiarse de frases, consignas, uniformes «• himnos, que no les corresponden ya, ha sido

el cauce principal del fracaso. Han reunido en sus cuadros a todos los mayores enterradores de ilusiones

juveniles que este pueblo ha conocido. No han aprendido la lección de la Historia, que les imponía un

sosegado retiro y perenne silencio. Pero los tiempos han cambiado y nadie está dispuesto a dejarse

engañar más. Y lo grave de la cuestión es que han arrastrado a buen número de jóvenes de buena fe, que,

por lo visto, están dispuestos a ignorar la historia pasada. Ni Fuerza Nueva ni Falange raimundista han

sido en realidad derrotadas ahora. Su derrota data de cuando decidieron pasar por la* horcas candínas de

un régimen que representaba todo menos sus ideales de origen. Me interesa decir algo sobre lo» jóvenes

que, pese a todo, no han dudado generosamente en abrir cabezas, o hacérselas abrir en las reyertas

callejeras. Tengo por ellos un profundo respeto, y pienso que son lo más sano de este sector. Me

duele que estén defendiendo una mala causa y les ofrezco como lección el ejemplo de otros jovenes de

oteo tiempo, que fueron defraudados por los mismos que ahora pretendían resucitar sus manejos políticos.

Busquen a aquello* jóvenes —que ya no lo son— y hablen con ellos. Tenemos mucho que hablar. No

caigan en las trampas de siempre. Y busquen otros jóvenes de hoy, que tengan causa común con ellos,

y entre todos procedan a liquidar de una vez para siempre las ramas podridas. Repito que se

merecen mucho más que caer bajo el influjo de los liquidadores de causas nobles. V, por supuesto, estos

jóvenes que no han rehuido el noble choque callejera con quienes son todo menos sos enemigos, no tiene

cosa alguna que ver con cierto pistolerismo infiltrado, machas veces de procedencia foránea, que es un

característico hecho presencial de loa detritus políticos. Hay que hacer justicia a los jóvenes. Míos no

han fracasado. Pero fracasarán si no se dan prisa a limpiar las cuadras de Augías. ¡Las tienen en casa!

Con todo, la contumacia de los qué no se resignan a desaparecer, pienso que 110 ha terminado. El

integrismo tiene por aquí raíces muy hondas. Convendría aclarar las cosas a este pueblo tan dado a las

proclividades de la involución. Estamos viviendo una euforia de esperanzas que nadie sabe, en verdad, en

qué pararán. Pero Fernando VII Calomarde y el Tra-pense siguen ahí bien vivos. Si se quitan la máscara

tendrán sin dada más éxito que si se disfrazan de nacionalsindicalistas.

 

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