Autor: Perpiñá Rodríguez, Antonio. 
   Socialismo y obrerismo     
 
 Ya.    17/09/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

SOCIALISMO Y OBRERISMO

SEGÚN tenemos dicho (YA, 27-8), la primera transfiguración que. experimentó la idea socialista al

descender del limbo de las abstracciones a la arena de las realidades históricas fue el tránsito del

humanismo universal originario (como continuación y perfeccionamiento de los derechos del hombre) al

obrerismo que inspiró los movimientos comunistas. Y esto subsiste todavía, al menos en el papel. Partido

Socialista Obrero Español, Partido de los Trabajadores, etc. Pues bien: para aclarar ideas y saber bien qué

es tal obrerismo, vamos a ver cómo el mismo tiene tres cualidades negativas: es Injusto, es anacrónico y

es engañoso.

ES Injusto. La justicia social, la Justicia e igualdad económicas predicadas por el ideal socialista no

pueden hacer acepción de personas, no pueden colocar como únicos beneficiarios o destinatarios del

cambio solamente a los trabajadores manuales. El socialismo, como el cristianismo, ha de ser una moral!

"abierta", como dice el filósofo H. Bergson; una moral abierta a todos los hombres; su versión obrerista lo

convierte en una moral "cerrada", donde sólo tiene derechos una clase especial de hombres. Es un

"egoísmo colectivo" que sustituye la fraternidad o la caridad universales por la "solidaridad obrera". Y

eso no es justo. Mal, muy mal vivían los proletarios en el siglo pasado, y aun muchas de ellos están muy

lejos no ya de la opulencia dentro de las sociedades opulentas, sino del consumo decente dentro de las

sociedades comunistas; pero hay otras categorías sociales que viven igual o peor y que quedan

marginadas en los programas socialistas proletarizantes. El maestro de escuela, cuando pasaba un hambre

que se hizo proverbial, y cuando la pasa todavía, queda fuera del campo de esos programas (teóricamente,

al menos). Todavía recordamos nosotros a un obrero comunista de Sevilla que, advertido de que muchos

maestros ganaban menos que muchos obreros, se encogió de hombros exclamando: "Pues que se

fastidien."

ESTO no es una transfiguración deil socialismo, es su desfiguración. Todo los que necesitan protección

deben ser liberados o emancipados soeíalmente, sea cual fuere su título profesional. El marxismo sue,le

emplear un juego dialéctico para encubrir su moral cerrada proletarizante y no humanista. El proletariado,

al emanciparse, no se convierte en clase opresora de los maestros u otros profesionales e individuos, sino

que emancipa a la humanidad entena al traer una sociedad sin clases, Esa afirmación es puramente

utòpica, no naca de una observación neutral de loa hechos ni de ningún razonamiento científico. Incluso

la prueba empírica de lo acaecido desde 1917 demuestra lo contrario. Insistimos. La idea socialista

reclama la liberación y emancipación inmediata de todos los que sufren opresión y explotación, sea o no

dentro del contrato de trabajo capitalista. Todos hemos experimentado alguna "explotación" eventual por

parte dol fontanero o albañil que viene a casa, máa frecuente y gravemente del médico particular o del

abogado, así como de los comerciantes. Quizá el beneficiario de la idea socialista vaya siendo mus bien el

consumidor que el productor como tal.

EL obrerismo es anacrónico. Respondía más bien a la época en la Que la famosa "cuestión social" estaba

en todo su apogeo. El proletariado, cada más numeroso y más desasistido, era el que más sufría las

injusticias de la sociedad burguesa, yj en ese sentido, podía reclamar el primer puesto en la lista de los

destinatarios de la justicia social. Hoy, en las sociedades progresivas, eí panorama es completamente

distinto. Por lo pronto, La proletarización cuantitativa prevista por Marx no se ha cumplido. Eí autor de

Das Kapital llegaba a aventurar que las nueve décimas partes de la población industrial se convertirían en

proletarios a jornal. Frente à eso, la "desproQetarización" es un fenómeno comprobable

estadísticamente y en ¡a observación cotidiana. En 1957, por primera vez en Estados unidos (el país de

capitalismo más avanzado) el número de los whitecollar (empleados) rebasó el de blue collar (obreros), y,

en general, laa sociedades industriales avanzadas contemplan dos fenómenos desproletarizantes: gran

crecimiento absoluto y relativo de los empleados (primera mitad de este siglo) y proceso análogo en los

técnicos y profesionales (segunda mitad de la centuria). No las clases obreras, sino iaa "clases del

conocimiento" son el factor decisivo en las sociedades posindustriales, como reconoce" un informe

checoslovaco de 1967 en investigación dirigida por Radovan Rich te. Paralelamente, loa obreros van

disfrutando de una desprole tarización cuantitativa, pues ¿cómo comparar los que Marx estudió, con

jornadas de catorcey *un dieciséis horas y jornales de hambre, sin ningún seguro social, con los de ahora?

La cuestión social ha de

A. PERPIÑA RODRÍGUEZ

(Continúa en pág. sigte.)

