Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta de Augusto Assía. 
 Mitos destripados     
 
 Ya.    18/06/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 12. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

Mitos destripados

En las elecciones nadie aplasta ni barre a nadie

La denoto de la democracia cristiana

Definitivamente, en Galicia no hay ni comunsmo ni galleguismo de izquierdas

Querido director: Sí yo fuera disectur de u» periódico y hubiera tenido que ´titular el resultado cíe las

elecciones no lo titularía, desda luego, como el colega de un diario madrileño que estampó frt grandes

letras: "Aplastante victoria del Centro y del PSOE". Comprendo que, después df¡ cuarenta años, la

facultad cl« motivación i>o esté a lu onleii del día, pero yo creo, de todas modos, que lo primero qw vibre

unas elecciones tenemos que aprender aquí es que. se trata de una refriega donde, ni revés que en Z«s

refrienu.v futre totalitarismos, nadie aplasta >* nadie, ni nadie "barre", ni nadie sufre siguiera, como Aon

dicho otros colegas, ".desastres". Unas elecciones democráticas son, claro está, una batalla, en la que

triunfan unos y otros son denotados, fiero al revés que en las batallas entres fascistas y comunistas, entre

ejércitos o entre lobos i/ ovejas, tío es el objetivo exterminar al adversario, sino todo lo más impedirle el

acceso al poder por un tiempo dado, hasta- que se celebren otras, lo cual es lo único que hace de ¡as elec-

ciones democráticas un instrumento menos recusable, como dijo Churchill, que todos los demás.

Si don Adolfo Sitare? o don Felipe González para lo que fueran a usar sti éxito electoral fuera, corno

Slalin, Hitler o Mussolíni, para "aplastar" al adversario, por muy buenos qua fueran don Felipe o don

Adolfo, por muy brillantes ideas que representaran, yo me senliriit muy poco reconfortado. Aplastar al

profesor Tierno, al profesor Fruya, al profesor Ruiz-Giménez y hasta al no profesor señor Carrillo no t«e

puierería ninguna proeja política elogiable. Lo mejor de lo que ocurrió en España el miércoles es, a mi

modo de entender, que. na* asegura que dentro de un año, de dos o de cuatro fesperemox que de cuatro,

porque encuito más duren los gobiernos mejor para la estabilización de un régimen), los vencidos de hoy

pueden convertirse en vericedo-" res de, mañana, y que los que el miércoles votaron a unos, sí ven que no

lo hacen bien, tendrán la ocasión, que no tuvieron los españoles en Ion últimos cuarenta años, de rolar por

los contrarios, lo cual en, en esencia, la democracia.

COMPRENDER LA DEMOCRACIA

El que no ¡o comprenda no comprende nada de la democracia por más golpes que se dé, señor director,

con la sagra la palabra sobre el pecho; dicho lo cual yo querría agregar, señor director, que aunque yo

creo que las elecciones han sido una gran, ejecutoria, esfoi Jejos de compartir los entusiasmos de algunos

observadores, los cuales suponen que, por su sola virtud, hemos sido colocados de un modo "decisivo y

firme" ("para o carro", como decimos en Galicia) entre los pulses democráticos en general, y en especial

entre las monarquías constitucionales. De que las elecciones "nos han abierto el camino hacia la de-

mocracia, hay poca duda; de que el pais ha dado señales de madures y moderación q u e, tras el túnel de

los cuarenta años, pocos le atribuían, tampoco hay mucha duda; que la combinación de fuerzas que ha

salido de las urnas está revestida de una. configuración cuyo aspecto apenas si podía ser más europeo, es

patente. Hasta en el hecho de que el Partido gubernamental se haya quedado oscilando sobre el trampolín

parlamentario, con casi una mayoría, pero casi sm una mayoría, así como en J« diversidad de la

oposición, no podíamos ser más europeos mientras es extremadamente europeo el dato de que el gran

partido de turno sea el socialista, como lo es en todos los países de la parte Ubre de nuestro continente

donde no es gobierno. La proporción de votos comunistas viene a ser aquí, en España y ahora, aproxima-

damente la misma que en los países donde permanece en un estrecho limbo igualmente cómodo para el

país y para el partido, y la misma la de los fascistas, que, como en Alemania o en Austria, han desapa-

recido realmente del panorama, al menos de momento. til aspecto, entre todos los salidos de las urnas, que

menos coincide con ía estampa actual europea es la no aparición aquí de la democracia cristiana. Pocas

gentes verdaderamente liberales e, independientes podrán evitar un sentimiento de desazón viendo que se

retinen las nuevas Cortes de España sin don José María Gil-Robles o don Joaquín Ruiz-Giménez, para

citar sólo dos dolorosas ausencias que agregar a 2« de don José María de AreUsa. Pero la verdad es que

quisa no haya que achacárselo tanto a, defecto de los electores como de los que debían haber sido

elegidos. La reducción de partidos «Z número, si se exceptttan los regionales, razonables de citaíro es otro

éxito de la junción ejecutada con la opinión pública española por las urnas, desde luego. Pero este

reconocimiento y otros no debe de hacernos olvidar la cortedad e ineficacia de un sistema electoral que,

como yo mismo avisé "a prio-ri", colocó a los campesinos gallegos, y supongo que a otros, ante un

enigma que ¡es llevó en muchos casos a abstenerse de votar. La cuestión está ahora en si, ovando haya

otras elecciones, el sistema va a permitir de nuevo que reaparezca la sopa de letras que el miércoles se

perdió en las urnas.

EL CASO GALLEGO

Especialmente procelosa en Galicia, donde yo, naturalmente, tengo mi voto y seguí las elecciones,

querido director, Za "sopa de letras", aunque no consiguió ni un solo puesto, pues todos los grupos,

grupitos y grupejos se concentran igualmente annegcidos en el caso de cristal, ha contribuido, sí, ha

contribuido a algo, a restarle votos al Partido Comunista, que no consiguió puesto alguno, y en ninguna

de las provincias, excepto Pontevedra, en que obtuvo el S,50, alcansó el 8 por 100 dt los votos,

constituyendo la mayor, la más inesperada y ¡a más reconfortante sorpresa arrojada por las elecciones en

mi tierra. Otra sorpresa ha, consistido en que tampoco los galleguistas cotisiguiei´qtt pttes-io alguno, lo

cual es probablemente la respuesta de los gallegos al tequierdismo que, un movimiento de derechas como

el galleguismo, adoptó artificialmente en los últimos tiempos bajo la influencia sigilosa precisamente de

los comunistas; todo lo cual es más significativo debido al favorable trato propagandístico de que ga-

lleguistas y comunistas disfrutaron. Ahora sabemos que en Galicia no hay comunismo ni galleguismo de

izquierdas, y esto es lo que, por lo menos en mi tierra, y el mito que hemos destripado, señor director,

hemos salido ganando, además de salir ganando lo que en todas la» otras regiones hermanas, y haber

destripado otros mito», lo que ya no es poco. Todo ello sea sin contestar a la cuestión de los 61f dólares y

que reza: "Es la Unión del Centro un partido ?" Con lo que quedo de usted amigo tf servidor.

Augusto ASSIA

 

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