Gibraltar, nuevo estilo     
 
 Ya.    06/09/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GIBRALTAR, MUEVO ESTILO

L A presencia en Madrid del J secretario del Foreign Office» David Owen, ministro de Exteriores de

Gran Bretaña, significa, en estos momentos, un doble y complementario acercamiento en las relaciones

hispano-británicas, con una clara proyección hacia Europa.

Por una parte asegura la vigencia de las negociaciones en torno al secular problema de Gibraltar, cuya

soberanía es para España, sean cuales fueren su régimen y su Gobierno, Irrenunciable. Por otra, puede

servir de puente para un planteamiento más global del futuro de la nueva España en una Europa cada vez

más interdependiente, en la que cualquier exclusivismo egoísta significará un real perjuicio para todo el

conjunto de Occidente.

Salvada la soberanía nacional sobre la Roca como objelivo primordial, no hay duda de que las

circunstancias en las que se reanudan las conversaciones han cambiado fundamentalmente y de que el

abanico de soluciones se abre considerablemente en base a una mutua y posilha disposición de concordia.

LA proyección europea de España, tan claramente marcada en la voluntad de todos los partidos políticos

y, lógicamente, secundada a nivel diplomático por el Gobierno, facilita mucho el encuentro, orientando el

intercambio a nivel de negociaciones de alto rango hacia una estrategia común en la que las viejas

reticencias inglesas tienden a di* luirse.

Asimismo, el carácter autonómico que se está marcando a las regiones españolas de cara al futuro puede

facilitar las maneras negociadoras de nuestro Gobierno y permitirle unas etapas en la reivindicación de tal

suerte que el carácter escalonado de las consecuciones evite el trauma de la transición de golpe a la

población gibraltareña. Todo ello, negociado en un clima de distensión y comprensión por parte de los

dos Gobiernos, puede dar frutos en un plazo razonable.

Volviendo al comienzo de este comentario, conviejie salvar la sospecha de que el Gobierno español

pueda arriar las seculares reivindicaciones sobre la soberanía de Gibraltar con la búsqueda de

compensaciones políticas a más corto plazo. Ya liemos dicho que ese principio es irrenunciable y,

ciertamente, es blasón y orgullo de siglos de historia por encima de cualquier eventualidad de Gobierno.

El clima es hoy favorable a mantener lo fundamental y sin menoscabo de una negociación más civilizada

y menos intransigente. Pero, al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que las relaciones hispano-

británicas no se limitan al tema de Gibraltar. Tenemos otros problemas que tratar con los ingleses y, de

forma concreta, con el secretario del Foreign Office, señor Owen, quien en sus manifestaciones ha dado

fe de ese nuevo clima de negociación.

 

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