Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   La democracia, hoy     
 
 Ya.    21/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 13. 

LA DEMOCRACIA, HOY

TODO el mundo (o una gran M. mayoría) está deacuerdo en que la democracia es la for1 ma de gobierno

más adecuada para resolver los problemas de las sociedades que han llegado a un cierto grado de

desarrollo económico, cultural y social. Algunos llegan a afirmar que eso vale para todas las sociedades,

por tratarse de un principio de´ derecho natural. Y, por supuesto, no se duda de que lo dicho es, en

particular, verdadero para nuestra España, aquí y ahora.

LA. doctrina tradicional d« lag formas de gobierno era más neutral, comprobaba el hecho de que los

países se gobiernan de modo diverso, y de Aristóteles a Montesquieu explicaba lag razones sociológicas y

psicológicas que explicaban cada una en determinadas circunstancias. También comprobaba el hecho

histórico de que un país, a lo largo de su historia, suele pasar de unas formas a otras de gobierno, P

intentaba comprender loa rasgos internos de esta dinámica;

VEAMOS, pues, lo que es hoy, en la realidad social de los países industrializados, la democracia. A

primera vista aparece que en estos países suele haber dos tipos dé regímenes: en lo qua llamamos el

Oeste,la llamada democracia pluralista; en lo que llamamos el Este, la llamada democracia popular, es

decir, no pluralista, sino orientada por partidos únicos.

EL modelo del que obviamente se habla es el primero. En países como Inglaterra, Alemania, Francia,

Estados Unidos, etc., el sistema político tiene unas características comunes: en elecciones perió. dicas,

celebradas por sufragio universal y con Ja intervención de varios partidos políticos, se eligen los

representantes . del pueblo, que a su vez ejercen .el poder legislativo y presupuestario, y, algunos de elloa

(elegidos directamente en Francia y Estados Unidos, o indirectamente en Alemania e Inglaterra), el poder

ejecutivo.

DO8 cosas resultan inmediatamente: en todos estos .países son los partidos políticos los que realmente

mueven la maquinaria democrática; para ser candidato a presidente, primer ministro, senador o diputado

hay que ser antes hombre de partido. Segundo, si el sistema de partidos, funciona bien, también

funcionara el sistema democrático; si aquél es deficiente, el sistema democrático no funciona, o funciona

mal.

UNA tercera observación importante es que en ~tódos los casos indicados existe una Administración per

m a n e n te, neutral, profesional, que realiza todo lo que es ejecución normal de Jos acuerdos legislativos

y de gobierno inspirándose en los programas del partido o coalición con mayoría, "pero con una

continuidad e independencia funcional basada en la ley y en el mutuo respeto.

DONDE no se dan estos requisitos: un sistema de partidos eficiente y una Administración neutral y

profesional, no hay democracia, sino uña mera apariencia. Tal es el caso de la mayoría de los paí•ses

Iberoamericanos, que por lo mismo suelen estar (como ocurre ahora mismo) más tiempo bajo regímenes"

"de pacto" que cumpliendo los términos exactos de sus constituciones,

PARA que un sistema de partidos funcione hacen falta tres condiciones:, la primera, que sean fuerzas

políticas reales, basadas en intereses sociales y e« ideas claras, y no me.ros conglomerados oportunistas

que, si están hechos desde una situación de poder, duran ]o mismo que ésta; la segunda, que sean pocos y

claros, capaces de presentar alternativas Inteligibles al electorado; la tercera, que todos acepten unas bases

a de convivencia constitucional y no tengan por objetivo subvertir el orden social y político en cuanto

surja la oportunidad,

PARA que se pueda hablar de una Administración pública capaz de servir de soporte a un turno

democrático hacen falta también tres condiciones. La primera, que toda la Administración esté unida" en

un sistema integrado, en el cual la base administrativa predomine sobre los cuerpos especiales. La

segunda, que exista Una cabeza central en la presidencia y en el Ministerio de Hacienda, y otra

igualmente clara en cada ministerio. La tercera, que todos acepten la servidumbre de la función pública,

que exige la inhibición en la lucha política.

SIN estas condiciones tendremos una democracia semántica, pero no real, Si hay instancias de poder real

que se sustituyan a las fuerzas políticas, si las elecciones se hacen desde el Gobierno y no el Gobierno

desde las elecciones, y

Manuel FRAGA IRIBARNE

(Continúa en pág. sígfe.)

LA DEMOCRACIA, HOY

(VietieJáe la pàg. anterior)

si la burocracia no es neutral, no hay democracia.

OTRO tema clave es el control de los medios de comunicación social. En la mayoría . de los países

indicados la prensa es libre, y los medios audiovisuales o lo a o n también (como en América) o están

neutralizados por uno u otro procedimiento válido. Cuando no es asi, la* partida es desigual y el resultado

no es democráticamente válido. Se puede afirmar que el encontrar "para las próximas elecciones, y

de modo más permanente para la vida politica normal del país, un equilibrio como el que, por ejemplo,

han logrado, sin duda, la BBC y la televisión independiente británicas, .es una de las piezas, básicas para

conseguir que la democracia arraigue en nuestro país.

LA democracia ateniense o la romana funcionaban en la plaza pública, en el agora o en el foro. Hoy sólo

puede funcionar en los grandes países ´modernos a través tde una opinión pública condicionada por los

citados medios de comunicación social, y por medio de asambleas representativas, a varios niveles (en mi

opinión, municipal-comarcal, provincial, regional y nacional), elegidas con arreglo a una legislación

electoral a la vez realista y justa.

SI la democracia se entendipra, una vez más, como el sistema en el cua] cada uno hace lo que le da la

gana, como una desorganización general del Estado, en la cual los problemas se resuelven en la calle;

como una negación de la ley, con presiones constantes de amnistía frente a la necesidad de castigar a los

autores de graves desmanes; como una liquidación de la Administración pública a través de su

politización y la aplicación del "sistema de loa despojos", volviendo a la vieja truhanería (¡e los colocados

y los cesan!AS; como una fuente de oportunismos electorales, en pa r t i d os múltiples y sin base,

podemos afirmar de antemano que por esos caminos el país pasará rápidamente a.una fase de anarquía

mansa; de ésta a otra, de anarquía violenta (ya visible en algunas partes del territorio), y de éata,

inevitablemente, a soluciones por vías de hecho. Estamos a tiempo de evitarlos, y a ello debemos

colaborar de buena fe todos los españoles.

Manuel FRAGA

IRIBARNE Madrid, mayo de 1977.

 

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