Autor: Simón Tobalina, Juan Luis de. 
   Las cortes y el orden público     
 
 Ya.    15/09/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LAS CORTES Y EL ORDEN PUBLICO

CUANDO España entera vive ^ angustiosamente su crisis económica más dura desde hace treinta años;

cuando es urgente que el régimen local español tenga una ley moderna muy distinta que el texto

articulado de 1955 adaptado a la ley de Bases de 17 de julio de 1945, que, a pesar de su vetustez y su

inaplicabilidad absoluta a un regimen demócrata, rige todavía; cuando en tres meses de duración no han

tenido tiempo las Cortes para dedicar una sola sesión al problema de la autonomía de las regiones, que

parece abandonado a la ac" ción de las muchedumbres en las calles, plazas y campos del País Vasco o de

Cataluña, he aquí que para dilucidar si en una manifestación autorizada en Santander hubo

extralimitaciones en el comportamiento de algunos miembros de la Policía en relación con un señor

diputado presente en la manifestación, se promueve un amplio debate en la Cámara baja que dura dos

días. Sin poder evitarlo, he recordado el breve discurso de Azaña en el Parlamento republicano ed 6 de

enero de 1932, que en un caso mucho más crave, los hechos ocurridos en Arnedo con ´motivo de una dura

y al parecer no proporcionada represión de la Guardia Civil, dio cumplida satisfacción a todos los sectores

de la Cámara y aquietó loa animos de los más apasionados.

Se sospechaba entonces en sectores republicanos izquierdistas de la lealtad de la Guardia Civil a las

instituciones del nuevo régimen, se había levantado un clamoreo en esos sectores contra lo que llamaban

"la atrocidad de Arnedo". Pues bien, tras dura» acusaciones, y en respuesta a ellas, Azaña dijo:

EL Instituto de la Guardia Civil obedece al Gobierno como todos los institutos del Estado; ai dentro del

Instituto de la Guardia Civil alguien o varios se exceden en el cumplimiento de su obligación, faltan a las

leyes o a los reglamentos que están obligados a obedecer, la responsabilidad personal recaerá «obre tos

infractores de las leyes y de ios reglamentos, fríamente, serenamente. Yo quisiera llevar, al ánimo de los

señores diputados la convicción, la seguridad de que hacer esto no es niguna cosa del otro Jueves; no

puedo concebir corno nadie se espanta o barrunta catástrofes o dificultades invencibles para este

Gobierno, o para otro que fuetee menos fuerte, por el simple hecho de exigir a un funcionario, vístase

como se .vista, la exacción de su responsabilidad por los actos que ha cometido en el ejercicio de su

función. A mí me parece, señores diputados, que ésta es una cosa tan natural y tan sencilla que ni siquiera

necesito discutirla ni propugnarla, sino que, en el ejercicio de mis funciones de Gobierno, la realizo con

una naturalidad absoluta y perfecta." Y en otro lugar del discurso intentó llevar a la persuasión de la

Cámara que "donde haya falta, el castigo será inexorable; sin pasión, sin agresividad, sin animo de

desquite, sino con aquella satisfacción normal y moral que da, lo mismo al Gobierno que al que sufre el

castigo, el cumplimiento de una obligación, por penosa que sea. No espere nadie que un Gobierno, éste o

cualquiera, cuando se tropieza, en el ejercicio de su ministerio, con que una organización del Estado, de

cualquier carácter que sea, falta a su deber o se excede en el cumplimiento de su deber o interpreta mal las

órdenes del Gobierno, de sus jefe», el Gobierno se vaya a poner a hacer la crítica de la institución misma:

un Gobierno no critica las Instituciones del Estado; cuanto una institución del Estado no funciona bien, el

Gobierno no critica; lo que hace e« reformarla. ¥ no podra esperar nunca, ni de estos ministros ni de los

que les sucedan, que del banco azul o de los ministerios partan apreciaciones triviales fundadas en la

pasión o en la ligereza, en un deseo de popularidad".

SI esa correcta intenpretacáón del respeto debido a beneméritos institutos encargados de velar por el

orden público y su adecuada y oportuna utilización por el poder del Estado hubiera inspirado siempre las

actuaciones de los gobernantes de la República, tal vez ésta no hubiera terminado en el desastre de´

nuestra guerra civil.

EL ministro Martin Villa no expone doctrina distinta cuando dice; "La Policía Armada, como todas

las policías del mundo, sólo debe obediencia, en el cumplimiento de sus funciones, a sus superiores

directos. Si en el cumplimiento de sus funciones se producen extralimitaciones o abusos de poder, existen

mecanismos suficientes en nuestro ordenamiento para su denuncia y corrección." Y tampoco desconoce el

ministro del Interior irregularidades cometidas cuando afirma: "La actuación de paisano de unos

miembros de la Policía Armada, aun haciéndolo con el proposito de impedir Un presunto

compontamiento delictivo, puede suponer infracción a lo dispuesto en el articulo 8." del real decreto

1316/ 1977, de 2 de junio. Debe quedar muy claro, por tanto, que, en relación con esta posible falta, el

Ministerio del Interior ha ordenado la instrucción del expediente reglamentario."

QUEDA un punto importante que ha tocado oportunamente el señor Martin Villa: la adecuación de las

normas y fuerzas de orden público heredadas del franquismo a la "nueva situación" democrática, y la

concreta referencia a un "amplio plan de reforma de las fuerzas del orden público elevado al Consejo de

Ministros", y en el que también se incluyen otra serie de medidas que, sucintamente, el ministro ha

expuesto.

COMPARTO plenamente el ^ criterio expuesto en certeros editoriales de YA: no hay que sacar las cosas

de quicio. Que no se hurte al conocimiento del Parlamento el asunto del diputado atropellado en

Santander, bien. Que se deduz·can las responsabilidades individuales oportunas, ¡naturalmente!

Pero sin denigración de las fuerzas de orden público, sin perjuicio de su reforma y adaptación tan

profundas como sea Indispensable.

Juan Luis DE SIMÓN TOBALINA

 

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