Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Ante la nueva amnistía     
 
 ABC.    04/10/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MARTES. 4 DE OCTUBRE DE 197 7.

APUNTE POLÍTICO

Ante la nueva amnistía

Por José María RUIZ GALLARDON

Como era de esperar, al objeto de obtener el placet necesario para que el Gobierno pueda alcanzar el

triunfo —suyo, no del país— en su intento de desentenderse del control parlamentario eficiente y

derivado de una racional regulación del voto de censura en el Congreso, el Gabinete Suárez accedió a que

se discuta en los próximos días, y por el mismo procedimiento de urgencia, una proposición de ley sobre

amnistía general suscrita por todos los partidos representados en las Cortes, excepción hecha de la Unión

de Centro Democrático y Alianza Popular.

Tema importante y grave. Tema en el que deben primar las consideraciones y motivos ideológicos sobre

las conveniencias particularísimas del chalaneo político. Quiero con lo anterior decir algo que vengo

repitiendo a lo largo de muchos artículos: gobernar no es ni debe ser concepto equivalente al de

permanecer en el Poder. Gobernar es buscar el bien común. Común a todos los ciudadanos y a la propia

comunidad política considerada en sí misma como un todo. Si una medida de Gobierno, si una

disposición aun con rango de ley, no beneficia a la comunidad nacional ni merece el nombre de ley ni es

verdadera acción de Gobierno. Roza el linde de lo arbitrario, cuando no de lo injusto.

Pues bien, el proyecto que en forma de proposición de ley ha presentado la izquierda, unida a estos

efectos, es sencillamente inadmisible. Porque parte de la búsqueda de unas finalidades que no son

precisamente las que proclama su preámbulo. O, dicho con mayor claridad: no pretende superar la

división —desgraciada división— surgida como consecuencia de la guerra civil entre vencedores y

vencidos. Lo que pretende es la reversión del resultado de aquella contienda: que los vencidos de

entonces sean los vencedores de hoy.

Y mucho me temo que, dada la especial manera de entender la función —y la carga— de gobernar de

que viene haciendo gala el señor presidente del Gobierno, va a conseguir esa izquierda un señalado

triunfo, porque el señor Suárez cederá ante las más importantes exigencias de quienes no han

olvidado ni la guerra civil ni su derrota. De quienes Quieren ahora, cuarenta y dos años más tarde, alzarse

con un triunfo y una victoria que entonces les negó el pueblo español dirigido por su Ejército.

Cuando los autores de la proposición de ley justifican ésta en su preámbulo diciendo que «la voluntad

popular ha expresado en las recientes elecciones generales del 15 de junio su inequívoca decisión de

restaurar la vía democrática y conducirse por sus cauces en una nueva etapa de paz y convivencia», dicen

verdad. Pero ya no es tanta la verdad que encierra el inciso siguiente del mismo preámbulo al condicionar

su texto absolutamente, la paz y la convivencia futura al «olvido y superación de todo agravio pretérito».

Para conseguir la restauración del sistema democrático no es lícito dejar impunes los asesinatos

reiterados, las mutilaciones físicas en personas inocentes, producidos, unos y otros, en una etapa en la que

«ya» se había amnistiado.

Ahí, en esos hechos nuevos y reiterados, no había primariamente una voluntad de convivencia

democrática. Había, y hay todavía —reciente está el asesinato del capitán Herguedas hace apenas una

semana—, voluntad de imponer por vías revolucionarias y violentas una férrea dictadura marxista y

separatista.

Y a eso, en cierto modo, pero de modo inequívoco, equivale la proposición de ley. Mañana

seguiremos con el tema. Hoy termino recordando a Sócrates y su doctrina de obediencia a la ley aunque

ésta fuera injusta. ¡Cuanto más si las sentencias fueron justas, las penas fueron luego amnistiadas y sin

embargo los hechos posteriores a la amnistía demuestran que determinadas organizaciones y sus más

destacados miembros no buscan ni piden un perdón generoso. Buscan y piden una victoria que haga de

sus actos delictivos timbres de honor y señales de victoria! Y eso, no.

J. M. R. G.

 

< Volver