Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   Análisis de una crisis     
 
 Ya.    16/09/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

ANÁLISIS DE UNA CRISIS

QUE el año político comienza con un indudable y profundo clima de crisis, está a la. vista de todos. Si

esa crisis llega a traducirse en una crisis de gobierno, es otra cuestión, que tendrá, relativa importancia ai

se resuelve dentro del mismo espectro político que ahora lo define, y será verdaderamente importante si

llegara a prosperar la tesis del Gobierno de concentración o coalición nacional, cosa que a. mí me parece

todavía poco probable, aunque no la descarte para más adelante.

HAY crisis en la propia estructura de los partidos y fuerzas políticas, con una serie de incógnitas

que tendrán que resolverse en loa próximos meses.

La primera de ellas, y tal vez la que circunstancialmente está influyendo ahora en las tensiones del

Gobierno, es la propia crisis de UCD, que tendrá que decidir si se consolida o no como un verdadero

partido político y cuál es su concreta ideología ya que hasta ahora no pasa de ser un conglomerado de

fuerzas en muchos aspectos contradictorias, con fricciones inevitables y permanentes.

También en los próximos meses podrá decidirse si hay o no unidad socialista. Y tendrá que definirse el

nuevo perfil o la futura reestructuración de Alianza Popular... Ello además del problema latente de la,

decisión de la Democracia Cristiana y de los que suscitan otras diversas fuerzas políticas menos

importantes, pero muy radicalizadas.

Este panorama político, nada más salir de unas elecciones generales y con las municipales a la vista, es

más que suficiente para encerrar en sí mismo una crisis de imprevisibles manifestaciones.

HAY crisis sindical. Se ha desmontado la vieja organización y todavía no hay una nueva estructura

sindical fuerte y congruente que la sustituya. Y el sindicalismo es hoy una pieza esencial para la

estabilidad política de un país. Una pieza que, en el nuestro, no puede contribuir a "estabilizar", sino que

en loa próximos meses contribuirá a "desestabilizar" la situación. Hay demasiadas centrales sindicales y,

lógicamente, están en el proceso de disputarse la mayor influencia en el mundo del trabajo. Algunas

están, además, excesivamente vinculadas a partidos políticos, y ello, aparte de otras circunstancias

dificulta un deseable proceso de integración, de unificación. Añádase a esto la falta de definición del

marco jurídico de sus funciones en el Estado y en las empresas, el espinoso problema del patrimonio

sindical y la proximidad de sus propias elecciones, y se comprenderá la importancia de este factor en la

crisis actual, impidiendo toda posibilidad de pacto social y constituyendo un factor permanente de

inestabilidad laboral y una. práctica dificultad para resolver los conflictos.

TENEMOS, además, la crisis que yo llamaría "de las autonomías", que sacude todo el país, pero que

tiene sus más agudas manifestaciones en Cataluña y el País Vasco. La precipitación con que se está

planteando un problema, que es en sí mismo uno de los grandes temas constitucionales; el afán de ir

creando hechos consumados previos a la definición constitucional, la debilidad, la confusión y la escasa

transparencia de las negociaciones, las discrepancias entre los propios protagonistas y la carga

sentimental de un tema como éste, convierte este aspecto de la crisis en uno de los más potencialmente

"explosivos" de la actual situación.

Y donde la crisis alcanza su mayor profundidad es en lo económico-social. Y no hablo sólo de crisis

económica, porque una profunda crisis económica, como la que padecemos, produce inevitables y graves

secuelas sociales. La inflación es tanto un problema económico como un problema social. Y el paro es no

sólo un gravísimo problema social, sino también una importante

componente de la crisis económica.

Desgraciadamente, las medidas hasta ahora adoptadas no parecen haber sido remedio suficiente. Nadie

podía esperar que inmediatamente de adoptarse las medidas se notara un alivio, pero también es cierto

que cada día parece más claro que la situación no sólo no va a mejorar, sino que puede agravarse en los

próximos meses.

El efecto de la devaluación tiene un componente inflacionista que no se puede contrarrestar sólo con

restricciones monetarias, si no hay un acompañamiento eficaz de política de precios, de política de rentas

y un mínimo consenso en materia laboral. Y no sólo no lo hay, sino que la inflación y la situación política

están acelerando el proceso de reivindicaciones salariales y extendiendo el clima de huelgas en tales

términos, que las empresas, acosadas a la vez por la restricción de la demanda, el incremento de los

salarios y las anormalidades laborales y el mayor costo y la escaseas del dinero, están llegando a

situaciones realmente insostenibles en muchos casos, en que uno tiene que admirarse del temple de

muchos empresarios para no "arrojar la toalla".

Y sin una situación empresarial de mayor serenidad y perspectivas ´ más optimistas, ¿cómo vamos a salir

de la crisis? Porque de la crisis nos tienen que sacar las empresas, que no se nos olvide (entendida la

empresa en su más completa acepción). El cuerpo social está enfermo, entre Otras cosas, porque sus

células vitales, que en lo económico-social son las empresas, están enfermas. Si no revitalizamos esas

células, si no las fortalecemos y activamos sus funciones, el cuerpo social no reaccionará, Y en estos

momentos todo está contribuyendo a que esas células se debiliten cada dia más, y muchas pueden llegar a

morir.

¿Y cómo podrán en tal situación las empresas atender las mejoras que mantengan el poder adquisitivo de

los salarios, ni crear puestos de trabajo que disminuyan el paro, ni impulsar el crecimiento económico,

que permita un mayor bienestar para todos. Aunque el tema de la crisis económica tenga otros aspectos,

yo quiero poner hoy el acento en las empresas, como factor esencial para superarla o para agravarla. Si el

horizonte de las empresas es un creciente encarecimiento y una dificultad para obtener su financiación,

una aceleración del crecimiento de sus costes sociales, una, permanente intranquilidad laboral, un

defectuoso empleo de sus posibilidades y medios de producción y un entorno de incertidumbre política,

con alteraciones constantes del orden e» la calle y frecuentes confusiones entre libertad y libertinaje,

reivindicación e insolidaridad, la salida de la crisis va a ser muy difícil; muchas empresas, y con ellos

muchos puestos de trabajo y buena parte de la riqueza nacional creada pueden perderse.

A. los empresarios hay que pedirles justicia social en las relaciones laborales, y el sacrificio de una parte

de sus beneficios para hacer posible una sociedad más igualitaria y .mejor dotada de servicios

sociales. Pero para poder pedirles y exigirles eso hay que darles confianza, estimulo a su afán

creador, respeto y consideración a su esfuerzo.

B.

El análisis que acabamos de hacer sabemos que no es completo. Que hay más aspectos de la crisis. Pero el

tema no puede agotarse en un articulo y hemos querido señalar al menos algunos de sus aspectos más

importantes.

¿PODRA esté Gobierno resolver una crisis tan compleja? Acertará con las medidas y tendrá decisión para

imponerlas? Yo creo que tiene el deber y la responsabilidad de intentarlo. ¿Será, por eí contrario,

conveniente o necesario un Gobierno de concentración nacional? Yo no oreo demasiado en la

congruencia y los resultados prácticos de los llamados Gobiernos de concentración nacional. Habría, en

todo caso, que dejarlo como un último remedio.

AHORA bien, con o sin Gobierno .de concentración nacional, lo que si tenemos todos es un deber de

solidaridad nacional. Nadie debe escurrir el bulto porque las consecuencias vamos a pagarlas todos, y

porque todos debemos de alguna manera sentirnos responsables. Todos, de un modo u otro, debemos

arrimar el hombro.

Licinio DE LA FUENTE

 

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