SOCIALISMO Y OBRERISMO

Tiene de la pág. anterior)

do de ser única y aun emijntemente una cuestión obre, Pensar, como algunos (no dos) marxistas, que

aquella tampa terrorífica ha quedado ada e inalterable es un anacronismo; como lo son la hoz y martillo

en la era de las cachaderas, las máquinas autoáticas y los ordenadores elecmicos. Sin olvidar que cada z

se dibujan más y mejor s hechos: diversificación crearte de la masa obrera, que ja de ser tal "masa", con

iebra de su "solidaridad" os obreros calificados maran a menudo sin contar con a peones, y aun. aquéllos,

aeros de producción, son mi>log de arriba abajo por les i mantenimiento y conservaón), con lo que

cuestión soal tan acuciante sería la de a peones, y emergencia por debajo de todo el proletariado e otra

capa social, un subpro´letariado o lumpenproletariat combatido por Marx), en que ntran los vagos, los

inválidos, as mujeres viudas, los parados en los años treinta, los jefes omunistas alemanes comproaron la

absoluta falta de sodaridad entre los ocupados y os desempleados), los negros, portorriqueños y chicanos

en Estados Unidos; los argelinos en Francia, etc. Si hacemos una discriminación en favor de los más

necesitados, habríamos de borrar del primer puesto a los obreros y colocar a esos hombres, que casi se

convierten en exhombre», como los de Gorki.

Y el obrerismo es engañoso. No aludimos ahora a ese cuadro anacrónico que se nos quiere vender a

cambio de monedas socialistas, sino a una cosa distinta. La versión marxista del socialismo no sólo

delimitaba, desfigurándolo, el campo de los que debían ser emancipiados, sino que, ademas, recortaba

estrictamente el cuadro de los que debían llevar a cabo con su actividad esa. labor liberadora. "La

emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos", dijeron el Manifiesto

comunista y los estatutos de la I Internacional (1864). Y he ahí el engaño de que hablamos, porque los

obreros no han sido, en general, loa fundadores, promotores y conductores d/e los movimientos

socialistas. Han sido los intelectuales. Para evitar escándaio en las conciencias marxistas, traeremos dos

testimonios de máxima autoridad. Karl Kautsky, continuador de Engels en el magisterio del movimiento

socialista alemán, afirmó rotundamente que la conciencia socialista sólo puede surgir sobre un profundo

conocimiento científico, cuyo portador no puede ser otro que la inteligencia burguesa. E inmediatamente,

Lenin, en un celebérrimo folleto, que no debería ignorase (¿Qué hacer?), de principios de siglo, sentaba

que los proletarios abandonados a su espontaneidad no son revolucionarlos socialistas, sino que se

incilinan ai "tradeunionismo", al logro de mejoras materiales inmediatas. Forman una "masa" pasiva que

hay que activar merced a "fermentos" revolucionarios, que no son otros que los intelectuales. La

experiencia confirma esto. Marx, Engels, Lenin, Mao, no eran productores manuales, y, entre otras cosas,

es sabido (o debe saberse) qne el propio PC soviético no ha estado dirigido ni Integrado en mayoría por

proletarios, Incluso ni cuando Jruschoy trató de "proletarizarlo".

Más ´aún. Un autor comunista, P. M. Sweezy, escribe: "La fl" liación de clase no está determinada por el

origen social. Quien ha nacido obrero puede convertirse en capitalista..,", lo decisivo es "la, posición que

los individuos ocupan realmente en la sociedad", Y si primero fueron los intelectuales los que orientaron

loa movimientos socialistas, más tarde, con las gigantescas máquinas de partidos políticos y

administraciones estatales, quienes mandan son los burócratas, que ya no son obreros, aunque lo hayan

sido. ¿Qué queda del obrerismo en lo que se refiere al protagonismo o dirigismo? ¿Es la emancipación

obrera la obra de los obreros mismos? Que respondan los jefes de nuestros partidos socialistas y

comunistas, probándolo con su DNI. Los obreros saben la verdad, y lo más que aspiran es a ponerse en

manos de dirigentes no obreros, inteligentes y honrados... o a ascender en la escala profesional y

socioeconómica haciéndose ellos burócratas.

EN suma, seamos sinceros y ** claros, llamemos a las cosas por su nombre y no hablemos de un

socialismo obrerista o proletario. Hay, quizá,. una palabra mucho más expresiva, amplia y exacta para

prescindir de la de "proletariado". El comunista italiano A. Gramsci prefería hablar de "masa". Este

vocablo conserva siempre un sentido peyorativo y debe evitarse. Más noble es PUEBLO, pueblo en

sentido amplio, en el que pueden sentirse incluidos los empleados, los profesionales, las mujeres de su

casa, etc. Sólo quedaría fuera la oligarquía, las doscientas o cuatrocientas familias, y entonces, un

socialismo popular (no aludimos expresamente al que en España se llama así) podría s.er aceptado por

casi todos los españoles, sin acepción de clase.

A. PERRINA RODRÍGUEZ

(De la Real Academia de Ciencias Moróles y Políticas)

 

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